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Todos contra el hambre


El candidato presidencial del Frente de Todos presentó esta semana el programa “Argentina contra el hambre”, al que definió como la “primera política de Estado del siglo XXI”. La idea es que el plan se extienda por lo menos veinte años.

La actual emergencia alimentaria no es otra cosa que la resultante de las malas políticas económicas y sociales instrumentadas en las últimas décadas, a pesar de la enorme tajada del presupuesto que se lleva la atención de los sectores más carenciados.

No es ninguna novedad el fracaso hasta aquí de las políticas asistencialistas. Si nos detenemos a analizar una de las más abarcadoras y promocionadas, la Asignación Universal por Hijo (AUH), vemos que mejora las condiciones de vida de los sectores más vulnerables y favorece, en algunos casos, la permanencia de los adolescentes en el sistema educativo, pero no alcanza para eliminar la pobreza o achicar la brecha de la desigualdad.

No es una afirmación antojadiza de La Mañana. A esa conclusión llegó la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), a partir de una investigación que realizó entre 2016 y 2017 y en la que participaron el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (Unicef) y las facultades de Ciencias Económicas de las universidades de Buenos Aires y de La Plata.

Estudios de este tipo son necesarios en el Estado, pues toda política pública requiere de una evaluación crítica periódica, que permita detectar sus fortalezas y sus debilidades. Como dicen los especialistas, “es un insumo indispensable para medir su impacto social y decidir tanto su continuidad como su reconfiguración”.

Siguiendo con la AUH, la investigación confirmó que tiene un impacto focalizado en los estratos más vulnerables de la población: las tres cuartas partes -o más- de los destinatarios pertenece a los dos quintiles de menores ingresos. En otros términos, el 60 por ciento de la población de ingresos más bajos capta la mayor parte de sus beneficios.

Esta característica le da fortaleza al programa, sin duda, ya que genera una mejora en el ingreso promedio de las franjas sociales más bajas. Sin embargo, como ha quedado demostrado con el aumento de la pobreza en la última década, y sobre todo con el agravamiento de la situación social en el último bienio, la AUH no es suficiente para que la mayoría de los beneficiarios superen su estado de precariedad.

Hace dos años, antes de las devaluaciones y el repunte inflacionario, la Asignación por Hijo apenas si alcanzaba para cubrir un cuarto de la canasta básica que define la línea de la pobreza. Hoy, ni eso. Por lo tanto es apenas una ayuda o un complemento económico que lejos está de equivaler a un salario.

Hay varios otros planes para atender las demandas sociales más urgentes, tanto a nivel nacional como en cada provincia. Pero ni la suma de todos ellos alcanza siquiera para disimular la pobreza existente en el país.

Solo resta esperar que la nueva empresa contra el hambre que emprenda el próximo gobierno reúna el consenso necesario y se base en no repetir los errores cometidos desde el PAN para acá.



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