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Paisaje lunar



Personas que transitan a diario por la avenida Napoleón Uriburu se quejaron por el mal estado de ésta y reclamaron a las autoridades competentes que se realicen obras de envergadura y no simples parches que no solucionan el problema de fondo.

Ahora bien, el problema de fondo del sufrido pavimento de esta doble arteria no son los baches ni las grietas ni los desniveles que presenta a lo largo de varios kilómetros (si bien el tramo comprendido entre avenida 9 de Julio y San Martín es el más afectado, las irregularidades no sólo continúan hasta la Pantaleón Gómez sino que se extienden mucho más allá -por la avenida Arturo Frondizi- hasta la Nicolás Avellaneda), por más visibles o aparatosos, sino el tránsito pesado que desde hace varias décadas soporta.

Tanto la Avellaneda como la Frondizi y la Napoleón Uriburu son arterias sometidas a un intenso tráfico vehicular. Pero no son los autos o las camionetas los responsables de romper el pavimento; los destrozos son obra de las moles con ruedas que circulan a diario llevando o trayendo rollizos, arena y otras cargas fenomenales.

El largo trayecto es un muestrario excepcional de los daños que puede causar al pavimento urbano el ingreso de camiones sin control de carga, o mejor dicho, de camiones a todas luces excedidos de modo descomunal en sus cargas.

Resulta paradójico que mientras la Municipalidad de Formosa se esfuerza por llevar adelante un ambicioso plan de bacheo en toda la ciudad, respondiendo incluso con premura a inquietudes vecinales urgentes como la planteada por familias domiciliadas en proximidades a la esquina de 9 de Julio y Brandsen, donde se produjo un hundimiento de la calzada, actualmente en reparación; no se tomen medidas para frenar los continuos atentados que padecen las avenidas Frondizi y Napoleón Uriburu, junto con la calle Avellaneda.

La enorme cantidad de baches -algunos, verdaderos cráteres, literalmente- a lo largo de tantas cuadras indica una preocupante desidia, por más que se realicen arreglos de corta duración. No es un problema menor que pueda traer consecuencias mecánicas únicamente (daños en el tren delantero o en la suspensión); recordados son los socavones repentinos que, en distintas oportunidades, se “tragaron” un vehículo, o estuvieron a punto de hacerlo, con el riesgo que esto puede acarrear a los ocupantes de cualquier rodado, pero sobre todo de un automóvil.

Sería congruente con la política de mantenimiento del pavimento formoseño que se disponga un esquema de control que limite los abusos y los excesos que se cometen desde hace tanto tiempo en perjuicio de las citadas avenidas, utilizadas hasta el presente como arterias de tránsito pesado y como vías de ingreso y egreso de distintos barrios al mismo tiempo.

Por lo demás, sigue siendo un desperdicio estético que la Napoleón Uriburu, en su curvilíneo tramo entre 9 de Julio y San Martín, en lugar de ser rescatada y cuidada como atractivo turístico formoseño sea castigada impunemente por el desfile incesante de voluminosos y destructivos camiones que sacan a relucir su peor faceta, aquella que se asemeja más a un paisaje lunar.



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