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La madre de todas las batallas: la necesidad de reformar el Poder Judicial para salvar la democracia

Una columna de Mario Brignole


El Presidente acaba de presentar un proyecto para promover la reforma del poder judicial, en especial el fuero federal.

Más allá de que los medios afines al poder económico pondrán el grito en el cielo y ligarán esta iniciativa al cuco de siempre, CFK, la realidad mata el relato.

Todas, sin una excepción, las encuestas arrojan que el Poder Judicial es la institución que más rechazo genera en el ciudadano común.

Y con justas y sobradas razones.

Desde los golpes militares para aquí, la historia muestra como descaradamente el poder económico y la oligarquía han coaptado con figuras afines los estrados judiciales.

En el fuero civil, la estructura del sistema ha hecho lo imposible para alejar las posibilidades para que el hombre de a pie, defienda sus derechos patrimoniales y de familia. Por burocracia y costos, las entretelas del sistema permiten que estudios organizados como corporaciones manipulen los fallos en los casos donde se juegan intereses de las grandes familias del patriciado nacional.

En la esfera penal, la sensación del ciudadano es que sólo los pobres terminan encarcelados, existiendo siempre una puerta trasera para los poderosos y los carteles de la droga que tanto dinero invierten para zafar, que nadie en su sano juicio cree en el sistema. Agreguemos a ello la saturación de causas y la misma indolencia de muchos magistrados para agravar la ya grave situación.

En el fuero laboral, los empresarios han operado desde décadas para excluir la posibilidad de que los obreros obtengan satisfacción a sus reclamos, generándose adicionalmente una industria del juicio, con la complicidad de magistrados afines.

Recordemos cómo, públicamente, el expresidente Macri apretaba a los jueces laborales a pedido de sus amigos empresarios y gestionaba el juicio político de los rebeldes.

Pero si la corrupción y descrédito del sistema tiene un lugar modélico, ese es sin duda los 12 juzgados federales de Comodoro Py.

En esos espacios se define la gestión de cada Gobierno nacional. Y desde Menem con la famosa servilleta, cada gobierno ha pujado para colocar amigos en ese fuero, que se ha convertido en un antro de bandidos que de facto, detentan más poder que los propios presidentes.

No habrá democracia real hasta depurar en especial ese fuero federal.

Allí radica la matriz de corrupción del sistema.

Y fue allí donde Menem y su banda lograron impunidad hasta hoy; fue donde el Pro materializó el lawfare contra los Kirchner y donde Bonadío y esa vergüenza de fiscal que es Stornelli hacían negocios privados con personajes desopilantes como el espía D’Alessio que montaron una estructura de espionaje ilegal, cuyas escuchas delictivas, luego difundían Lanatta, Majul o los mercenarios que facturan al sistema, con una llamativa capacidad de convicción al punto de miles de Argentinos siguen esperando de buena fe que las topadoras desentierren en la Patagonia el tesoro oculto de CFK; y luego en base a esas editoriales personajes oscuros presentaban denuncias llevando como prueba los audios de tales programas y las notas de Clarín.

Y no es un problema sólo de Argentina, es una matriz continental.

Detrás de estas maniobras de cooptación del Poder Judicial hay una mano del norte lejano, porque maniobras similares han provocado la caída de Lula en Brasil y muchos gobiernos que no se subordinaban al poder globalizado de las multinacionales.

Gracias a esta Justicia colonizada para favorecer los intereses empresariales y políticos de las multinacionales y sus socios locales, se torna inviable un país justo y soberano.

Como soñar en combatir la evasión fiscal monstruosa de las exportadoras de cereales, incluido en caso Vicentin, donde un juez “amigo” acaba de darles la administración de la empresa a los mismos que la vaciaron, y fugaron el capital.

Qué juez se animaría a castigar con el peso de la ley a los que fugan las divisas (sólo 89 mil millones de dólares en los 4 años del PRO), si están en sus lugares gracias a ellos, y que no sirven a la Justicia sino al poder que los ubicó en esos lugares.

No alcanza con ir a votar, debemos asumir que con este sistema judicial corrupto la república no puede sostenerse, y los derechos del ciudadano ni están para nada garantizados.

Celebro que el Presidente cumpla sus promesas de campaña de promover esta reforma, y espero que la misma sea concretada por sectores sociales que representen los intereses de la nación y sus ciudadanos, evitando poner en manos de los mismos que han degenerado el sistema, la responsabilidad de su reforma.

Que llevará mucho tiempo y debate, y debe hacerse sin apuros ni retrocesos, pero que no se debe claudicar en la necesidad de cambiar algo que todos, aún la hoy oposición, sabemos que no da para más. Porque cambiar la matriz de corrupción no se logrará sin esfuerzos y trabajo duro.

A quienes les llevó décadas armar este sistema perverso que los beneficia y gracias al cual estafan al pueblo argentino con impunidad, no se quedarán de brazos cruzados.

Que al cabo, como todo camino por largo que resulte, empieza por un primer paso.

Y de eso se trata. Empecemos



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