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BLANCA SALCEDO

La pira jamás encendida



* Por Héctor Washington

"Acumulo basura a mi costado para una pira / que me incinere junto a mis culpas / una pira que nunca encenderé". Acaso Blanca Salcedo no hubiera escrito jamás estos versos si no operara en ella el elemento ritual que vertebra y a la vez enciende toda su obra poética. Su reciente publicación da cuenta de esa ceremonia pagana que la mantiene siempre caminando descalza al borde de un acantilado. “Lujuria de silencio” (2022) parece haberse gestado de esa forma, sobre un despeñadero de sombra y soledades donde una mujer de hojas secas elige una vez más la caída libre que supone andar regando el mundo con palabras.

En vísperas de este 13 de junio, Cronopio eligió en esta ocasión celebrar su obra en el Día del/la Escritor/a, con una edición especial que recorra su extensa producción y reafirme su importancia cabal en las letras formoseñas y argentinas, desde su producción literaria, la gestión cultural y su rol como videasta formoseña.

Nos recibió amablemente en su casa y compartió una extensa charla con este Suplemento sobre su trabajo con la palabra, su actividad cultural a través de los años, su visión del mundo y sus numerosas publicaciones, que la muestran como una escritora versátil que se ha permitido abordar el cuento, la novela, la poesía y la dramaturgia, a pesar de -se excusa- no “venir del mundo de las letras”: “Yo tengo unos 14 libros de cuentos, 8 ó 9 de poesía, una novela, uno de dramaturgia… Creo que escribir dramaturgia fue por andar con Rodrigo Rojas tanto tiempo en el teatro. Empecé a escribir una obra (“Todas las Anas” -Edición bilingüe castellano/portugués- 2016) y al final la armé y fue publicada. En pandemia publiqué tres libros casi simultáneamente: ‘Micrón’ - Edición bilingüe, ‘Sinusoide’ -que es de cuentos- y ‘Lujuria de silencio’”. Respecto de esas obras, Salcedo detalla: “‘Micrón’ (2008) salió hace bastantes años. Lo edité en formato mínimo, al igual que ‘Yo, universo’ (2009), y es un libro que tuvo mucho éxito con la gente, un libro que salió cuando yo descubrí que podía escribir cosas breves. Me había puesto a escribir microdiálogos; entonces, del lado izquierdo tiene microdiálogos existencialistas y del lado derecho tiene microcuentos. Yo tenía la intención de pasarlo al inglés, porque cuando viajaba a otro lado, sobre todo a Europa o Asia, al ser textos breves, pensé que en inglés era más fácil de traducir, pero se demoró mucho su publicación. Esta edición bilingüe tiene un epílogo de Margarita Drago y el prólogo original es de Rodrigo Rojas, que es como una receta para leer el libro”.

Acerca del trabajo conceptual en torno a “Micrón”, explica: “Si mirás el dorso de ‘Micrón’, dice: ‘Texto es igual a infinito sobre cero’. Y hace referencia a los textos de la izquierda y la derecha. Son diálogos de corte existencialista y microcuentos. Pero ‘infinito sobre cero’ en matemáticas es una indeterminación. La indeterminación se resuelve derivando una vez, otra vez… hasta que llegás a un resultado. Podés derivar un montón de veces. Y ‘Aleph sub-cero’ es la notación de los números transfinitos, la notación matemática de los números infinitos”.

Consultada acerca de su última publicación, “Lujuria de silencio”, la escritora dio precisiones sobre su gestación, los tópicos que aborda y las colaboraciones en la edición, con prólogo de la poeta mexicana Lina Zerón y epílogo del escritor local Jorge Manuel Aponte:‘Lujuria del silencio’ es un libro de poemas; no es un poemario, porque un poemario toma un tema central y trabaja siempre sobre eso. Son poemas que tienen, por supuesto, una mano, la misma mano, pero no tienen una temática determinada. Yo suelo ser oscura con todo lo que escribo”, se define y amplia sobre estos textos: “Tienen que ver mucho con el encierro, la soledad, referencias a la virtualidad (no directas porque a mí no me gusta ser demasiado literal). Casi todos los textos fueron concebidos en esta última etapa, salvo alguno que otro que tenía en borrador”.

