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Inseguridad virtual



Un nuevo caso de estafa virtual encendió las alarmas en Formosa en torno a lo que se conoce como cibercrimen. Esta vez, una conocida profesional sufrió una maniobra a través de la cual personas desconocidas intentaron obtener dinero a través de una supuesta venta de dólares. Para ello, los delincuentes accedieron a los contactos de Whatsapp del teléfono móvil de la víctima.

El episodio se suma a una larga lista de delitos electrónicos que van desde simples engaños telefónicos hasta el robo de dinero en cajeros automáticos mediante el uso de dispositivos que permiten acceder a los datos confidenciales de las y los usuarios del sistema, incluidas sus claves de seguridad, pasando por una variada gama de estafas virtuales.

Este amplio abanico de acciones ilegales, latente hoy en el ciberespacio, viene a confirmar la actuación en nuestro país de organizaciones criminales dedicadas al espionaje electrónico, por lo que las entidades crediticias siguen movilizando recursos técnicos para que los siniestros electrónicos, por ejemplo, se tornen materialmente imposibles. Todavía no lo han logrado, vale aclarar.

Se trata de nuevas caras de una inseguridad lamentablemente en crecimiento. A la cantidad de hechos delictivos que conmueven cada día la tranquilidad de los argentinos/as en general y de los formoseños/as en particular, se agregan las “imaginativas” modalidades que hoy nos ocupan.

No pueden faltar en esta sucinta enumeración los secuestros virtuales, forma criminal que genera en quien la sufre, como en otras situaciones delictivas, una fuerte carga de angustia y una indescriptible sensación de impotencia. En estos casos las víctimas son engañadas mediante un ingenioso -aunque macabro- ardid, que todavía algunos delincuentes practican con éxito aunque lleve más de dos décadas de vigencia.

Este engaño en especial, y algunos otros también, tuvieron o tienen epicentro aun en establecimientos carcelarios, circunstancia que, casi no hace falta repetirlo, debería obligar a las autoridades pertinentes a la adopción de medidas que permitan un mayor control de lo que ocurre dentro de los lugares de reclusión. En particular, el ingreso de celulares, una irregularidad bastante común y extendida en los ámbitos penitenciarios.

Ante estas desdichadas experiencias, la sociedad espera y exige más rapidez de reflejos y una imaginación superior a quienes tienen la responsabilidad de velar por nuestra seguridad ciudadana. Sin perjuicio de la adopción de todas las medidas técnicas de prevención que hagan falta, las fuerzas de seguridad deberían desplegar al máximo los esfuerzos de sus unidades competentes para identificar y detener a los autores/as de estas maniobras, que en definitiva no son otra cosa que delincuentes. En el caso de los bancos, asaltantes, aunque las armas que utilicen no sean las convencionales.

Sólo la decisión firme, organizada y sistemática de combatir el delito, acompañada de las políticas adecuadas, logrará imponer finalmente el orden y la justicia en un terreno fértil para el delito como lo es hoy el complejo mundo virtual.



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