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CONCIENTIZACIÓN

“Al día de hoy, el abuso sexual sigue siendo uno de los delitos más impunes”

El 19 de noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Prevención del Abuso Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes. Sebastián Cuattromo, referente de “Adultxs por los Derechos de la Infancia”, se refirió al nivel de casos que no llegan a juicio, y resaltó que el tema “está cada vez más presente en el debate social y en la agenda pública”



“Fui víctima de abuso sexual cuando tenía 13 años. Era un niño que cursaba el séptimo grado de la Escuela Primaria en un Colegio Marianista de la ciudad de Buenos Aires. Allí, fui víctima de abusos por parte de un docente y religioso de ese Colegio, llamado Fernando Picciochi, quien en ese contexto también abusó sexualmente de otros niños de mi misma edad, que fueron compañeros míos en aquel Colegio”, explica.

Esto ocurrió hace 30 años. Hoy tiene 44. En aquel momento, una de las injusticias más dolorosas que le tocó sufrir, a partir del hecho de ser víctima del delito de abuso sexual, fue que durante 10 años no pudo ponerlo en palabras. “Durante toda mi adolescencia y mi primera juventud, sobrellevé en silencio y en soledad esa herida y ese trauma, sintiéndome completamente desamparado ante el mundo, pese a que vivía en una casa con mamá, papá y hermanas, y en una familia donde también estaban presentes tías, tíos, abuelos y abuelas. También, pese a que en el Colegio estaba rodeado de adultos responsables por mi cuidado, como docentes, no docentes y religiosos”, agrega.

“Sin embargo, me sentía desprotegido, cargado de vergüenza y de culpa por lo que estaba sufriendo. También sentía que no tenía ámbitos ni contextos que me pudieran hacer sentir que podía expresar y compartir lo que me estaba pasando. Esto pasaba porque tanto en mi casa como en aquel Colegio, imperaban una cultura y modos de relación donde había muchos abusos de poder y violencias en las relaciones entre adultos, adultas, niños y niñas”, explica a este Diario.

Quien cuenta su historia es Sebastián Cuattromo, cofundador y presidente de la Asociación Civil “Adultxs por los Derechos de la Infancia”, que se dedica a crear conciencia acerca de la necesidad de identificar y denunciar los hechos de abuso sexual que sufren niños y niñas a lo largo de la Argentina. El 19 de noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Prevención del Delito de Abuso Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes.

En diálogo con La Mañana, Cuattromo reveló que el contexto en el cual sufrió abusos, lo influyó “de manera muy dolorosa” el tratamiento periodístico que tuvo en su momento el caso de Héctor Veira, el conocido director técnico de fútbol que cometió delito de abuso en perjuicio de un niño.

“Recuerdo el horror que significó para mí en aquel momento de mi vida ver y escuchar en los medios de comunicación de aquella época hablar de la víctima con nombre y apellido, y tratar el tema desde una perspectiva irresponsable y banalizadora. A su vez, era un chico muy futbolero y en ese momento iba a las canchas de la Ciudad de Buenos Aires, viviendo la pesadilla de que en las tribunas, miles de personas adultas cantaran canciones en las cuales se burlaban de la víctima de Veira”, contó.

“Esto habla de las responsabilidades que siempre tenemos como sociedad adulta con respecto al cuidado y a la suerte de la infancia, y con respecto a las responsabilidades que tienen los medios de comunicación a la hora de informar sobre este delito”, evaluó.

“Por suerte, a los 23 años, un día me sorprendí a mí mismo logrando ponerlo en palabras. Lo compartí por primera vez con un amigo, quien tuvo la excelente actitud de hacerme sentir de entrada que no ponía en duda mi palabra, y se emocionó conmigo. Me trasmitió que lo que estaba compartiendo era algo injusto, doloroso y grave”, indicó.

“En este camino público y colectivo que tenemos desde hace varios años, vemos que muchas veces, personas que fueron víctimas de abusos, cuando eligen a alguien para confiarle su dolor por primera vez, no han encontrado personas que les creyeran o que les demostraran empatía y solidaridad. En muchas ocasiones, esto genera que las víctimas luego vuelvan a replegarse sobre sí mismas”, consideró.

“Entonces, surgió en mí la convicción de que eso que me había pasado era un delito, por lo cual presenté una denuncia y se generó una causa por la cual tuve que luchar durante 12 años, hasta que en 2012 logré llegar a un juicio oral y público, que terminó con una condena de 12 años de cárcel para quien había sido mi abusador, por el delito de ‘Corrupción de menores calificada y reiterada’”, dijo Cuattromo.

“En ese contexto, cuando tenía 36 años, hice pública mi historia por primera vez, con el sueño y con el anhelo de que todo ese largo camino de dolor y de lucha no quedara solo para mí, y que pudiera trascender social y colectivamente, que pudiera servirles a los demás, para dar cuenta de esta injusticia”, apuntó.

Asimismo, aseguró que a ocho años de haber comenzado a brindar su historia a la comunidad a través de notas con distintos medios periodísticos, personas de diferentes lugares comenzaron a comunicarse con él, a través de las redes sociales, para compartir sus propias historias de victimización en la infancia, o sus historias en el presente, como adultos y adultas, luchando por tratar de defender a niños y niñas que son víctimas.