Uno de ellos es “Amores secos”, que destaca en todo el corpus sobre todo por su extensión y su disposición fragmentaria numerada en 25 pasajes, sobre los que Blanca describe: “Es un texto que yo estaba armando y lo iba depurando. El título es por el cardillo, que siempre de chica me impresionó por el nombre. Y cuando estaba en la mitad, me piden textos para publicar en Puerto Rico y yo lo envío. Resulta que terminó siendo un fanzine en Nicaragua y se distribuyó muchísimo por allá; se agotó en la noche en un festival de poesía. Después también fue traducido al chino y al inglés”, nos cuenta.

Respecto de los colaboradores que participaron en este libro de poesía, la autora los describe: “Lina es una gran poeta y muy reconocida. Es una mina muy generosa, una muy buena tipa que conocimos de casualidad. Y es fuente de consulta de numerosas poetas del mundo; tiene un oído para la poesía exquisito. La participación de Jorge en el epílogo se da porque yo creo que los escritores jóvenes tienen que tener espacio y que uno tiene que usar las voces que aprecia. A mí no me gustaría que me haga un prólogo o un epílogo alguien que no me cae simpático. Puede ser quien sea”.

Algo que caracteriza a Blanca Salcedo es su naturaleza de escritora prolífica y su versatilidad para adaptarse a los diferentes géneros a la hora de abordar sus textos. Sobre cómo gesta esos textos a nivel formal y su mecánica de producción, precisó sobre todo el trabajo permanente sobre el lenguaje, su revisión y reescritura: “A veces, de un texto que escribí me queda un verso, entonces lo guardo. Generalmente a la poesía yo la escribo en agendas cuando viajo o cuando estoy sola. Escribo a mano lo que me sale en ese momento. Normalmente voy organizando mis trabajos y les pongo el título de un libro. Ahora estoy armando uno que se llama ‘Michimí’ y mi intención primigenia era sacar todos los cuentos breves, como una antología personal. Pero como no puedo con mi genio, sigo escribiendo breve. Entonces es casi un libro y ya lo voy integrando al archivo. Cuando ya me colmata, si puedo, lo publico. No suelo participar en concursos porque te piden textos inéditos y yo nunca tengo nada inédito. Al final, en algún lado termina siendo publicado. Tengo muchos amigos en muchas partes que tienen espacios y publicaciones electrónicas. Y siempre termino publicando también ahí. Tenía una carpeta en la computadora que se llamaba ‘Pecados’. Y eran todos poemas que tiraba ahí cada vez que pasaba algo en limpio. Una vez la abrí y tenía un montón de cosas ahí. Algunos sobrevivieron”.

“Vos, para ser narrador, tenés que conocer tu tierra”, asegura convencida. Y profundiza en esa máxima desde su propia experiencia a la hora de contar historias: “En mi narrativa hablo de realidades, de lo que a la gente no le gusta hablar, cosas que la ponen incómoda porque es lo que pasó en su cuadra, en su barrio… eso cotidiano de lo que no se anima a poner en voz alta. Por eso creo mis textos están más reconocidos que antes, porque hay un poco más de apertura. Otra cosa que me pasa es que yo no sé escribir bajo consigna. Si se me dice que necesitan que escriba un texto para un día en particular, basta eso para que a mí no se me ocurra nada”, confiesa.

No sabemos exactamente dónde nació Blanca Salcedo; tampoco accedió a decírnoslo, pero se dice formoseña por elección: “Yo a todos les digo: ‘Yo soy formoseña porque elegí vivir acá, porque amo Formosa’. ‘Uno es -decía Atahualpa- de donde entierra el corazón’. Y yo enterré mi corazón acá. Uno de mis primeros libros, ‘Sol de cobre’, se llama así porque en todos los cuentos, uno de los personajes es el sol, nuestro paisaje, ese sol caliente y permanente que tiene que ver con la idiosincrasia de los personajes, porque yo amo Formosa. Cuando afuera me preguntan por Formosa, yo les cuento cómo es… que florece en el aire, que tiene muchos árboles con flores, en el mes que sea tenés un árbol de color distinto y el cielo está bordado de pájaros. Yo disfruto de estar hablando con una persona que no usa el aire acondicionado, porque a mí el calor me encanta… esas cosas que uno tiene con el lugar donde uno se siente identificado”.

