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“Hablar de goce es poner en riesgo esta organización social llamada patriarcado”

26/08/2018 Entrevista a Marta Dillon

Hace unas semanas, en el marco del Encuentro Nacional de Psicología y Derechos Humanos que se realizó en Formosa, Cronopio se la cruzó a Marta Dillon, periodista, fundadora de Ni Una Menos, editora de Pagina 12, activista lesbiana feminista y militante de la agrupación HIJOS. Aprovechó para hablar de feminismo, de goce, y de lo que esto genera. Aquí, parte de la charla.


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El Feminismo es un movimiento social y político que alcanzó un fortalecimiento reconocible en este último tiempo, en la Argentina y en el mundo. Sin embargo, los conceptos en torno al feminismo se confunden y así, sus luchas son -mal relacionadas- con la locura y con el nazismo. ¿Puede el feminismo ser una mala palabra?

- El feminismo viene a revertir una situación, más que de desigualdad, de opresión. Opresión sobre las mujeres pero también sobre otras identidades como lesbianas travestis, trans y también sobre otras que son negadas. No menospreciemos el racismo, a los pueblos originarios. Es decir, hay todo un sistema de opresión que el patriarcado organiza generando jerarquías, donde algunas identidades tenemos menos derechos que los hombres blancos heterosexuales. En esa jerarquía, después vienen las mujeres blancas heterosexuales que son madres, que cumplen con los mandatos que implica ser mujer según esta organización social. El feminismo viene a decir ‘basta de opresión’. Las mujeres somos de muchas maneras distintas. Las mujeres gozamos y tenemos derecho al goce. Nuestras vidas no están hechas para el sacrificio y para la entrega a los demás, son elecciones, pero hay una desigualdad estructural. El feminismo viene a corregir o demandar que se corrijan esas desigualdades estructurales, que las tareas de cuidado y las tareas reproductivas que realizamos las mujeres no son naturales de las mujeres, son trabajos que deben ser reconocidos como tales y los hombres también deben estar implicados en esos trabajos. Las mujeres crecemos condicionadas a una serie de instrucciones sobre cómo debemos ser: prolijas, estar depiladas, flacas, saber cocinar y, últimamente, tenemos que saber cómo tener sexo. El feminismo no puede ser una mala palabra porque vienen a plantear libertades para todes, no solo para las mujeres porque cuando una mujer avanza no tienen por qué retroceder los varones, al contrario.

-El lenguaje es una de las principales herramientas para crear o deconstruir estructuras. ¿Cómo comunicar feminismo?

-Se puede hablar de todo. Una potencia que tiene muy grande el feminismo es poder narrarnos en nuestras experiencias de vida, narrarnos en primera persona, de lo que implica la belleza hegemónica, el mandato de ser madres, de que tenemos que estar en pareja sino, somos menos. La libertad en nuestras decisiones, sobre nuestros cuerpos. Todo puede ser narrado y eso te lleva directamente a pensar en la separación de las estructuras patriarcales y de los mandatos que oprimen a las mujeres. 

- Hasta el año pasado, la lucha feminista más fuerte era el pedido por Ni Una Menos, para terminar con la violencia machista que lleva a la muerte a miles de mujeres. Este año logró gran fuerza la legalización del aborto, también para terminar con la muerte de personas gestantes que abortan en la clandestinidad y en reclamo del derecho a decidir sobre los propios cuerpos. De esta se desprende otra cuestión: la separación de la Iglesia con el Estado. ¿Cuál es la relación del feminismo y la Iglesia?

-La Iglesia es una estructura tremendamente patriarcal, está formada porjerarquías de varones y sobre todo, lo exhibe cada vez más a través de los abusos sexuales, de la pedofilia, es un sistema de clandestinidad donde los varones toman las decisiones y tienen todos los derechos- algunos tomados clandestinamente-, y las mujeres están solamente para servir. Eso necesariamente hay que desarmar, y no tiene que ver con la espiritualidad; podemos creer en el Dios que cada uno quiera, o en ninguno. No se trata de una fe, se trata de una organización social. La Iglesia es una organización social, un centro de poder, tiene poder económico y los dogmas que imparte tienen que ver con conservar los privilegios de unos pocos. 

-¿Existe más conciencia en el género, sobre la condición de opresión?

-Sí, se vio en la explosión que hubo en relación al aborto, y cuando hablamos de aborto no hablamos solamente de la interrupción voluntaria del embarazo, el aborto viene a plantear a la sexualidad vivida sin la amenaza de un castigo, sin que la maternidad sea forzada. Si logró esa adhesión, es porque detrás de eso está nuestra libertad, y en nuestra libertad también está implicada nuestra sexualidad, nuestros goces, nuestros deseos, nuestra posibilidad de planificar la vida no según imposiciones, sino nuestras propias decisiones. 
 
-¿Por qué es tan chocante para ciertos sectores que se hable de “goce”?

-Reivindicar nuestros goces y acceder al placer y a la posibilidad de entender al placer, no como una cosa inútil ni como algo suntuario de clase media, sino con la posibilidad que tenemos de reconocer las potencialidades de nuestros cuerpos. Todas estas cosas son las que en definitiva, abonan al deseo de libertad. Hablar de goce es poner en riesgo esta organización social que se llama patriarcado y que otorga un lugar muy específico para las mujeres. Siempre hubo temor al goce de las mujeres.





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