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Alcohol al volante, ¡no!



Ni siquiera dentro de un mismo país -la Argentina es un buen ejemplo-, los gobiernos se ponen de acuerdo respecto al nivel de alcohol en sangre permitido para conducir un vehículo.

Si bien la ley nacional dispone un máximo de 0,5 miligramos en sangre, varios distritos decidieron disminuir el límite a 0,0. Es el caso de provincias como Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, Salta, Jujuy y La Rioja, entre otras, y de ciudades importantes como Rosario, Santa Fe y Mar del Plata, además de Misiones, Neuquén, Ushuaia y algunas localidades bonaerenses.

La discusión sobre si es conveniente prohibir totalmente o no el consumo de alcohol a conductores/as en general (a choferes de transportes de pasajeros y de carga ya se les aplica la “tolerancia cero”) sigue abierta y es materia de análisis de los/as especialistas. No obstante, un dato de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) permite advertir que la cantidad de test con resultado 0,0 es “bastante mayor” en aquellos lugares donde existe nula tolerancia que en aquellos otros donde el límite es de 0,5. De acuerdo a esto podría decirse -nunca asegurarse, al menos por ahora- que en la Argentina los conductores/as se cuidan más cuando la exigencia es más dura.

A propósito de ello, en la Ciudad de Buenos Aires entraron en vigor este año las nuevas penalidades para quienes den positivo en controles de alcoholemia. Las sanciones ahora dependen del dosaje arrojado. Entre 0,5 g/l y 1 g/l, inhabilitación de licencia entre dos y cuatro meses, y multas de monto variable que van desde 150 a 1000 UF. A partir de 1 g/l y en adelante, la inhabilitación de la licencia será de cuatro meses a dos años, con multas de entre 300 y 2000 UF o uno a diez días de arresto.

Según las autoridades de CABA, el nuevo esquema ha permitido aumentar las sanciones y reducir los siniestros, lo que estaría confirmando que más vale ser estrictos en los hechos que en los papeles, dado que en aquella metrópolis -al igual que en Formosa- no rige la “tolerancia cero” en los controles de alcoholemia.

Por si hiciera falta repetirlo, la relación entre el consumo de alcohol y las alteraciones de los sentidos que impactan en las habilidades de manejo es significativa. La presencia etílica embota, altera la percepción y disminuye la capacidad de atención, a la vez que ralentiza tiempos de reacción, por lo que las respuestas y maniobras se hacen más lentas y torpes.

Si bregamos por una mayor seguridad vial en el país no podemos seguir observando con liviandad este punto. Conducir bajo el efecto del alcohol puede tener consecuencias no solo para quien conduce irresponsablemente luego de haber bebido, sino que puede también involucrar a sus acompañantes o pasajeros/as, a otros conductores/as y a peatones/as, ciclistas y motociclistas, muchas veces víctimas de luctuosos siniestros.

El alcohol al volante es una falta lo suficientemente grave por sus consecuencias, Por ello, es una medida acertada penalizar más severamente a personas que conducen bajo efectos etílicos. Esto, empero, no significa de ningún modo menoscabar el debate sobre la “tolerancia cero”, que continúa abierto.



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