“Yo no tengo edad. Edad tienen los libros y las antigüedades”, sentencia Blanca. Y brinda algunas pistas acerca de sus orígenes y un rápido recorrido por su árbol genealógico: “Yo tengo una bisabuela de origen mocoví. Mi familia está desde 1870 en el país, han fundado pueblos. Mi abuelo tenía obrajes en el Chaco. Era hijo de italiano; nació en Goya y no hablaba italiano pero sí guaraní de corrido. Mi padre era chaqueño, así que yo conozco el Chaco desde que era chica e iba a visitar a mis abuelos. El primer párroco de Goya fue mi tío bisabuelo”. Y resalta la importancia de reivindicar los orígenes, nuestros mayores, la tierra a la que uno pertenece: “Nosotros somos una mixtura como Latinoamérica. Yo creo que hay que defender la etnia latinoamericana, porque somos una etnia nueva y el día que nos concienticemos y nos unamos, vamos a hacer mierda todo el imperio para arriba. Porque somos los que tenemos genes comunes. Pero están cada vez dividiendo más la cosa. A mí esto me conflictúa mucho, porque todo está cada vez peor, más sectario”, analiza.

Desde los nacientes años noventa, la actividad cultural de Blanca Salcedo la ha llevado por numerosos puntos del país y del mundo, por lo que ha recogido importantes distinciones y reconocimientos. Desde “Breviario” (cuentos - 1994), su primer libro publicado, hasta “Lujuria de silencio” (poesía - 2022), hay un recorrido sumamente rico por la obra de esta escritora, que también cuenta con trabajos inéditos, como “Perfil F” (cuentos), “Michimí” (microcuentos), “Asintagma” (poesía), “Tales in orphanhood” (cuentos en inglés-castellano), “Emilia” (literatura infantil) y “Camino neural” (prosa poética). Respecto de su primer trabajo editado, rememora: “‘Breviario’ fue mi primer libro publicado. Lo hicimos en una computadora a pedal en el ’94, desde la mañana hasta la noche, porque era la época en que vos tenías que acomodar la página, una con la otra, y hacer los monos en la computadora”.

Por aquellos años, también el trabajo de difusión en el espectro local era una tarea más compleja y ardua. Es en ese tiempo que decide gestar con un amigo el proyecto “Cuadernos Literarios”, un emprendimiento que buscaba sobre todo la difusión de autores locales que no tenían posibilidad de costearse una publicación editorial. Blanca rememora: “Acá teníamos un amigo que estaba queriendo poner una imprenta y trabajamos juntos el proyecto. Yo siempre decía que a mí me dolía ir a los encuentros y ver gente que andaba repartiendo fotocopias. Entonces, eran 24 páginas de una edición de autor. Cada uno tenía su nombre y el título. Todos tenían la misma tapa, pero cada uno tenía su publicación material, que además te servía para inscribirte a la SADE, porque era uno de sus requisitos. El objetivo era darle un elemento para que se vendieran los libros, porque los escritores no tenían que pagar nada. Habíamos hecho un pacto: yo les pagaba la mano de obra a los muchachos y después prorrateábamos -a medida que se iba vendiendo el libro- el costo de los materiales. Habíamos hecho como 10.000 tapas en reserva, todas iguales, que tenían una franja amarilla y ahí le ponían el nombre de la obra y del autor. Ahí estuvieron autores como Luis Tula, Blanca Sosa, Aldo Cristanchi… La consigna era una sola: honrar al escritor. Una de las satisfacciones que tengo de este proyecto es que la primera publicación de Rodrigo Rojas está ahí”, recuerda acerca de la obra del escritor y actor formoseño, con quien además supo cultivar una fuerte amistad que pervive a través de los años.

Aventurando un análisis sobre la actualidad en el medio, sostiene respecto de la difusión de los autores: “Hay muchos escritores que no tienen medios para instalarse en los círculos, pero son excelentes. Yo encontré varios escritores, ‘las voces silentes’, como les digo. Y no están en el ruedo. Hay gente que no tiene posibilidades, que son maestros rurales o están en el interior. Me parece también que en las ferias oficiales deberían armar mesas de escritores del interior, resaltando cada una de las localidades”, propone.

Esta tarea de difundir a diversos escritores, Blanca la continúa aún hasta hoy en la virtualidad, con invitaciones a través de diferentes grupos de WhatsApp, meets de lectura y espacios virtuales desde donde los escritores pueden darse a conocer a cualquier parte del mundo: “En un tiempo, a principios del 2000, también tenía una lista de correos, porque me puse como objetivo difundir y romper el silencio que beneficiaba a unos pocos, con concursos y eventos. Entonces me iba a los encuentros, y pasaba una hoja y les solicitaba el correo electrónico a los escritores. Llegué a tener 500 ‘y pico’ de contactos. Lo que me llegaba lo difundía. Después empecé a hacer lo que se llamó ‘noticultura.net’, donde copiaba los concursos, los eventos, lo que había… para difundir”, recuerda.

