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Construyendo igualdad


Hace casi dos años, la Argentina se sumó a la lista de países en los que se avanza sin titubeos hacia la igualdad real de derechos políticos. El paso se dio gracias a la aprobación de la Ley de Paridad de Género en las listas de representación política.

El lunes último, entretanto, se cumplieron 72 años de la Ley 13.010 de Sufragio Femenino -también conocida como Ley Evita-, que comenzó a regir en las elecciones presidenciales de 1951. Es decir que hasta mediados del siglo veinte, cosa que hoy parece increíble, las mujeres argentinas no tenían derecho a votar.

Hace ya varias generaciones que las mujeres de este país vienen luchando por sus derechos, y en ese largo derrotero entendieron que la única manera de construir igualdad es ejerciéndola desde todos los espacios.

Este enorme avance político y social se hace evidente en la actual conformación de los cuerpos legislativos, donde las mujeres vienen ganando terreno, pero no así en los otros dos poderes del Estado. La imagen de una Corte Suprema en un 80 por ciento masculina (cuatro ministros y una ministra) y de un Superior Tribunal provincial ocupado íntegramente por hombres, hablan de una Justicia que todavía no está a la altura; como tampoco lo están numerosas estructuras ejecutivas, ni el mapa de intendencias formoseñas, donde las mujeres son una excepción.

A esta falta de acceso de las mujeres a lugares de poder en el ámbito público se le suma el poco espacio que aún tienen en el sector privado. Ambas son barreras que impiden valorar las capacidades de las personas de manera independiente a su género.

A pesar de que, como se ve, aún queda mucho por recorrer, la Argentina y nuestra provincia están hoy un poco más cerca de un ideal de sociedad equitativa en materia de oportunidades. Desde que comenzó a crecer el número de mujeres en lugares de poder, la agenda política fue ampliando sus horizontes y adquiriendo una perspectiva de género que aporta a mejorar la calidad de vida de todos.

Cuando se habla de 50/50 en los cargos representativos, no se trata sólo de una cuestión numérica, sino de un cambio cualitativo en la manera de entender la participación de la mujer en la toma de decisiones y en la vida pública. La mencionada Ley de Paridad contempla dos aspectos: la cuestión de la conformación de las listas y la cuestión partidaria.

La primera es la más notoria, porque su impacto ya se está viendo en la mismísima conformación de los órganos que confeccionan las leyes que rigen la vida de todos los argentinos. Pero otro tema es la cuestión partidaria, cuya importancia no debe subestimarse, ya que es en los partidos donde se forman y crecen los futuros dirigentes, donde se involucra directamente al ciudadano en la vida política.

La visibilidad de la mujer en esta instancia es la base para garantizar la sustentabilidad a largo plazo de la paridad y el entendimiento de que el género no es de ninguna manera un condicionante para desarrollar capacidades.

Enhorabuena si desde el Estado y la política se avanza en dar el ejemplo a todos los demás niveles donde la participación de la mujer sigue siendo vedada por prejuicios o estereotipos.



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