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De lagunas y desvíos



La actividad comercial tiene dos variantes, una legal y la otra ilegal. El comercio ilegal es un fenómeno significativo de larga data en el país y priva al sistema recaudatorio del Estado del ingreso de fondos para mejorar la calidad de vida de las y los argentinos.

Las causas de este fenómeno responden a la debilidad del sistema estatal para ejercer controles sobre las principales actividades que alimentan este delito: contrabando, falsificación de marcas y complejos comerciales irregulares, en distintas jurisdicciones. También se reconocen otros factores que lo fomentan: carga tributaria a la producción nacional, falta de fuentes de trabajo genuino, altos índices de pobreza, etc.

Pero también están las y los comerciantes legalmente constituidos, aquellos/as que hacen regularmente sus aportes y cumplen con las normas que regulan sus actividades.

Ahora, entre ambos extremos se encuentra un sector comercial poco afecto a cumplir con todos los requisitos. En esta franja gris aparecen casos como el de la ciudad de Córdoba, donde la semana pasada la Municipalidad se vio obligada a clausurar 18 locales gastronómicos por distintas infracciones. A esto podemos sumarle, en Formosa, la clausura de cuatro boliches bailables, durante el mes de julio, por la presencia en su interior de menores de edad, algo que está prohibido.

Respecto a esto último, el director de Bromatología de la Comuna, Jorge Tarantini, advirtió no sólo las irregularidades que cometen algunos boliches, bares y pubs, sino también la existencia de “lagunas legales” que impiden un mejor control de la noche formoseña.

El funcionario reconoce que “es compleja la actividad nocturna” en la ciudad, entre otras cosas por los excesos en el consumo de bebidas alcohólicas. La pregunta que nos hacemos, como medio que hace años viene alertando sobre tal descontrol, es por qué las y los responsables de legislar no se ocupan de cubrir los “vacíos legales” que las propias autoridades ejecutivas admiten.

Las recientes vacaciones de invierno vinieron a confirmar lo que a esta altura es más que una sensación: las y los representantes del pueblo siguen desconectados de algunos aspectos candentes de la realidad, tanto a nivel nacional como en la provincia y en la órbita comunal. Aun en medio de una crisis grave como la que sufre el pueblo argentino, los recesos legislativos estuvieron a la orden del día.

No es de extrañar, pues, que algunos comerciantes legales se aprovechen de determinados resquicios normativos, o de controles laxos, para que sus negocios rindan un poco más. Por ejemplo, dejando que menores de edad entren a los boliches y permanezcan en ellos hasta altas horas de la madrugada, o permitiendo el consumo excesivo de alcohol.

El comercio legal (del otro nos hemos ocupado en reiteradas ocasiones) tiene sus bemoles, por lo que no está exento de caer en desvíos. Para eso está el Estado, para encarrilarlo, porque como decía Juan Domingo Perón, la mujer y el hombre son buenos, pero si se los vigila son mejores. El asunto es quién controla que las y los legisladores hagan su trabajo como corresponde.



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