“Decía Juan Gelman que si vos un día vas a un boliche, donde van los obreros después de que salen del trabajo, y te ponés a leer poesía… y conseguís que se calle aunque sea un grupo y te escuche, sos poeta. Vos tenés que ponerle toda la fibra para conseguir que un tipo que sale de laburar, que no es ‘del palo’ ni mucho menos, se calle y te escuche. Porque vale lo que vos leés. De nada vale que vos le cuentes la génesis del texto, lo que vale es el texto. Porque todo tiene que ver con el trabajo literario, tu trabajo literario”, sentencia convencida. Y se define: “Yo no soy ‘vedettonga’. Vos me invitás a leer en el esterito debajo de un árbol y -salvo que yo tenga otro compromiso- yo voy y leo, no tengo problema. A mí no me deslumbran los faroles. Tampoco soy de las que salen en los medios a hacer escándalo, no me interesa la prensa fácil o eso de ir a algún lado y publicarlo. Durante la pandemia participé de la presentación del libro de la hija de la famosa Minerva Mirabal en Dominicana. El teatro estaba lleno. Pero no publico esas cosas, porque son cosas mías. En su momento salí en el diario parada al lado de Ernesto Cardenal, pero nunca lo hice público”, sostiene. Y dispara: “Muchas veces hay personas que están peleando todo el tiempo por un pedacito de cielo. Pero lo peor no es que peleen -porque me parece fantástico que uno quiera ocupar su lugar- sino que pisen a otro. Eso es lo que a mí me molesta, porque no tenés por qué empujarlo para que el otro retroceda. Si vos creés que podés escribir, ponete al frente”, sentencia.

Gran parte de la obra de Blanca Salcedo se ha construido de retazos de vivencias y experiencias que ha ido recogiendo a través de los años, pero también de un universo intimista inabarcable que a veces suele asomar con una imagen poética u otro recurso retórico que suele bordear el tremendismo en sus versos: “A mí me gusta la soledad, me siento cómoda en la soledad. Si bien soy un bicho social, porque me encanta charlar y socializar, yo conmigo misma me siento cómoda. Primero era muy tímida de chica -y en algunas cosas aún lo soy-, era muy introvertida. Entonces conmigo ya me amigué hace mucho tiempo. Estoy bien cuando estoy sola y no escribo desde la amargura. Escribo normalmente desde un puesto de soledad, pero también siento que además en la narrativa hay cosas que me conmueven y escribo sobre personas que están en situaciones límites. Y creo que no estoy en situaciones límites”, aclara y grafica con una anécdota al respecto: “Tengo un texto que se llama ‘Antesala’, que habla de la quimioterapia, y me preguntaron varios si tuve un episodio así. Por suerte, no. Pero eso no quiere decir que yo no pueda imaginar. Pareciera que la imaginación es privativa de los varones. Asimov pudo escribir ‘Fundación’ pero vos no podés, ¿viste? Creo que a la única que le perdonaron que fuera mujer fue a Ursula Le Guin, que escribió ‘La mano izquierda de la oscuridad’, una obra fantástica. Pero convengamos en que las mujeres es como si no tuviéramos imaginación. Mary Shelley, por ejemplo, pobrecita, está defenestrada”.

Aun así, Blanca Salcedo asegura no “enlistarse en las filas del feminismo”, porque “me cuesta demasiado trabajo ser mujer”, aclara. “A mí no me define una letra, yo sé quién soy”, sentencia. “Y no estoy de acuerdo con los rótulos de ‘literatura femenina’ y ‘literatura masculina’. Para mí, hay una literatura buena o mala. No importa quién la escribió, porque lo demás es clasificar y dividir. Muchas veces así se llega a los extremos. Y a mí los extremos no me gustan. Las posturas extremas solamente llevan al desastre”, explica.

“Juro ante mí / con espejos de testigo / que reiniciaré el universo / y lo moldearé a mi manera”. Los versos finales de “Lujuria de silencio” anticipan la voluntad de una poeta resuelta a emprender lo imposible desde la palabra, dispuesta siempre a despeñarse, con decisión, con absoluta dignidad desde su rincón más solitario, sin desbordes, si desesperación. Los versos de Blanca Salcedo son también la prueba de su misión primigenia: acumular desechos, palabras, culpas, disponer el propio cuerpo presto a los rituales, a la hoguera, a esa pira jamás encendida por sus manos.


