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“PALABRERÍO 2019”

“Jaiem Víctor Zárate”


Por Washington

El poeta y ahora también narrador Víctor Zárate visitó la Biblioteca Popular “Santiago Renevot”, en el marco del ciclo “Palabrerío 2019”, donde intercambió con el público su mirada acerca de la literatura, compartió algunos de sus textos, se dio a conocer con algunos pasajes de su vida personal como integrante de la comunidad Qom de Clorinda y dio cuenta de sus inicios como narrador: “Empecé a crear cuentos hace meses, en el Taller de Miércoles de la Universidad, con el profesor Orlando Van Bredam, donde comencé a superar el desafío ese que yo tenía, durante tanto tiempo, de contar historias. Yo digo especialmente que Van Bredam es mi maestro, porque yo prácticamente crecí en el ámbito literario con él, cuando desde joven iba a los talleres literarios que él hacía”.

Zárate es estudiante del Profesorado en Letras de la UNaF, además de guionista de Radio y Televisión. Pero, según contó, su socialización no fue tarea fácil desde que era pequeño: “En un principio, me costó un poco la inserción en la sociedad, porque como hablante qom o toba -como se nos conoce-, no sabía hablar el castellano; recién lo aprendí a determinada edad, sumado a que era muy cerrado, muy tímido. Les tenía miedo a mis maestros, porque me costaba expresarme. Hasta que después, en mi formación primaria, fui superando todo eso de a poco. Con el tiempo, a los diez u once años, comencé a escribir, tenía un cuadernito de manera permanente. Era una especie de diario personal, donde anotaba todo lo que me pasaba, porque mi abuelo paterno me había dicho que debía escribir todas las cosas que sentía”, recordó.

Rememoró además su niñez como un capítulo de su vida que lo definiría como escritor, aun sin saberlo: “Mi infancia estuvo llena de esperanzas; yo quería ser policía o gendarme, como mi abuelo paterno. No quería ser escritor en realidad. Algunas cosas tuve que enfrentarlas, como la separación de mis padres. Y entonces me crió mi abuela materna. Y tuve una especie de vida fronteriza entre Clorinda y Paraguay, porque cruzábamos al Mercado Cuatro a vender sus productos artesanales. Con la lana ella hacía ponchos y demás abrigos. Y de esa manera mantenía visible nuestra cultura artesanal. También hacía canastos con totora y hojas de palmera. Entonces yo viajaba bastante. Y así recuerdo que conocí en barrio Namqom aquí en la capital. Mi abuela siempre me inculcó los estudios y lograr superarme en la vida, a pesar de las dificultades que teníamos. A nosotros nos enseñaron siempre que debemos compartir. Con ella fuimos inseparables. Me enseñó que sólo por ser pobres, uno no tiene impedido crecer o llegar a una meta”, retrató.

Todas esas experiencias que desde niño lo definieron, asegura, decantaron en su mirada del mundo y en su actividad literaria a la que hoy se dedica con asiduidad: “Mi primer libro fue publicado en el 2010 ó 2011; se llama ‘Reflejo del hombre’ y es una recopilación de poemas. Me inspiré más que nada en las situaciones que yo viví desde la infancia y mi formación de cuando era estudiante secundario. Y siempre quise escribir. Pero nunca le di el suficiente valor, porque escribía y tiraba mis escritos, porque me sacaba esa tristeza, esa soledad, esa falta de perdonar, de convivir, de aceptarme como integrante de pueblo originario. Y al escribir, me sentía bien, era como una especie de catarsis. Yo veía dos mundos distintos, porque uno era desde mi descendencia originaria y otro era la civilización occidental. Y eso me confundía. Me costó superar eso y la literatura me ayudó”, confesó.

En cuanto a su inserción en el mundo de la literatura, aún antes de publicar su primer libro, recordó Zárate: “El título de mi primer libro se me ocurrió después de que escribí mucho. Y a mí me suelen costar los títulos. Para un poema ya es difícil y para un libro más todavía. Entonces lo que pensé fue significar como la primera visión de toda mi vida en el ámbito poético. Y eso me hizo muy bien. Antes de eso, había participado en un encuentro de poetas en La Rioja, en 2008. Fui invitado junto al grupo ‘Alquímico’. Y en La Rioja valoraban textos que yo nunca había valorado realmente. Allí conocí gente de Catamarca, de Mendoza, también conocí escritores de mi etnia del Chaco. Y comencé a valorar lo que hacía; fue muy emocionante. Cuando somos un poco negativos, a veces no valoramos lo que hacemos. Yo lo que les puedo decir es que cuando sientan algo de curiosidad, duda o confusión, empiecen a escribir. Si hay algo que no nos animamos a decir, escribirlo es una buena manera de hacerlo saber también”, recomendó a sus oyentes con seguridad.

Si bien comenzó a incursionar en la narrativa, se define como poeta nato y resalta la relación catártica que mantiene con el lenguaje poético: “La poesía es subjetiva, es cómo yo percibo o veo el mundo. Y pongo en juego toda mi cosmovisión y mi historia, junto a la sociedad en la que nos movemos, la globalización, el mundo avanzado. Lo que yo trato de hacer es plasmar esa visión de mundo, ese universo que yo interpreto a través de la palabra. La inspiración a veces también está. Yo escribo cuando me siento bien y también cuando me siento mal, porque la poesía es algo emocional que me define”, finalizó.



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