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Informe especial

Formosa es el objetivo principal de las bandas narco que introducen droga al resto del país

Nuestra provincia se ha convertido en el paso obligado de toda la marihuana que viene de Paraguay e ingresa al país. En este informe se muestran las rutas del narcotráfico en Formosa, los pueblos y parajes usados como punto de ingreso y acopio de estupefacientes y el modus operandi que tienen estas organizaciones trasnacionales


Casi la totalidad de la marihuana que ingresa a la Argentina procede de la República de Paraguay, el principal productor de Sudamérica y el segundo a nivel mundial, y nuestra provincia juega en este entramado delictivo un papel preponderante ya tiene más de 700 kilómetros de su territorio limita con el país vecino. Por esto, en rigor de verdad, es la puerta de acceso y paso obligado de la droga (fundamentalmente cannabis) que es introducida a nuestro país por bandas narcos que operan dentro y fuera del territorio.

La porosidad de nuestra frontera, en parte seca y en parte fluvial, favorece el tráfico de drogas y convierte a los pueblos y parajes linderos con Paraguay en directos puntos de ingreso naturales muy bien aprovechados por estas bandas narcos para mover la droga desde Paraguay a Formosa y desde acá a provincias más pobladas del sur y a Chile, el puerto por excelencia desde donde salen los cargamentos que tienen como destino Europa, principalmente España.

“Hacemos lo que podemos con lo que tenemos”, reconoció a La Mañana una fuente de Gendarmería Nacional, refiriéndose a la extensa y frágil frontera que tiene Formosa con Paraguay, humanamente imposible de cubrir por su longitud y geografía.

Rutas y puntos claves

La provincia de Formosa, por su ubicación estratégica, vegetación y relieve, es la prueba más difícil que deben sortear estas redes mafiosas. “Cruzar el territorio de Formosa es el objetivo principal que tienen las bandas de narcotraficantes para llevar la droga a otros destinos dentro y fuera del país”, explicó la misma fuente.

Por sus características, nuestra provincia ofrece una gran cantidad de rutas y caminos alternativos que bajan de la zona norte en el límite con Paraguay hacia la zona sur, recorriendo todo el ancho del territorio para chocar con la provincia de Chaco en el sur y Salta en el oeste.

En gran medida el transporte de marihuana se realiza a través de camiones. Este medio es utilizado para llevar grandes cantidades de panes prensados ocultos entre la carga. Los procedimientos realizados en los últimos años han revelado que la droga ingresa a nuestra provincia en forma fraccionada a través de caminos alternativos y rutas no declaradas del interior, para luego ser acopiada en sitios preestablecidos y cargados en estos lugares a los camiones que luego salen de nuestro territorio con destino al sur del país, a la provincia de Mendoza, por su cercanía con Chile o bien por la zona oeste a la provincia de Salta y desde allí a Jujuy y finalmente a Paso de Jama e Iquique, en el país trasandino.

También se utiliza el trasporte público de pasajeros, esto es micros de larga distancia, aunque esta modalidad se emplea para pequeñas cantidades. Otra forma utilizada es el trasporte en vehículos de menor porte (automóviles y camionetas) que disimulan la droga en artefactos y elementos de todo tipo, como el caso de los compresores que secuestró la Policía hace muy pocos días.

Una investigación realizada por La Mañana reveló la existencia de por lo menos diez puntos de ingreso de estupefacientes a la provincia, los que están localizados en gran parte de su geografía, partiendo de la Zona Este donde la frontera fluvial con el país vecino está determinada por el río Paraguay (190 kilómetros) y la parte más extensa en la Zona Norte donde poco más de 500 kilómetros nos pone cara a cara con Paraguay, en parte divididos por el río Pilcomayo y algunos bañados y en parte por pasos de tierra que no figuran en ningún mapa.

En la parte Este las vías de ingreso por excelencia son Colonia Dalmacia, Mojón de Fierro, la ciudad de Formosa, Banco Payaguá y Colonia Cano. Todos estos lugares son permanentemente custodiados por fuerzas federales, que redoblan sus esfuerzos para neutralizar estas actividades ilícitas, con resultados dispares en muchas ocasiones.