LIBROS PUBLICADOS

1994 – “Breviario” (cuentos)
1995 – “Proyecciones peligrosas” (cuentos fantásticos)
1996 – “Azul profundo” (cuentos)
1997 – “Sol de cobre” (cuentos)
1999 – “Cuentos con bronca” (cuentos)
1999 – “Por la tierra” (cuentos)
2001 – “Cuñá” (cuentos) - Plaqueta
2004 – “Lunas heridas” (poesía)
2006 – “En picada” (cuentos)
2008 – “Micrón” (cuentos)
2009 – “Yo, universo” (poesía)
2009 – “Oquedades” (poesía)
2012 – “Entretejido” (poesía)
2012 – “Hasta acá” (cuentos)
2013 – “Hasta acá” (2da. ed.)
2014 – “Entretejido” (2da ed.)
2016 – “Todas las Anas” (teatro) Edición bilingüe castellano/portugués
2017 – “Cuentos en orfandad” (cuentos)
2018 – “Amores secos” (poesía)
2018 – “Paralelas” / “Paralle” (poesía) Edición bilingüe castellano/inglés
2018 – “Selva oscura” / “Selva fermosa” (cuentos / poesía)
2019 – “Sin ángeles” (novela)
2021 – “Sinusoide” (cuentos)
2021 – “Micrón” (microcuentos) Edición bilingüe castellano/inglés
2022 – “Lujuria de silencio” (poesía)

DESFRONTERIZAR LA LITERATURA

Colaboracón: Jorge Manuel Aponte

No es que la escritora Blanca Salcedo desconozca las fronteras de la literatura, es que las reconoce fácilmente y las altera con literatura para después abandonarlas y caminar tierra adentro (o afuera). Tal vez por eso, esas fronteras ya no se cierran como límites del movimiento, sino que se abren y se transforman en amplios espacios para imaginar, crear y compartir. Esa actitud artística de audacia no es algo reciente en Blanca, lo viene haciendo desde hace años en cualquier parte y rumbo. Como cuando salió al mundo por Paraguay invitada por Roa Bastos, gambeteando el puerto de Buenos Aires, que es de donde (casi religiosamente) parten los argentinos que se proyectan internacionalmente. O esa vez en un hotel de Uruguay, cuando sus compañeros tomaron a escondidas su agenda personal con poemas guardados y armaron un libro con ellos; y ella, redoblando la apuesta, lo publicó. O aquella vez en Mongolia, celebrando y hallándose con tanta naturalidad junto a un grupo de gente de ese pueblo que no la había visto ni oído antes y que sin necesidad de un idioma común disfrutaba de la musicalidad de su poesía. Es obvio que posteriormente su trabajo fue traducido a esa lengua y a otras en otras latitudes. En esos casos y en muchos otros (que sus amigos y amigas cuentan hasta altas horas de la madrugada), Blanca ejerce la literatura para internacionalizar la amistad literaria de manera presencial. Pero también lo hizo desde plataformas virtuales durante toda la pandemia COVID, transmitiendo en vivo desde su casa en el Emilio Tomás de Formosa. En un solo día podía leer online sus cuentos y poemas en recitales de São Paulo, Ciudad de México, Vancouver, Colombia, New York, Madrid, Asunción o Resistencia.

Pero además de las fronteras geográficas que desarma, Blanca complica y combina las fronteras químicas de la literatura con sus apuestas narrativas y poéticas abordando la vida extraordinaria de la gente común. De todos los paisajes que fascinan e interpelan a Salcedo, el paisaje humano es, sin dudas, capital en su obra. La interpretación de la realidad desde la mirada y el quehacer estético Salcediano es singularmente interesante, no sólo por la propuesta de un recorrido alternativo a los circuitos pintorescos, coloridos y suaves del turismo literario tradicional, sino también por la exploración de parajes fuertes y agrestes, en ocasiones excluidos de ciertos mapas de la literatura convencional. Es muy probable que ese tratamiento artístico de los bordes humanos requiera un lenguaje distintivo que los pueda nombrar, como efectivamente ocurre en la literatura de Blanca Salcedo. La muerte, la discordia, los malentendidos, la violencia, la brutalidad, la amargura y el dolor, dentro y fuera de nuestro propio cuero desde que el mundo es mundo, encuentran su tono de voz en las letras de la escritora.

