Particulares, capillas y diversas instituciones ofrecieron el tradicional plato en cada esquina, junto a empanadas y pastelitos
Si bien por el feriado, la ciudad estuvo quieta en las primeras horas, los niños ataviados como en 1810 comenzaron a darle movimiento cuando se dirigían a participar de los actos escolares, mientras que otros abanderados formaron parte de la conmemoración capitalina en el Mástil Municipal.
Desde muy temprano, el aroma del locro perfumó el ambiente patrio de esta capital: capillas, escuelas, particulares y otras instituciones aprovecharon el día para ofrecer el tradicional plato, con el complemento infaltable: las empanadas y los pastelitos.
Algunas familias mantienen la tradición de embanderar el frente de sus casas, como una adhesión silenciosa aunque orgullosa a la celebración patria.

Las autoridades cumplieron su parte haciendo flamear la Enseña no sólo en cada edificio público, sino a lo largo de la avenida 25 de Mayo.
Los actos dejaron nuevamente imágenes de respeto a la Bandera, de orgullo patrio, de compromiso en un día en el que la mayoría elige descansar de las obligaciones diarias. En los jardines de infantes y las escuelas brillaron las damas antiguas, los caballeros y vendedores ambulantes, con algún versito aprendido en casa. Todo forma parte de la conciencia temprana de ser argentinos, de pertenecer a una Patria que habrá que seguir haciendo grande.