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ROBO DE MOTOS

Peligro al acecho: motochorros actúan a toda hora ante un delito que no da respiro a los vecinos


Dos ocupantes, una moto y una modalidad que no decrece. Los delincuentes motorizados no dan respiro a los vecinos del centro y barrios adyacentes.

Actúan ante el menor descuido de sus víctimas a cualquier hora del día. La Policía está al tanto de esta situación por la cantidad de denuncias de robo de motos que se replican todos los días en las comisarías de nuestra ciudad, y es por este motivo que hay operativos a toda hora con el objetivo de recuperar estos bienes.

Sin embargo, el delito sigue en ascenso y el panorama es bastante desalentador, ya que lo que en primera instancia aparece como el accionar aislado de malvivientes de poca monta que ven la oportunidad para asestar el golpe, son en realidad parte de un engranaje mucho más complejo donde intervienen otros actores: talleres mecánicos, desarmaderos, paseros y revendedores de piezas y accesorios en un mercado ilegal donde la demanda es incesante.

Los robos están a la orden del día y suceden a toda hora, pero fundamentalmente durante la mañana y la siesta. Diversas víctimas que conversaron con La Mañana coincidieron a la hora de describir el modus operandi de estos delincuentes: llegan con total normalidad para no despertar sospechas, se acercan a motos estacionadas simulando ser sus dueños, incluso algunos suben y permanecen sentados varios segundos a modo de prueba, y finalmente las hacen arrancar con dispositivos caseros, para luego darse a la fuga.

María, una vecina del centro, contó a este Diario que días atrás salió de una casa en esquina de Brandsen y Padre Patiño para dirigirse hasta su moto que había dejado por pocos segundos estacionada en la vereda, y al hacerlo observó que un muchacho estaba manipulando el rodado con claras intenciones de robo. “Le pregunté qué estaba haciendo con mi moto y el desconocido se bajó y fue caminando por la vereda con absoluta parsimonia. A pocos metros lo esperaba su cómplice en otra moto, y ambos escaparon con rumbo desconocido”, recordó la mujer.

Otro caso parecido ocurrió en avenida 9 de Julio y Paraguay, en la vereda de un local comercial del lugar. Allí también estaba estacionada una moto propiedad de una pareja que reside en el lugar. Dos motochorros se acercaron y cuando estaban a punto de consumar el delito, fueron descubiertos, por lo que decidieron escapar con las manos vacías. “Después nos enteramos que también le quisieron robar la moto a una chica que estaba en la puerta de casa a muy pocas cuadras de acá”, dijo el hombre que por segundos no sufrió la pérdida de su único medio de movilidad.

Otra vecina del barrio Don Bosco relató a este Matutino que en el mes de octubre ocurrieron varios robos de motos en esa zona de la ciudad. “A veces, la gente ya no quiere denunciar estos hechos a la Policía, porque la gran mayoría no se descubre”, sentenció, indicando que vemos a diario que algunas son recuperadas pero, en su gran mayoría, es porque son abandonadas en la calle o en baldíos por los ladrones.

Las motos de 110 cilindradas son las más deseadas por estos delincuentes, sobre todo las de la marca Honda, modelo Wave. Esto se debe a que son muy requeridas en el “mercado negro” y codiciadas en Alberdi, sin contar que sus repuestos y accesorios son los preferidos por “motoqueros” y reducidores.

Los robos de motos en Formosa constituyen el delito por excelencia que nunca dejó de crecer. Se remontan a décadas pasadas y tuvo su punto de partida cuando el auge de las motos comenzó a ser furor en Formosa y el acceso a estos rodados se masificó. “La cantidad de motos que hay en Formosa va de la mano con los robos. Esto resulta hasta lógico y natural que ocurra”, opinó un comerciante del centro de la ciudad.

Bandas

Detrás de este delito crecen grupos muy bien organizados con engranajes perfectamente aceitados para tornar ineficaz cualquier investigación o búsqueda de la Policía. “Cómo es posible que roben una moto en el barrio Incone y en diez minutos esa misma moto esté en la zona ribereña conocida como ‘El Mangal’, lista para ser cruzada a Alberdi en una canoa a motor”, agregó una mujer que sufrió el robo de su moto hace seis meses y nunca tuvo una sola pista de los ladrones ni información alguna de la Policía sobre el destino de dicho patrimonio. “Cuando me robaron llevaba pagadas dos cuotas y todavía me faltaban 22. No se imaginan la bronca que me agarraba todos los meses cuando tenía que abonar por algo que ya no lo tenía en mi poder”, enfatizó.

Fuentes consultadas por este Diario dijeron que el destino que les dan a las motos robadas son diversos: pueden ser vendidas enteras en la ciudad de Alberdi, previo paso por el río Paraguay, o bien desarmadas y sus piezas vendidas por partes a talleres mecánicos o particulares. “Estos robos son siempre por pedidos, ya nadie roba una moto al azar, hay una demanda creciente y un mercado consumidor de motos robadas cada vez más vigente que hace que este delito siga en ascenso”, afirmó un policía retirado, conocedor de esta materia.

Para la mayoría de los damnificados consultados por este Diario, este flagelo subsiste porque no hay una decisión institucional más firme para poner fin, o al menos reducir este tipo de hechos. “Hay que cortar los eslabones de la cadena de comercialización y entonces los resultados se verán en muy poco tiempo”, opinó otra víctima, al arriesgar una posible vía de solución al problema.



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