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Recorrido histórico del feminismo: el movimiento de liberación de las mujeres

Hablemos de igualdad: por Heliana Guirado, periodista y licenciada en Ciencias de la Comunicación


Mucho se habla hoy del feminismo (dicho en singular, aunque lo más apropiado sería hablar en plural), como un movimiento entendido por muchas personas y completamente desconocido por otras. En el medio, insultos, rechazo y confusión teórica marcan el camino de una ola que no para de crecer.

¿Cómo nace? ¿Qué reclamaron las mujeres a lo largo de la historia? ¿Por qué el movimiento debe incluir a la comunidad LGTB? Siempre se apuesta a brindar teoría y práctica para comprender el contexto y tomar decisiones. Por eso, en este tercer artículo (basado en el material de Bonnie Anderson y Judith Zinsser, "Historia del Feminismo: una historia propia") se concluirá con el recorrido histórico iniciado.

Las mujeres se mueven por la liberación 

En 1960, las mujeres pensaban (al igual que sus antecesoras) que el mundo todavía no era completamente justo con ellas. Ante esta situación, los movimientos de esta época continuaron luchando, pero con una característica diferente: ahora, se oponían a los hombres que pensaban como ellas.
Simone de Beauvoir es la cara del movimiento de liberación de la mujer en Europa, porque tuvo una vida lo más libre posible para su época.

Nació en el seno de una familia burguesa, fue profesora y escritora y siempre se sostuvo económicamente haciendo lo que le gustaba.

Mantuvo una relación amorosa con Jean Paul Sartre, que no estaba basada en el matrimonio ni en la fidelidad sexual. También usó anticonceptivos y accedió al aborto (aunque no era legal).

A lo largo de su carrera alcanzó reconocimiento como intelectual. Sin embargo, su obra "El segundo sexo" (donde cuenta la diferencia que le significó ser mujer), tuvo una influencia trascendental en el movimiento feminista.

En los '60 y '70, las militantes luchaban contra el androcentrismo (que ubica al varón y sus pensamientos como centro de todas las cosas). Así, buscaban reunirse con otras compañeras porque tenían una necesidad interior de compartir experiencias y sentir que no estaban solas.

En esa época muchas fueron detenidas y otras lograron sacar a la luz diarios y revistas feministas que incluso se lograron vender.

La lucha por controlar la fecundidad

El movimiento de liberación de la mujer implicó exigir el control de sus propios cuerpos. Esto hacía referencia puntualmente a la sexualidad y fecundidad, luego de que históricamente la religión y los diferentes gobiernos hayan querido regularlas.

La igualdad en el matrimonio, el divorcio, el derecho de las madres solteras y de los hijos ilegítimos también formaron parte de esta lucha.

De todo esto, la fuerza del movimiento estaba en acceder al uso de anticonceptivos y al aborto y sacar a ambos de la ilegalidad. Sin embargo, el panorama no era bueno: al igual que en la actualidad, quienes luchaban por tener estos recursos se enfrentaban casi al mundo entero.

Los varones también acompañaron esta propuesta con acciones concretas, como John Stuart Mill, quien distribuyó en Londres panfletos que hablaban de la anticoncepción. A él le siguieron otros compañeros que difundían información sobre esponjas, anticonceptivos y coitus interruptus como formas de evitar la concepción. Todos corrían el peligro de ser perseguidos por la ley.

Sin embargo, quien se atrevió a ir un poco más allá fue una mujer y se llamó Aletta Jacobs. Como médica especialista en enfermedades de mujeres y niños, abrió la primera clínica de control de natalidad del mundo, en la que se colocaban diafragmas. Además, se encargaba de estudiar cada caso detalladamente para poder refutar con sustento científico las acusaciones de quienes se oponían a su actividad.

Tras la lucha colectiva, en 1930 el gobierno inglés permitió que se difundiera información sobre anticoncepción sólo si era solicitada. Un año después, la Iglesia permitió la anticoncepción en determinadas circunstancias matrimoniales.

Nuevamente se ve que los logros eran limitados.

A raíz de que era tan complicado acceder a métodos anticonceptivos, el aborto fue el otro gran móvil de lucha y generó que en los '60 cientos de europeas salieran a las calles para reclamar su legalización.

En 1979, Francia aprobó el aborto hasta la semana 10, bajo consentimiento del médico. A pesar de las restricciones que tenía, este hecho fue celebrado por 50.000 personas en París.

Las feministas de la época también querían la abolición de la prostitución, porque veían a quienes la ejercían como víctimas del sistema patriarcal. Para alejarlas de la práctica les ofrecieron otras salidas laborales. A esto respondieron las prostitutas, quienes afirmaron que ellas no se sentían víctimas y que querían que se eliminara la persecución gubernamental, pero no el medio que eligieron para ganarse la vida.

El acoso sexual, las violaciones y el incesto también fueron repudiados por las activistas. Encuadraron a estos actos dentro de la violencia sexual ejercida por los hombres.

El feminismo lesbiano

Las mujeres criticaban las tradiciones machistas que controlaban la sexualidad y la heteronorma, y esto les dio paso a explorar nuevas experiencias con otras mujeres.

Así, las lesbianas comenzaron a participar del movimiento feminista (cuando antes eran ignoradas) y encontraron en este espacio de acción política un terreno donde luchar encontrándose con otros grupos oprimidos.

La realidad actual muestra que el feminismo no puede dejar de lado a las lesbianas, travestis y trans, porque se trata de una lucha por derechos que aún no son concebidos, por la eliminación de la discriminación y la violencia, porque las decisiones personales sean respetadas por el resto de la sociedad, esa que aún se opone a la liberación.

Simone de Beauvoir es la cara del movimiento de liberación de la mujer en Europa


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