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Se creó hace una semana la Federación de Cooperativas “Unidad Formoseña Limitada”, conformada en principio por una veintena de ellas, y con más de 80 en vías de afiliarse, según se informó.

Sugestivas fueron las palabras del titular de la Subsecretaría de Economía Social de la Provincia en el acto de presentación. “Estas acciones -dijo Ricardo Fisher en alusión al trabajo cooperativo- son la columna de la economía social que forma parte de la doctrina del peronismo”. Además, destacó que dichas asociaciones “practican la justicia social y se han conformado en apoyo al Modelo Formoseño”. Y como para que no queden dudas sobre el alineamiento político, afirmó: “Son trabajadores (hay trabajadoras también) que están contentos con las políticas que lleva adelante el gobernador Gildo Insfrán”.

Un primer punto por aclarar es que las cooperativas -más allá del mayor o menor impulso que puedan alcanzar para su desarrollo durante distintos gobiernos- no deberían tener identificación partidaria. Si bien el cooperativismo, en el mundo, nació al calor de una determinada corriente política -distinta al justicialismo-, una auténtica cooperativa es una asociación de personas basada en la incorporación voluntaria de sus miembros. Esta incorporación, en lo posible, debe ser abierta y neutral para todas y todos los que quieren trabajar, producir, industrializar o consumir, de forma mancomunada y solidaria, en miras de un objetivo lícito común.

Su propósito es promover el bienestar de sus asociados/as sin diferencias ideológicas, practicando una singular justicia distributiva, la cual no se aplica en relación con el capital integrado, sino en proporción al trabajo, productos e industrialización aportados o de los usos y consumos realizados de forma asociada.

Fueron los auténticos cooperativismos los que, frente a las crisis y ajustes que se dispararon a partir de la primera revolución industrial y, después, frente al desafío de corregir economías de desigualdades, preservaron la dimensión humana, satisfaciendo derechos y necesidades físicas básicas.

Claro que también existen, y desde mucho antes que naciera el peronismo, las seudocooperativas. Son aquellas que caen (lo decimos en presente porque algunas siguen lejos de responder a los nobles principios cooperativos) en visibles oprobios, como la realización de actos notoriamente extraños a la economía solidaria: administración fraudulenta; fraudes laboral, previsional, impositivo, financiero o patrimonial.

Las irregularidades saltan a la vista cuando, por ejemplo,
en góndola, los productos cooperativos no son más baratos que los de las empresas comerciales; cuando en bancos o cajas de crédito cooperativo o mutual, los préstamos son más caros o similares que los de la banca privada; cuando los servicios públicos cooperativizados son más caros que otros, etc.

La importancia del cooperativismo no está dada pues por la adhesión a un modelo político, sino por los fundamentos de ese movimiento, representado y reconocido a escala mundial por dos pinos verdes, el color de la esperanza.



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