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“LUC A´LAIV” SE PRESENTÓ EN EL SÓTANO CULTURAL CON UN SHOW ARROLLADOR

La intermitencia de la luz

* Por Héctor Washington - Fotos: Matías Murua



A lo largo de su vasta historia, todo parece indicar que la naturaleza más instintiva del rock como expresión de contracultura radica en su mensaje -más o menos- disruptivo con el statu quo. Desde fuera o desde dentro, da lo mismo.

Partiendo de esta base argumental, queda por inferir que en su amplia escala de matices, sus expresiones, adaptaciones, reinvenciones y transmutaciones en tanto género dinámico lo han colocado en el centro de debates diversos en torno a su misión primigenia, según en qué fibra de la sociedad se aventure a hacer foco en determinado período histórico. En cualquier caso, el desafío de enfocar y direccionar su lente hacia un objetivo claro contribuirá también a que logremos interpretar al menos en parte el universo creativo del artista.

“Vos vendiste verdad. / Yo compré hasta donde quise creer. / Tu ley se transformó en humo. / Quizás pudiste defender lo indefendible”. Con la fuerza arrolladora de un frente de tormenta que va in crescendo en torbellino, “Enfocar” daba cierre al último show de “Luc A´laiv” tras una jornada de calor agobiante el último sábado en el Sótano Cultural de la ciudad.

Entre luces y sombras, Luciano Losin despertaba en medio de la intermitencia a esa otredad ahora desnuda que oprime y que lo mantuvo lanzando imprecaciones a destajo incluso sobre la tarima de la batería: “No sostiene realidad / que ya no puedes esconderte / detrás de lo que no sos”.

Luego de una gira auspiciosa que los llevó a recorrer numerosos escenarios de la Argentina y visitar incluso países limítrofes, como Paraguay y Uruguay, la banda formoseña finalizaba de esta manera su itinerario 2023, en una presentación que contó con las bandas invitadas “Bl3ach” y “Sundaygrunge”, que abrieron la noche trazando una línea de tiempo interminable que nos traspoló de inmediato a los años ’90, entre sonidos sucios de guitarra y frases desangeladas y furiosas arrojadas sin reparo por el aire.

“Más allá” abriría su presentación, en medio de una danza errática de un adusto Agustín Garay en el bajo, invitado de lujo para esta fecha, que hizo gala de su versatilidad como músico que alterna su día a día entre “Norec”, “Carnadas” y “Guauchos”.

“No escribo el cómo será, / no me impongan sus ideas”, casi como una advertencia, ganaría en el público la completa adhesión, que entonaría el estribillo como una válvula de escape que suele liberarnos de la opresión y el silencio: “Sin terror no hay avanzar. / Ya no temo al final”.

Ya más liberados de la presión que impone toda apertura, una oleada de ímpetu nos despegó del suelo entregados por completo al estrépito. Un sismo, un terremoto o los acordes de un Alex Handel disuelto entre las luces entregado al efecto narcótico de su guitarra, liberó repentinamente la energía de la tierra como una declaración de principios: “No quiero estar condenado a ser igual que todos”.

“Todo/Nada”, su último disco editado (2019), constituido ya como piedra angular de la banda al haberlos posicionado en la escena regional como exponentes indiscutibles de la movida rockera, continuaría su recorrido con “Alerta”, una alegoría a la lucha y la necesidad de crecer que se precipita como en una cascada arrolladora hacia el remolino final de la duda: “Y alerta quedé / al no saber bien / si creo haber dado todo hoy”.

Tras las primeras expresiones de agradecimiento de Lucho a las bandas amigas invitadas por haberse sumado a la fecha y el aplauso cerrado a todos los presentes, “Riesgos” continuaba con el setlist de la noche, acaso la pieza más luminosa y afable de “Todo/Nada”. Sonoridad y oscuridad que alternan y perviven en “Luc A´laiv” a través del tiempo, retratado en pinceladas en aquel video road trip con imágenes de su gira por diferentes provincias y países vecinos. “Esperar... renacer...” tiene sentido para quien sabe aguardar cuando es preciso y arriesgar cuando es imperioso.

“Solo contra todo” rompería con la dinámica del último disco y nos llevaría a su trabajo homónimo de 2014, que supo sentar las bases de su estética para un crecimiento exponencial unos años más tarde. “Cuestionas el porqué, / cuando deberías ver tu alrededor. / Por más que estires de idea, / tarde llegará a vos”. Una mirada más cruda y directa de la realidad, de la mano de un sonido más sanguíneo y furioso, la lista de temas revisitaría uno de los primeros éxitos que la banda supo instalar en una todavía incipiente aldea de seguidores, que fue creciendo a través de estos años, siguiendo de cerca el recambio de algunos de sus integrantes.

Luego de aquel salto temporal, un poco más atrás, hacia 1997, “Everlong”, de “Foo Fighters”, sería uno de los dos covers que se presentarían en el show. Elegida en 2013 como la mejor canción de la banda estadounidense, el propio Dave Grohl confesó haberla compuesto íntegramente en 45 minutos a partir del riff de “Schizophrenia”, de “Sonic Youth”.

“Todo/Nada” volvería con “Pensar así”, una pieza intimista y hasta personal que invita a la introspección en medio del duelo de una pérdida (cualquiera sea), a emerger de las profundidades y a sobreponerse aun a pesar de la autocompasión que nos hace mella: “Pateo mis pedazos hoy, / si apuesto todo o nada. / ¿Renuevo lo que queda o no? / Me quiebro en el primer intento”.

La presentación y agradecimiento a Agustín Garay por haber aceptado la invitación de sumarse a la banda en esta fecha abrió paso a “Quizás no volveré a verlo”, una radiografía cabal de la lucha de nosotros mismos contra nuestros propios fantasmas, nuestros miedos, duelos, vicios y reincidencias más oscuras. “Y declino de mi sueño, / que me revela todo lo que / ya no soy. / Quizás no volveré a verlo”. Otra vez la duda y el estrépito que invaden cuando nuestras propias turbaciones golpean desde dentro pidiendo salir de alguna pesadilla.

“Bueno, loco. Voy a meter algo”, advertía Lucho para presentar el segundo cover de la noche. “The hand that feeds”, de “Nine Inch Nails” nos transportaba sin escalas al año 2005. Emblema de las manifestaciones rockeras contra la administración Bush y su pretendida “cruzada santa” contra Medio Oriente, Trent Reznor amplía sin embargo la semántica del mensaje, que invita a una rebelión contra el orden establecido y toda autoridad que se precie de serlo alimentada por la obsecuencia de quien, de rodillas, come desde abajo.

“Lo que anhelamos” trajo al frente por momentos la voz de Iván Develluk, que solía emerger detrás como un eco en plena expansión desde los coros: “El camino me abandona. / Son pasos que obligan al tropiezo. / Si pudiera procurar cambiarlo todo esta vez… / Sólo resta poder creer”. Como pincelada final de “Todo/Nada”, el anhelo se presenta como una balsa en medio del naufragio; y el cambio, el destino final del periplo.

“Yeta” desataría de nuevo la tormenta que aceleró el pulso de los presentes al compás de un Exequiel Kasten poseso por el fragor de su batería. Humo, espejismo y engaño, una tríada fatal que puede conducirnos al deseo y a estrellarnos contra el otro con igual satisfacción y desencanto.