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Tibia representación



Si bien sabemos que el diálogo político hace a la esencia de la democracia, la dirigencia argentina está muy lejos de practicarlo. Es más, ni el abrazo que se dieron Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín en la primera mitad de los años setenta (hace medio siglo) produjo un entendimiento entre las, por entonces, principales fuerzas políticas. Después de aquel gesto ni eso, por más que la multipartidaria de finales de la dictadura, el acompañamiento peronista que recibió Raúl Alfonsín durante los levantamientos carapintada, o el transitorio acuerdo que permitió superar la crisis de 2001/2002, hicieran soñar a muchos ciudadanos/as con acuerdos de largo aliento.

La reiteración del tema jamás cesará, pues es una demanda cada vez mayor de la sociedad en su conjunto. Las acciones que la dinamizan tienen en él un certero camino para el intercambio de opiniones, información y consulta entre los distintos sectores. Y aparece así, en primer orden, como el signo instrumental por excelencia.

Hasta el viernes último no se esperaba del actual Gobierno nacional la ejemplaridad de un llamado al diálogo; esperanza que también terminó marchita durante las administraciones anteriores. Tanto el kirchnerismo como el macrismo hicieron gala de una omnipotencia autosuficiente que condujo al país al abismo. La actual gestión, por su parte, arrancó concentrando todo el espectro de poder en un enclaustramiento pleno y, desde una extraña visión, dividiendo a las y los argentinos entre “gente de bien” y el resto, eso que el Presidente considera la “casta”. Nueva versión del maniqueísmo que separa las aguas entre “buenos/as” y “malos/as”.

Pero Javier Milei sorprendió con una amplia y paradójica convocatoria a la “casta” política. La quiere a su lado el 25 de Mayo, en Córdoba, para firmar el “Pacto de Mayo”, una suerte de acuerdo refundacional de la Argentina, sustentado en diez puntos que, otra vez, el Gobierno presenta como “innegociables”.

El llamado despierta nuevas incertidumbres, por la anticipada intransigencia oficialista, pero también por la ausencia de temas como la Educación entre las “prioridades”. A esto se le suman dudas en torno al papel de los sectores productivos del país, ignorados, al menos por ahora, en la sorpresiva convocatoria libertaria.

La sociedad argentina vuelve con recelo su mirada al ámbito político, aunque con la esperanza de que los casi tres meses que faltan para el 25 de Mayo permitan abrir la jugada a otros campos, desde el empresarial hasta el sindical, buscando en cada uno ideales y valores capaces de actualizar la reconstrucción de una verdadera democracia.

Esos mismos valores que la inmensa mayoría quiere alcanzar encuentran hoy tibia representación en el llamado al diálogo político de La Libertad Avanza. Es de esperar que esa tibieza se fortalezca, y pronto, porque cada vez más gente comienza a cansarse de la hipocresía de las palabras. Que le mientan. Que se usen dos pesas y medidas.

Hay que rescatar urgente a nuestra sociedad del desaliento. A una sociedad que llega a poner en duda la existencia de reglas básicas de convivencia social y política.



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