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El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires modificó la forma de dar clases en su territorio: a partir del próximo año, se suprimirá la repitencia en la escuela media y se implementará un sistema de acreditación por materias. La noticia vino a reavivar la polémica en torno a cómo hacer para evitar la deserción escolar y que las y los adolescentes argentinos puedan terminar el secundario.

“En la actualidad se acredita por materia, pero repetís en bloque. Nosotros queremos partir de otro paradigma: la materia aprobada no se recursa si hay allí un derecho adquirido. Con la repitencia, aun las materias aprobadas las tenés que recursar; (a partir de 2025) la materia aprobada no se recursa y se intensifica la enseñanza de la materia pendiente”, explicó Alberto Sileoni -director general de Cultura y Educación bonaerense- el cambio, que desató fuertes críticas en todo el arco opositor al gobernador Axel Kicillof.

Bienvenido el debate sobre un tema crucial que hace a la crisis que atraviesa el sistema de enseñanza argentino, especialmente en su tramo medio. Desde el inicio de la sociedad industrial, el nivel educativo de una comunidad es fundamental para el desarrollo de las actividades tecnológicamente más avanzadas.

A su vez, el acervo educativo de las personas influye decisivamente en su capacidad para tener empleos de calidad y buena remuneración. Por eso, el nivel de educación y el nivel de ingresos de la población están íntimamente relacionados.

El problema en la Argentina de hoy es que un muy alto porcentaje de los trabajadores/as no tiene la educación secundaria completa y, al mismo tiempo, la mayor parte de esas personas se encuentra debajo de la línea de pobreza. Debido a su falta de conocimientos, esos hombres y mujeres no pueden acceder a trabajos con mayor exigencia técnica, y mejor remunerados.

Es decir que, aunque tengan empleo, y aun cuando un eventual incremento de la actividad económica les permita acceder a otro similar, esos trabajadores/as seguirán virtualmente estancados en la pobreza, de la cual podrán salir sólo en el caso de que las remuneraciones de las tareas en las que pueden desempeñarse aumenten.

En estas condiciones, para reducir el porcentaje de pobreza que afecta a la mitad de la población, es necesario mejorar no sólo el mercado de trabajo, sino también el nivel educativo. Pero si se observa la situación educativa en el país, las perspectivas no son muy prometedoras, porque miles de chicos/as no terminan cada año la secundaria en el plazo establecido, y si la terminan, no está garantizado que lo hagan con una buena formación. Por si fuera poco, otros miles desertan, es decir, salen al raquítico mercado laboral sin un título secundario siquiera.

El hecho de que la escuela sea pública y gratuita, entonces, no asegura que todos/as los jóvenes estudien y se preparen para obtener buenos trabajos. Superar este estado de cosas requiere, por lo tanto, políticas de fomento de la escolarización y adecuación de la oferta educativa a la realidad del mercado laboral. Así pues, el debate sobre la no repitencia no sólo es válido, sino que adquiere otra dimensión.



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