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“Palabrerío” de Van Bredam

El pasado miércoles 31 de julio, el escritor Orlando Van Bredam compartió una tarde de lecturas y charla con los asistentes al ciclo “Palabrerío 2019”, de la Biblioteca Popular “Santiago Renevot”, en el barrio San Juan Bautista


Por Washington

“Palabrerío 2019” es el ciclo de lectura que la Biblioteca Popular “Santiago Renevot” reestrenó el pasado miércoles, con la intención de brindar un espacio de encuentro entre los escritores del medio local y su entorno, desmitificando esa figura distante que sólo puede abordarse desde los libros, para hacer desparecer la brecha desde la cual se los prejuzga como intelectuales ajenos a su comunidad.

En esta oportunidad, la presencia del reconocido escritor Orlando Van Bredam propició una tarde amena y distendida en la que chicos y grandes disfrutaron oyendo la lectura de sus textos y charlaron acerca de su visión de la literatura, la génesis de sus producciones literarias y su posicionamiento respecto de determinadas cuestiones sociales.

En cuanto a la creación de una obra literaria, Van Bredam aseguró que “la literatura se alimenta de personajes singulares, para abordar una historia que no ha sido contada antes. ¿Cuál es el origen o la génesis de la creación literaria?: Aquello que aparece de golpe y es anormal, anómalo. En medio de un contexto donde no puede aparecer nada especial, aparece la anécdota literaria”.

Consciente de que todo acto humano es político-ideológico y compromete cada una de nuestras acciones, refirió que él prefiere no meterse en política -en un sentido partidario-, “porque la literatura me enseñó demasiado sobre las miserias humanas. Y no creo en nadie. Puedo creer en la idea, en un hecho político. Si alguien hizo algo bueno y permitió que alguien coma, lo voy a aplaudir”; pero señaló el camino de cuidado que supone la literatura en la medida en que los escritores, “a veces suelen decir barbaridades que los condenan. Porque hay artistas que se exponen demasiado, más allá de su obra. Yo siempre voy a estar del lado de los perdedores y mi literatura va a hablar de los que sufren. No me interesan los ganadores del mundo o los tipos exitosos ni los superhéroes. Me asquearon en mi infancia y mi adolescencia. No les creo. Me encantan personajes, como el Gauchito Gil, que nos muestran lo atroz que es el poder. Yo respeto a todos los políticos que hayan hecho algo por alguien, pero no a aquellos que se quedaron en el discursito de café. A mí esa gente no me interesa”.

Luego de compartir uno de sus cuentos con el público, reflexionó: “Esta es una sociedad que destruye todo. Alguien intenta hacer algo y otro ya le está pegando antes que termine. La televisión se ocupa todo el tiempo de transmitir que todo está mal todo el tiempo. Y yo no creo que eso sea cierto. No todo está mal todo el tiempo. Algunas cosas sí. Pero en general, el mundo no es lo que los medios nos dicen. Esta idea un tanto apocalíptica hay que sacarla”.

Consultado sobre lo que aún le resta escribir en su vida, confesó: “Siempre hay algo pendiente por escribir porque siempre hay historias que contar. Una de las cosas que me dan mucha felicidad es imaginar todo lo que puedo escribir todavía. Me veo yo cada vez más embebido de la literatura como lector y a la vez cada vez más impulsado a escribir. Porque es un juego recíproco, algo que se retroalimenta. Si yo mañana desapareciera o dejara de escribir, no creo que me haya quedado con las ganas de escribir algo que valga la pena. Por satisfacción personal, independientemente de si esa obra haya sido premiada o reconocida, o no”.

Comentó además que en el último tiempo, abordó lecturas de diversa índole, incluso filosófica. Y reflexionó: “Yo a la mejor filosofía no la encontré en los libros de filosofía. Yo la encontré en Sófocles, la encontré en Shakespeare… que en cierta forma en su obra ya se adelantó a Heidegger. Probablemente a Heidegger le costó mil páginas lo que Shakespeare resolvió en un párrafo. Porque los poetas tienen un atajo permanente”.

Confesó por otra parte que antes de comenzar a escribir, “intenté jugar a la pelota y no pude, intenté cantar y tampoco pude. Yo fui ese chico torpe al que todos los obstáculos lo superan, el chico ‘tonto’ al que le hacen bullying. Y yo escribía en forma secreta y vergonzosa, porque eso era visto como muy de maricón, cuando todos jugaban a la pelota. Y no tuve el ambiente propicio, porque en mi casa no había libros. Papá era carnicero; y mamá, ama de casa. En mi casa sólo se leía el diario. Pero yo descubrí enseguida que ese era mi mundo y llevaba los libros de la escuela para leerlos en mi casa”.

Respecto del lenguaje inclusivo, sostuvo que, al contrario de la gente que “sostiene que es una pavada o una estupidez”, se trata de un “posicionamiento ideológico del lenguaje, una construcción consciente de un dispositivo ideológico que no es inocente, porque el lenguaje nunca es inocente. Lo femenino y lo masculino en el lenguaje son categorías absurdas en definitiva. Desde el sánscrito para aquí, todas las lenguas están atravesadas por su historia, no obedecen a ninguna ideología. Entonces, si alguien me dice que no cree en el lenguaje inclusivo, fantástico; y si alguien me dice que lo va a usar, fantástico. A mí no me molestan los lenguajes. A mí me molesta la gente ignorante que se come las S y en la Casa de Gobierno decide por nosotros”.

“Palabrerío” es un espacio de encuentro que desde 2015, “trata de crear un ambiente donde se pongan en interacción los saberes académicos, no sólo de las letras sino también del campo de la investigación y la ciencia, y los de los chicos del barrio y demás asistentes”, en palabras de la psicopedagoga Adriana Helbling, una de las impulsoras del proyecto. “Si bien se trata de encuentros orientados principalmente a los jóvenes del barrio para acercarlos a la lectura y a la escritura, es un espacio abierto a toda la comunidad. En una primera etapa, va a haber encuentros donde los escritores van a leer sus textos y luego charlar un poco, de manera tal de canalizar los temas que se aborden en los respectivos espacios que también brinda la biblioteca, como talleres de ESI, cuestiones de género y sus nuevas demandas sociales, etc”.

Así también, dio cuenta de “una segunda instancia, donde ellos comiencen a producir sus propios textos, tratando de recuperar cada cuestión que los fue interpelando, y más adelante lograr publicar sus inquietudes”.



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