pixel facebook
Sábado 02 de Julio de 2022

29 ° C Clima

Logo Editorial


Narcos desatados



Dos asesinatos en menos de quince días, adjudicados ambos al crimen organizado/narcotráfico, conmocionan a Paraguay. Primero fue el atentado contra el fiscal Marcelo Pecci en una paradisíaca isla colombiana mientras disfrutaba de su luna de miel, y luego, hace una semana, el fusilamiento del alcalde de Pedro Juan Caballero, José Carlos Acevedo, miembro de una familia que ya ha sufrido otros ataques mortales.

El ministro del Interior del vecino país, Federico González, lo dijo claramente: Paraguay está en una “guerra declarada contra el crimen organizado”, que ha permeado “en todos los estamentos y en todos los niveles de la sociedad paraguaya”. Pero, además, hizo un llamado desesperado a la región indicando que dicha guerra no puede librarse solo en Paraguay, sino que requiere “la presencia, la colaboración y el apoyo de todos los países”.

Y en este punto queremos detenernos hoy, habida cuenta que Argentina forma parte importante de la región, y que Formosa, como rezaba un viejo eslogan del gobierno provincial, está “en el corazón” de ese vasto territorio.

El narcotráfico, que comprende gran parte de lo que se conoce hoy como “crimen organizado”, sigue escribiendo capítulos dramáticos en todo el mundo y en especial en Latinoamérica. No hay que ir hasta México para corroborarlo; la ciudad santafesina de Rosario, con la violencia narco descontrolada, puede dar fe de ello.

Nadie pone en duda la gravedad del fenómeno, su profundidad y su extensión. Incluso está presente en algunos discursos políticos. El problema es que su avance es tan vertiginoso que ya obliga a un debate de características extraordinarias para el que muchos actores no están preparados.

Es evidente que la situación se le ha ido de las manos a los gobiernos; de hecho ni siquiera el país más poderoso, el que más recursos dice poner para combatir este flagelo, Estados Unidos, puede controlarlo.

Pero volvamos a la región y a la Argentina en particular. Las drogas no solamente están en todos nuestros centros urbanos sino que causan estragos en las barriadas más humildes, donde los narcos lideran a miles de jóvenes en todo el país, los inspiran y los motorizan en la cultura de lo clandestino. De forma paulatina, los van integrando en una verdadera red de crimen organizado.

Pedro Juan Caballero no está lejos. Menos de 600 km separan a esa ciudad paraguaya -epicentro del tráfico de drogas- de Formosa capital. Por cierto, en línea recta se encuentra a menos de 400 km de nuestra extensa, y porosa, frontera norte. Por ende, la problemática no debería tan solo preocupar a nuestras autoridades, sino que debería mantenerlas ocupadas en su tratamiento.

Es momento de prestarle máxima atención al clamor del ministro paraguayo del Interior y reconocer que se necesita, de modo urgente, “la presencia, la colaboración y el apoyo de todos los países”.

Un exjuez federal de Formosa aceptó, hace años, que la lucha por evitar el ingreso de cocaína a nuestro territorio “estaba perdida”. Mensaje realista, aunque desalentador a la vez, que no debería calar más hondo que la voluntad de enfrentar al crimen organizado.



Te puede interesar


No se encuentran Noticias Cargadas
Comentarios
Los comentarios publicados al final de cada nota son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden generar sanciones legales. La empresa se reserva el derecho de moderar los comentarios y eliminar aquellos que sean injuriosos o violatorios de cualquier legislación vigente.
Todos los Derechos Reservados © 2022 Editorial La Mañana

La Mañana
RSS
Sitemap

Redes Sociales
Facebook
Instagram
Twitter

Miembro de
Logo Adepa
Adherente a Programas
ONU mujeres

Logo Footer