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Ley Gases: victoria pírrica y entrega de la soberanía

* Por Héctor Washington



revistacrisis.com



"Otra victoria como ésta y estamos perdidos", habría evaluado Pirro, rey de Epiro, cuando, a pesar de su triunfo en Heraclea y Áusculo contra los romanos -en el 280 y 279 a.C. respectivamente-, las bajas en sus filas eran tantas, que su enorme ejército se vio resentido por la pérdida de numerosos caballos, elefantes, soldados de infantería, arqueros, honderos, amigos y sus más fieles oficiales de guerra.

Su carácter decidido en la batalla, su ímpetu para la conquista y el afán de edificar un imperio semejante al de Alejandro Magno lo habían llevado a marcar a fuego la historia pero también a acuñar hasta nuestros días la tristemente célebre expresión “victoria pírrica” a la hora de referirnos a un triunfo no demasiado convincente que se consigue a costa de haber cedido demasiado al sacrificio y la pérdida y cuyo provecho se desdibuja en la nebulosa de tener que reponerse a los duros reveses de la batalla.

Pirro murió en el 272 a.C. en un combate en Argos, cuando una mujer lanzó una teja desde su azotea y lo dejó inconsciente, por lo que cayó de su caballo y pereció decapitado en manos de un soldado enemigo.

Nunca es buen augurio un Congreso vallado. Si la aprobación de una ley exige tanto despliegue de las fuerzas de seguridad y un escenario militarizado obscenamente, qué duda cabe que lo que se debate allí dentro es una estafa para el pueblo.

La fotografía más cruda y desoladora la vimos en la semana: violencia estatal desmedida, detenciones arbitrarias, palos, gas pimienta, balas de goma y camiones hidrantes, en una represión cuyos agentes del (des)orden no escatimaron a la hora de repartir arrogancia y falta de empatía hasta para con los jubilados. Todo vale, es evidente, a la hora de criminalizar la protesta social, a tal punto de calificar livianamente de terroristas a los manifestantes que veían rifar la Argentina puertas adentro del Congreso.

Ph: ctaa.org.ar

A la seguidilla de detenciones al azar donde cayeron docentes, estudiantes, vendedores de choripán y transeúntes incautos para justificar la lucha contra el terror que el propio Estado se encargó de diseminar -incluso con redadas policiales al borde del desequilibrio entrando violentamente a los bares-, continuó el incendio de un móvil periodístico de Cadena 3 en plena manifestación, cuyos responsables misteriosamente dieron vuelta y prendieron fuego con total impunidad, pero hasta el día de hoy -más misterioso aun- no han sido identificados ni detenidos. De esta manera construían su primer titular en los medios adictos: “golpe de Estado moderno” y “terroristas llevándose puesta la democracia”.

Mientras, y ante la gran crisis de representatividad del Gobierno, las gradas del Senado mostraban la cara más sucia de la política desnudando por completo la mecánica siniestra del sistema de castas, que cada vez la pasa mejor hambreando a su pueblo: negociaciones, chanchullos, traiciones, extorsiones, reparto de cargos y embajadas en el exterior, sostenimiento de “kiosquitos” provinciales… todo vale, claro, por un voto.

En un contexto de destrucción total del aparato productivo, con caídas inéditas del consumo, licuación del salario de los trabajadores y un panorama recesivo por demás acuciante, la aprobación de la ley Bases en el Senado promete sin duda el agravamiento de las desigualdades, pérdida de derechos y entrega de soberanía al mejor (o peor) postor extranjero. La megalomanía y la sobreexcitación del Presidente por lograr una foto con cada líder influyente, como un tardío adolescente de club de fans cumpliendo sus sueños personales, no sólo es vergonzoso sino también lleva el oprobio a límites insospechados.

Aun a pesar de contar con una oposición disgregada y muchas veces hasta rastrera y funcional a las descabelladas ambiciones del Gobierno, no fue sin embargo una buena imagen para el oficialismo balancear el pulso de los votos de manos de su vicepresidenta deshaciéndose en discursos panfletarios para justificar el desguace. Mientras tanto, el Presidente, ya con un pie en el avión, partía hacia Italia a hacer lo que mejor sabe y lo estimula: oficiar de bufón del primer mundo.

La lista de reveses a los que hubo que ceder para lograr otro titular auspicioso en la mañana tiene aristas diversas. De la otrora ley Ómnibus presentada en el Congreso en diciembre pasado, queda apenas un vestigio. Reducida a una versión XXS de menos de la mitad de sus artículos, el Gobierno tuvo que resignar la lista de empresas a privatizar (quedaron fuera Radio y Televisión Argentina, Aerolíneas Argentinas y Correo Argentino), suprimir el capítulo previsional y dar marcha atrás a la eliminación de la moratoria jubilatoria y a la intervención de organismos de la Cultura, además de introducir modificaciones al nefasto RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) y la no aprobación de los capítulos de Bienes Personales y Ganancias.

Ph: Pablo Cuarterolo

Tras este triunfo parcial, con numerosas bajas, que pone al Gobierno en la entera responsabilidad de hacerse cargo de toda decisión en materia económica, ya no valdrán las viejas excusas del relato montado: “la pesada herencia”, “la casta”, “los últimos veinte años…”, “hay que darle tiempo”, etc.

La realidad, sin embargo, pinta otro cuadro mucho menos auspicioso: con un 70% de los argentinos con problemas para llegar a fin de mes, un índice de inflación cada vez más maquillado a costa del hambre del pueblo, despidos a mansalva y una reforma laboral en ciernes que atenta gravemente contra los derechos de los trabajadores, con la baja de los impuestos a los ricos, los nuevos tarifazos energéticos y la falta total de empatía con los jubilados, que vieron licuar sus ingresos de manera escandalosa, no hay forma alguna de negar el descarado incumplimiento del contrato electoral al común de la población que creyó (y aún se empeña en creer) en este viejo conocido proyecto de país.

Tras el escandaloso y mezquino acopio de alimentos con fechas de vencimiento cercanas por parte del Ministerio de Capital Humano, tras su reñida entrega parcial (intervención judicial mediante) y las contrataciones fraudulentas en torno a una ministra que aún se niega a dar explicaciones fehacientes ante la Comisión de Salud y Acción Social de la Cámara de Diputados, el Gobierno respira y corre el foco de atención de la opinión pública hacia otros flancos: sus rimbombantes agendas en el exterior, la puesta en escena de lo que dejó la protesta contra la aprobación de esta ley entreguista y la mirada puesta en el cielo, atenta a los espías de su propia fuerza y a las tejas que vuelan por los aires, cada vez más numerosas y a tono con la realidad.