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Martes 31 de Enero de 2023

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“UNA SILLA CON MI NOMBRE”, DE ADELAIDA GÓMEZ

Sanar con la palabra

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la escritora formoseña visitó la EPES N° 99 del barrio “La Nueva Formosa” y compartió con los estudiantes el oscuro episodio que cambió su vida, pero a partir del cual supo reponerse y seguir adelante, de la mano de la fe, la palabra y su férrea determinación





* Por Héctor Washington

"Los pies sobre la tierra, la frescura del pasto, chapotear descalza en un día de lluvia, sentires guardados que no volverán a ser reales sabrá Dios por cuánto tiempo". Con un estilo sobrio, llano y directo, sin demasiados artilugios estéticos ni técnicas narrativas que lleguen a entorpecer la intensión de su relato, Adelaida Gómez recrea en las páginas de “Una silla con mi nombre” un memorial autobiográfico que recorre, cámara en mano, los pasadizos más oscuros de su condición a partir del 15 de septiembre de 1988: su lucha por aceptar su nueva realidad, su largo camino para recuperar su fortaleza espiritual, sus lazos más cercanos, su fe inquebrantable y su determinación a seguir adelante por medio de la extraña naturaleza curativa del lenguaje.

Trazando una línea histórica desde los primeros días de su infancia hasta un último golpe certero que la vida le tenía preparado en una segunda arremetida, Adelaida apela a la reminiscencia que vuelve a los pasadizos más nebulosos de la memoria y nos regresa enmarañados a otro tiempo donde la lucha es el único camino posible.

“Hay huellas que no las borra el viento ni la lluvia”, asegura la escritora. Y es cierto. Pero también sabe que su experiencia puede servir para generar un cambio en muchas vidas. Y asume esa tarea cada día con sumo tesón, como asumió hace muchos años la nueva realidad que se le abría paso.

Pero la historia de Adelaida Gómez no es obra del destino ni se escribió por imposición del azar ni la inventiva literaria. Tiene nombre y apellido y conforma las páginas más siniestras de la crónica policial formoseña. La escritora se encarga de grabarlo para siempre en su relato: Raúl Sánchez, un joven violento que había entablado una relación con su prima Zuni y que, ante la ruptura que ella decidió plantearle, se dirigió a la casa y le disparó a sangre fría. Adelaida y su madre también fueron sus víctimas aquella tarde de 1988.

“Consiguió un arma y se encargó de averiguar los horarios en que nosotras, las mujeres, quedamos solas en la casa. Fue a mi casa alcoholizado, con un revólver, y dijo que ese día, él estaba decidido y que nosotras íbamos a morir. Después supe que en su casa, delante de su mamá, él también se disparó”. Adelaida comparte su pasado con un auditorio de estudiantes de Nivel Secundario de la EPES N° 99 del barrio “La Nueva Formosa”. Comprometida con generar conciencia en los jóvenes, fue invitada en el marco de las actividades en torno al reciente 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Los estudiantes del 5° año han leído su novela en el presente ciclo lectivo, de la mano de su profesor, Brígido Centurión. Con el acompañamiento de la docente Andrea Pérez, Adelaida dialoga con los jóvenes y les cuenta su experiencia: “Mi prima seguramente no tenía idea de lo que él podía llegar a ser capaz. Pero podía darse cuenta cuando él le prohibía ir a mi casa, por ejemplo. Una pareja no tiene por qué prohibirle a la novia ir a donde quiera o decirle lo que tiene que hacer. Nadie es dueño del otro. En una relación se comparten cosas. Y es importante que la otra persona me quiera y me cuide, pero desde el respeto. No debemos justificar estas acciones de control de parte de nuestras parejas, porque la manipulación también es una forma de maltrato, al hacernos creer que se preocupan por nosotras pero en realidad nos están controlando. No podemos permitir el control de la otra persona”, sostiene ante la mirada atenta de numerosos jóvenes, con quienes también comparte algunas canciones.