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Matar al colibrí



* Por Héctor Washington

El colibrí es un elemento emblemático de la cultura prehispánica. Cuentan los sabios mayas que el ave estuvo vinculada a la Creación y que al momento de emprenderla, los dioses olvidaron dar vida a algún ser que pudiera llevar los deseos y pensamientos de un lugar a otro, una vez creada la Tierra, con sus árboles, animales y demás seres vivos. Terminado el barro y el maíz con que habían dado forma a todas las cosas, tallaron entonces una piedra de jade muy afilada y dieron forma a una flecha pequeña y ligera, soplaron sobre ella y salió disparada por el aire a gran velocidad. Habían dado vida al “x ts’unu’um”, al colibrí.

“El Colibrí de Vitruvio” supo también conformar hasta hace pocos días la galería de murales en el cementerio Virgen del Carmen. Su autora, Belén Alexandra Franco, se inspiró en la leyenda que asegura que “cuando en un jardín aparece un colibrí, nos viene a contar que las almas de los que amamos están bien”. Sin embargo, de un momento a otro ese mural desapareció detrás de una espesa capa de pintura blanca. Los motivos no están del todo claros. En rigor, nunca hay motivo alguno que justifique la censura de una obra de arte.

Belén Franco conforma el grupo Arasy y fue convocada a participar también de este proyecto, junto a sus compañeras Marisa Villalba e Ivana Córdoba, lejos de -como ella misma sostiene en su descargo en redes sociales- “ideologías, religiones o banderas de ningún tipo, pero siempre desde el respeto y, por supuesto, desde el profundo amor que sentimos por el arte”.

Su obra además significó una introspección y un viaje “al cariño con el que recuerdo a quienes ya no están, a mi mamá, a mi tía Miriam y tantos más… La guitarra junto al colibrí fue un pedido especial, un homenaje al querido Juan Manuel Zalazar, al que siempre vamos a extrañar y cuyo vacío al no poder escucharlos más, a él y a su fiel compañera, siempre estará latente”, expresó. Asegurando sentirse amenazadas, violentadas y acusadas de discriminación por parte de una persona interesada en borrar el mural por cuestiones religiosas, que se negó a escuchar a las artistas e incluso a los organizadores respaldándolas, Belén Franco lamenta que su Colibrí de Vitruvio haya sido borrado de este Paseo de la Eternidad.

Formosa, como todo territorio, tiene sus claroscuros. Las redes sociales suelen ser un campo despiadado para emitir juicios y valoraciones muchas veces contaminadas de los más bajos prejuicios. Y esta no fue la excepción. Podemos disentir en muchos aspectos, pero nunca, jamás, cuestiones vinculadas a nuestra visión de mundo podrán justificar una censura al hecho artístico. Cronopio se solidariza con la artista y condena de plano estos hechos que nos hacen retroceder al oscurantismo en cuestión de minutos.



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