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Maldad y credulidad



La semana pasada, en este mismo espacio, nos referimos a las estafas electrónicas que vienen teniendo lugar en Formosa, advirtiendo que “sólo la decisión firme, organizada y sistemática de combatir el delito, acompañada de las políticas adecuadas, logrará imponer finalmente el orden y la justicia en un terreno fértil para el delito como lo es hoy el complejo mundo virtual”. Ante las ingeniosas maniobras de la delincuencia, puntualizamos, “la sociedad espera y exige más rapidez de reflejos y una imaginación superior a quienes tienen la responsabilidad de velar por nuestra seguridad ciudadana”.

Por supuesto que no vamos a desdecirnos hoy de lo señalado hace apenas una semana. Pero nos quedó en el tintero un detalle: en general, las estafas se basan en dos grandes pilares: la maldad (del delincuente) y la credulidad (de la víctima).

Ambos pilares se ponen en evidencia cada vez que alguien le hace el “cuento del tío” a otra persona, sea a través de un proceso electrónico o de cualquier otra maniobra destinada a engañar, con el fin de obtener, generalmente, un beneficio económico ilegal.

Maldad y credulidad, precisamente, se confabularon, el martes último a la siesta, en una vivienda particular del barrio Don Bosco cuando una anciana cayó en la trampa tendida por, al menos, un par de delincuentes. Nada nuevo bajo el sol, en realidad: una mujer llamó por teléfono a la víctima haciéndose pasar por su nieta y le aconsejó que cambiara sus dólares ese mismo día, porque saldrían de circulación. Para “facilitarle” el trámite, la falsa nieta le envió a domicilio a un hombre “de confianza”, mientras ella “hacía fila en el Banco y no perdía su lugar”. La anciana le creyó y, apenas sonó el timbre, le entregó entre diez mil y quince mil dólares a un desconocido. Estafa consumada. La maldad y la credulidad en todo su esplendor.

Los delitos que se hacen fuertes en la ingenuidad y la falta de análisis de ciertas situaciones que inventan la delincuencia suceden en todas partes. No es que sólo pase en Formosa. Las estafas son una constante en todos los países y sus promotores tienen una enorme variedad de anzuelos, muchos de los cuales están a la pesca de la candidez humana.

La cuestión es que si bien dentro de la gama hay sofisticados delitos informáticos, por otro lado nos encontramos con un simple llamado telefónico con voz distorsionada, y una presencia física a domicilio, para concretar una estafa millonaria como la sufrida por la vecina del barrio Don Bosco.

Sobre este punto deberían profundizar su trabajo las áreas competentes de la Policía y de otras fuerzas también. No debe esperarse a que pase algo para salir a aconsejar cómo se debe actuar para prevenir fraudes, timos o engaños.

La maldad está al acecho y goza de frondosa imaginación. A su merced se encuentra la credulidad, esperando que los expertos/as en seguridad ciudadana asuman un rol más activo y constante en el plano de las recomendaciones.

Debe tenerse presente que los timadores/as están 24 por siete por 365 urdiendo trampas contra la ingenuidad en general, y en especial contra la inocencia y la indefensión de la tercera edad.



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