Sebastian Cuattromo

“Según nuestra mirada y nuestra práctica, suceden dos cosas. Por un lado, en clave positiva y esperanzadora, lo que vivimos todo el tiempo y por todo el país, es el gran avance de la visibilización pública. Este tema está cada vez más presente en el debate social y en la agenda pública. Esto permite que crezcan la conciencia crítica, la sensibilidad y el compromiso. Es una experiencia maravillosa que vivimos con tantas personas en la Argentina, incluyendo a tantos formoseños y formoseñas, desde hace años”, detalló.

Por otra parte, advirtió que el avance logrado “contrasta con enormes deudas que tiene el Estado como garante de los derechos de la infancia”, y denunció que en el Poder Judicial, en líneas generales y a nivel nacional, todavía predomina “una gran impunidad” frente al delito de abuso sexual.

“Hay especialistas que sostienen que al día de hoy, el abuso sexual sigue siendo el delito más impune de la Tierra. Se cree que menos del 10% de los abusos que suceden llegan al conocimiento del Poder Judicial. Dentro de ese acotado universo, sólo un abuso estaría terminando con una condena de su autor o autora; y ante este nivel de impunidad todavía generalizado en lo penal, en casos de abuso sexual intrafamiliar, muchas veces el Poder Judicial ordena revinculaciones de niños y niñas con sus adultos abusadores”, alertó.

Por último, Cuattromo remarcó que en todos los establecimientos educativos del país tiene que ser aplicada la ley de Educación Sexual Integral (ESI), para así garantizar que la infancia sea considerada sujeto de derechos en toda la Argentina.

“A 14 años de su sanción, la ESI todavía está lejos de ser una realidad en numerosos establecimientos. Los y las docentes deben estar capacitados en todo lo relacionado con abuso sexual. Hay menores que comunican que sufrieron abuso a través de sus conductas y de sus dibujos, o por medio de sus formas de relacionarse. Hay que aprender a escuchar y a ‘decodificar’ todo aquello que nos dicen los chicos y chicas sin usar palabras. De ese modo, cada niño o niña, en su Escuela, encontraría condiciones y contextos donde poder expresar sus sentimientos y sentir que pueden hablar sobre lo que les está pasando, con adultos y adultas confiables a los cuales recurrir”, manifestó.

En primera persona

“Mi abuelo abusaba de mí cuando volvía del jardín, entre los 4 y 5 años. Intenté expresar que no me gustaba jugar con él, pero nunca se imaginaron que no eran sólo juegos” - M, 20 años

***

“De día bailaba y soñaba en ser como Xuxa. Me sentía como lo que era, una niña de 11 años. De noche, el terror consumía mis sueños. La primera vez fue cuando estaba durmiendo. Mamá tenía nueva pareja y fuimos a su casa.

Desperté en medio de sensaciones extrañas, con una mano invasora y una imagen que hubiera deseado no ver nunca. Me asusté, me alejé, y él se fue.

Quise pedir ayuda, no sabía cómo explicarlo, no lo comprendía pero sentía que estaba mal. Iba a una escuela católica y las hermanas nos habían advertido que ‘esas cosas son pecado’.

Desde esa primera vez, empujaba muebles y buscaba todo a mi alcance para sostener esa puerta, cuyo picaporte todas las noches bajaba y subía, y amenazaba con ceder.

Cuando le conté a mamá, ella se enojó mucho… No sé si habló con él. Lo único que sé es que me culpó de su pareja perdida, me acusó de provocarlo, ‘de buscarlo’, decía… Yo sólo lloré.

Tenía 11 años, jamás había escuchado de esas cosas, no pensaba en novios ni nada parecido, yo sólo quería bailar y ser como Xuxa”. – M, 38 años

***

“Cuando era chica mi abuelo abusaba de mí. Aunque en ese momento no entendía qué pasaba, sabía que no me gustaba. Pensaba que si le decía que me daba asco jugar así, él se enojaría, me daba pena y culpa, entonces lo aguanté. Por años lo desestimé, casi me convencí de que todo fue un sueño. De adolescente, cuando lo enfrenté, me trató de loca. Luego de mucho insistir, dijo que era mi culpa, que ‘no me haga la santa’, que yo ‘lo provoqué’.

Por suerte, en mi familia casi todos me creyeron: mi mamá, mi papá y mis hermanos. Eso fue sanador. Menos mi abuela, que hasta hoy se pregunta si no me habré confundido, o que después de todo ‘¿qué tan grave es lo que hizo?’ y si ‘¿amerita romper una familia por eso?’.

Que quede claro: que alguien de tu círculo cercano no te crea es igual de doloroso, es la continuidad del abuso. ¿Querés ayudar a una persona a salir de esa oscuridad? Escuchala, creé lo que te dice y respetala”. - B, 29 años

* Estos testimonios fueron brindados de manera anonima a La Mañana por tres mujeres cuyos derechos fueron vulnerados de niñas



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