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Hola Argentina

Ella, inglesa; él, formoseño; y una historia de tango, pasión y generosidad

26/08/2018 Kim y David son bailarines de tango y se conocieron en Buenos Aires; viven juntos hace casi 11 años en Londres, donde enseñan tango, y hace años organizan un festival solidario que recauda fondos para enviarlos a fundaciones de la Argentina. Una historia de a dos que no olvida las raíces

Al compás del 2x4, en la intersección de dos de las calles más concurridas de Buenos Aires, David y Kim se conocieron: él, formoseño y bailarín; ella, una londinense que cruzó todo el océano para aprender a bailar. El tango, la clásica danza argentina y uno de los símbolos de nuestro país, ya había enlazado sus almas mucho antes de que él declare que esa joven lo dejó flechado en mitad de la calle y ella se enamorara de su sonrisa.

En diálogo con La Mañana, David Benítez y Kim Schwartz contaron su historia, que nació hace más de 11 años atrás de forma imprevista, como suelen generarse las mejores historias de amor, que muchas veces sólo leemos en cuentos o vemos en las películas. Pero ellos son de carne y hueso, así como palpable es el cariño que se tienen y que da sustento a la familia que juntos construyeron y que completan con sus dos hijas.

Desde hace más de una década viven en Londres (Inglaterra), son bailarines premiados a nivel mundial; y además de ser profesores de tango, hace unos años que organizan un evento tanguero y solidario en Londres para enviar fondos a fundaciones de Argentina.

“La historia inició con el tango en Buenos Aires. Kim ya bailaba; ella, siendo inglesa, empezó antes que yo. En Londres, la gente me pregunta: ‘¿Vos le enseñaste a Kim?’. Y les contesto: ‘No, no; ella empezó a bailar tango antes que yo’”, cuenta David, que estudió en la Academia de Teresita Donkin y el Centro Polivalente de Arte, y a quien siempre le gustó bailar. Con padres correntinos, que bailan chamamé, “el ritmo ya venía. Me di cuenta que bailar era mi pasión y lo que yo quería seguir”.

Se formó en ballet contemporáneo en el teatro San Martín y después comenzó a estudiar tango: “Conocí a Kim y el tango nos unió como pareja”. “El tango es pasión”, dicen. Y lo es, sin duda.

Esta historia de amor nació en la calle Riobamba y Corrientes, cuando David terminaba de bailar en una casa de tango y estaba con amigos cruzando la calle: “Nos encontramos. Ese amor a primera vista, flechazo”, dice; y ella lo completa (también al hablar): “Me di cuenta que tenía una sonrisa increíble, teníamos amigos en común y sabíamos que los dos bailábamos tango”.

La primera vez que bailaron, sorprendentemente, no fue en Buenos Aires, sino en Londres: “Bailamos con una compañía que tenía una temporada de teatro en Londres y fuimos y ahí lo hicimos. Dos años después decidimos volver a Londres”, relata Kim. “Me llevó y ahora me la traje a Formosa”, sostiene David sobre su visita.

En Londres, tienen una academia de tango y allí asisten “desde gente que nunca dio un paso hasta aquella que baila muy bien y desde hace años. A eso nos dedicamos. Cada vez más la gente conoce el tango argentino. Cuando yo crecí, no sabía nada del tango, quizás vi algo en la televisión y no me dio mucha impresión; después lo vi, a los 18 años, y me enamoré, con piel de gallina. Es algo muy difícil de poner en palabras porque fue más una sensación”, diferencia Kim y señala: “Me sentí muy identificada con el tango y no sabía por qué, me di cuenta que no era de mi país ni formaba parte de mi historia; pero algo de la música me atrapó profundamente. No fue suficiente para mí mirarlo y disfrutarlo. Quería hacerlo, bailar. Fui a Buenos Aires unos años después para profundizar mis estudios de tango, porque pensé que aquí era el mejor lugar para aprender”.

“Mis padres estaban preocupados pero quería experimentar otra parte del mundo, cómo vive la gente, aprender otro idioma. La fascinación de experimentar otra cultura. La que más conozco es la de Argentina, además de la propia. Me encanta y sigo fascinada con todo”, define.

Ambos consideran que en la actualidad hay mayor conocimiento del tango y que buscan “transmitir el tango más auténtico o más tradicional. Y también enseñar que hay toda una cultura alrededor. El tango en Londres es algo increíble para la gente. No sólo conocen el baile, conocen Argentina y sus tradiciones”.

Cuando a David se le pregunta qué le dio el tango, contesta que es difícil ponerlo en palabras: “El tango es un abrazo, una conexión. Me dio estar más conectado conmigo mismo y conocerme, encontrar a Kim y mis dos hijas. Mi familia y hacer lo que amo”.

David reconoce que bailar tango es difícil pero no imposible: “Se puede empezar de grande”. Sus alumnos tienen de 20 a 60 años y muchos se arrepienten de no haberlo hecho antes. “Hay que dar el primer paso, eso es lo importante. Lo importante no es sólo bailar, te enriquece la vida. Te la cambia. No es como se ve, es como se siente”, concluyen.


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