Sin embargo, la zona de mayor complejidad y porosidad por su extensión es la franja norte que podría dividirse en dos partes: por un lado el noreste, y por otro lado el noroeste. En el primer caso la frontera seca con Paraguay favorece el movimiento de droga en puntos limítrofes de localidades tales como San Ramón, San Carlos, El Espinillo, San Martín Dos, General Belgrano, Misión Tacaaglé, Colonia Aborígen, Posta Cambio Zalazar y Fortín Leyes entre otros poblados de la zona. En este caso la Ruta 86, que hoy llega con asfalto hasta la localidad de Guadalcazar, juega un papel determinante, ya corre en paralelo a la larga frontera con Paraguay y, en algunos tramos, a una exigua distancia de diez kilómetros del límite internacional. Esta corta brecha es muy aprovechada por bandas narcos del país vecino que meten la droga por rutas y caminos alternativos que nacen en el límite y convergen en la ruta 86. Se trata, específicamente, de las rutas provinciales 3, 23, 28 y 95, aunque la preferencia en los últimos meses son los trazados no convencionales, como picadas y caminos que se abren paso entre la densa vegetación de la zona.

Idéntico panorama se repite en la zona noroeste, donde la droga llega a territorio provincial luego de cruzar en lanchas, botes o piraguas por el río Pilcomayo o los bañados existentes en el lugar. Sitios como Puerto Irigoyen, el Churcal, El Remanso, Los Chiriguanos, Pozo de Maza e Ingeniero Juárez son los preferidos en la agenda de las bandas narcos. Una vez en tierra firme, la droga es transportada en motos o vehículos livianos hasta los lugares de acopio y desde allí llevadas a puntos extraprovinciales por la ruta 81 cuando el destino es la provincia de Salta o bien hacia la zona sur cuando el objetivo es llegar hasta Chaco, atravesando el río Bermejo.

La finalidad de estas bandas narcos es aprovechar al máximo el terreno, reduciendo el riesgo y los costos. Por esa razón, el delito sufre una mutación constante en sus modalidades de tráfico, distribución para evitar ser detectados hasta llegar a los distintos puntos de venta y acceder, de esa manera, a lo único que importa: el rédito económico.

“Formosa es un territorio de paso obligado de toda la droga que ingresa desde Paraguay, así que podemos decir que es zona de tránsito, pero en los últimos años una parte de esa droga queda en la provincia para comercialización y consumo interno bajo la modalidad de narcomenudeo”, dijo a La Mañana el fiscal Federal Luis Benitez.

La capacidad operativa de las organizaciones se ve acrecentada por las ganancias que surgen de la actividad delictiva, notándose que las estructuras de estas organizaciones están configuradas por pequeños grupos que no exceden las diez o quince personas. Esto se vio en la reciente condena aplicada por la Justicia Federal a una banda trasnacional conformada por formoseños y paraguayos, familiares entre sí, que se dedicaban al transporte de estupefacientes a gran escala.

Por lo general estas bandas están conformadas por uno o dos líderes que además aportan el capital. Un segundo escalón se encarga de la logística (acopio, ocultamiento y traslado de la droga). El tercer escalón se ocupa del traslado o cruce fronterizo y tareas menores, donde las personas reclutadas son en su mayoría de bajos recursos desempeñando la función de “mulas” o paseros.

Más detenidos y más condenados

En declaraciones a La Mañana, el fiscal Federal Luis Benítez dijo que en los últimos tiempos se ha profundizado el trabajo contra el narcotráfico, no solo con el aumento de procedimientos, sino con el incremento de personas detenidas y de condenados. “Nos vimos favorecidos por los nuevos procedimientos, es decir las llamadas audiencias multipropósitos y soluciones alternativas que permiten mayor celeridad para arribar a una conclusión o sentencia del caso”, explicó el funcionario.

El fiscal sostuvo que se está trabajando más en paralelo con el incremento en el tráfico de drogas, y en tal sentido destacó como un hecho positivo el acercamiento y la tarea coordinada que se viene haciendo con las autoridades de Paraguay comprometidas con la lucha contra el narcotráfico.

A criterio de Benítez, en Formosa las fuerzas de federales y provinciales aumentaron la eficiencia en los procedimientos. “Se está secuestrando más droga, se está trabajando con más fuerza y creo que la producción de marihuana sigue siendo la misma en Paraguay”, acotó.