Dentro de los ejes predilectos de su cuentística se encuentra la Mujer: su complejidad, sus arquetipos, sus variaciones regionales y subjetivas encuentran su lugar en una escritura original y -digámoslo ya- valiente. Se ha dicho más de una vez que quien se asoma a su obra (cerca de una veintena de títulos publicados) tarde o temprano termina manchado de sangre. La bodega temática de Blanca se amplía y se actualiza por arte de escucha, tiene un sinfín de argumentos que va recogiendo en el camino, en los bancos de las plazas, en los colectivos, en las filas de los cajeros, en los aviones, en las conversaciones de quienes se acercan a contarle sus historias porque es narradora, aunque curiosamente, también es narradora porque la gente se acerca a contarle historias, como ella misma lo dice en broma.

Su humanidad asombrosa y cautivante aún cree en el azar y la suerte. Lectora voraz y a contramano de cualquier disposición aduanera, el único humo que sube cerca de Blanca es el de su cigarrillo cuando lo enciende y se sienta a conversar amorosamente con cualquiera. Imaginativa, sensible, empática y generosa, olvidando las coordenadas del prejuicio, se embarca con quien se anime en la aventura de leer y escribir. Como figura importante, que su historia textual confirma, no anda mostrando chapa, ni premios, no antepone currículums o cuenta costillas para sentarse a leer o conversar donde la inviten. Rodrigo Rojas decía: “Blanca siempre marca una diferencia que sólo después comprendemos, una artista que en cualquier descampado hace guardia y siembra cultura”. Ciudadana ilustre del universo real, Blanca Salcedo desfronteriza la literatura para integrarla en un todo, ese gran territorio que somos y en el que estamos.

"LUJURIA DE SILENCIO": ENCENDER LAS SOMBRAS

Un espacio vital no tiene por qué ser luminoso. La oscuridad impetuosa de este libro es testimonio de ello. Su arquitectura viva se nutre de un silencio rico y abundante, su movimiento poético es atrevido y desobediente, su agilidad descree de fórmulas y tradiciones y se proyecta libre sin la necesidad de líneas rectas.

En “Lujuria de silencio”, las partes y el todo parecen haber despertado al mismo tiempo y, sin distinguir quién es quién, se encuentran en una misma escena: el presente.

La poética de Blanca Salcedo es una apuesta total de cuerpo y símbolos que recrea el ecosistema de lo humano, aquel que se repite, se renueva y continúa inacabándose desde hace siglos. Como toda materia viva, el lenguaje fundamental de este libro nace estridente pero crece silencioso, hasta que sorpresivamente, nos deja expuestos en el entorno de la complejidad de la que estamos hechos, la que nos hace sufrir, pero gracias a la cual también es posible nuestro gozo. Tal vez sea verdad que no podamos leer sin alterar lo leído; sin embargo, no sólo leemos este poemario; somos leídos y alterados por sus versos. Sólo hay que seguir las señales para saber perderse y encontrarse en los paisajes y sentidos de este libro. Cuando la autora atenúa las luces que encandilan lo cotidiano, llegan unas presencias extraordinarias y un nuevo mapa crece fértil sin fronteras. Los horizontes visuales y sonoros de sus imágenes se expanden hacia cualquier dirección en cada texto y evolucionan como hechos estéticos integrados.

Para descubrir el cambio hay que moverse y cambiar; “Lujuria de silencio” es indudablemente una bella parábola del movimiento y del cambio que tensa y amplía nuestra experiencia de intuición.

Los episodios poéticos transcurren en las penumbras, nosotros somos los actores, nuestras historias son la escenografía, la subjetividad produce y, ya sabemos, la fotografía es de Blanca, que además dirige y nos acompaña. Dirige con valentía, con inteligencia, con audacia, con una excepcional sensibilidad artística. Por eso hay novedad en este volumen de poemas, porque no tiene miedo de abrirle las puertas al miedo, a la violencia, a la confusión, a la soledad, al dolor, al tedio, a la angustia, a las heridas, al deseo.

Con una enorme voluntad literaria, Blanca nos ofrece este espacio bello de oscuridades donde construye un presente que germina, crece y fructifica nuestra comprensión humana por vía poética.

Jorge Manuel Aponte - Epílogo de “Lujuria de silencio” (2022)



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