Dijo que no solo aumentó la presencia física de numerarios en los puntos de ingreso y en los pasos fronterizos, sino que se mejoró en la faz investigativa con la incorporación de medios técnicos que están permitiendo esclarecer estos hechos delictivos y llegar a conclusiones con mayor certeza. “Esto ha posibilitado desbaratar organizaciones delictivas trasnacionales dedicadas al tráfico y comercialización de estupefacientes”, aseveró.

Si bien dijo que la droga por excelencia que atraviesa por territorio formoseño es la marihuana, reveló que también se realizaron procedimientos de secuestro de cocaína y de anfetaminas, algo que antes no sucedía. “Lo fundamental para las bandas narcos es cruzar la provincia de Formosa porque después los controles son más diezmados, siendo el destino final la provincia de Mendoza para su posterior paso a Chile”, explicó el fiscal Federal.

Señaló que la casi totalidad de la droga que entra a Formosa y logra vulnerar los controles continúa rumbo a la provincia vecina de Chaco, y desde allí son transportadas por Santiago del Estero y otras regiones a la provincia de Mendoza.

El fiscal Benítez destacó el trabajo que llevan adelante Gendarmería y las otras fuerzas de seguridad y policiales en la lucha contra el narcotráfico, y sostuvo que el efectivo que trabaja en nuestro territorio tiene una formación especial en este tipo de tareas.

Las cifras del narcotráfico

Estadísticas nacionales señalan que el número de personas detenidas por drogas en distintos niveles subió en forma exponencial. Desde el 1º de enero de 2016 hasta fines del año pasado el número de implicados en infracciones a la ley 23.737 de estupefacientes creció el 145%. Ese crecimiento acompaña el mayor volumen de secuestro de sustancias ilegales, especialmente marihuana y cocaína, con períodos interanuales en los que se llegó incluso a duplicar la cantidad incautada.

En 2018 las fuerzas de seguridad federales capturaron a 31.820 personas por causas de drogas, muchas de ellas vinculadas con las redes de narcotráfico que operan en nuestro país tanto a nivel macro como relacionadas con el narcomenudeo, un fenómeno esencialmente urbano que tiene vasos comunicantes con otros delitos, como homicidios vinculados a ajustes de cuentas entre bandas y cruentas disputas por el control territorial para el desarrollo de la actividad ilegal, o robos cometidos por adictos que precisan de dinero fresco para comprar drogas

Un informe oficial revela que anualmente, en la Argentina, se consumen en promedio 13.341 kilos de cocaína y 184.991 kilos de marihuana. Solo por la venta ilegal de estos estupefacientes, las bandas mafiosas embolsan 1.080 millones de dólares, unos 21.000 millones de pesos. Estas cifras, brutales por dónde se las analice, sirven para comprender el porqué de la lucha que a sangre y fuego protagonizan las bandas en los barrios más postergados para instalar bunkers y kioscos de venta de drogas minorista o al "menudeo".

Según la Subsecretaría de Lucha contra el Narcotráfico, el consumidor de marihuana, gasta unos $ 7.200 anuales en marihuana. Los de cocaína, y siempre ponderando las cifras promedio, desembolsan unos $ 25.200 por año, dinero que termina lubricando los engranajes del poder narco.

Especialistas en esta materia coincidieron en señalar que el comercio de marihuana es mucho más "rentable" que el de la cocaína. El consumo de ese psicotrópico engorda los bolsillos narcos con $ 16.227 millones anuales promedio.

El cannabis tiene otra “ventaja” que la hace más rentable sobre el clorhidrato de cocaína. Su producción es menos costosa; no se requiere de refugios ocultos para producirla, ni traficar precursores químicos -cada vez más controlados-, y en su cadena de elaboración y distribución se emplea menos mano de obra.

Según los cálculos realizados por la Subsecretaría de Lucha contra el Narcotráfico, la comercialización ilegal de las dos principales drogas consumidas en nuestro país, mueven unos 1.108 millones de dólares.

Recién cuando se toma la dimensión de esta montaña de dinero, se comprende el real poder narco en la Argentina, y la razón por la cual estas bandas mafiosas, gran parte de ellas formadas por clanes familiares, se disputan el territorio sin importar los cadáveres que dejan atrás.

• NOTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA DE 21/07



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