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Longevidad positiva



Las personas longevas están en el ojo de la tormenta desde que se desató la pandemia de coronavirus y, ante la tercera ola en la Argentina, han vuelto a convertirse en el grupo etario que sufre las consecuencias más graves de la enfermedad. De hecho, las pocas muertes que se están dando hoy corresponden a adultos mayores que ya sufrían alguna comorbilidad, dijo ayer uno de los miembros de la Mesa del COVID formoseña.

Paradójicamente, en el mundo comienza a hablarse de “longevidad positiva”, un nuevo paradigma que abre terrenos inexplorados y un sinfín de oportunidades que demandan sensibilidad, inteligencia y coraje en el tratamiento de la tercera edad.

En nuestro país -el más longevo de Latinoamérica- el 15 por ciento de la población supera los 60 años. Se trata de alrededor de siete millones de personas, de las cuales más de la mitad son mujeres. No sin problemas sociales urgentes, la esperanza de vida sigue creciendo y muchos abuelos/as actuales aparecen más vitales que sus ancestros.

Sin embargo, el culto de un estereotipo de juventud ha creado un halo negativo que rodea a la vejez y que es necesario deshacer en aras de tiempos mejores.

Creado y sostenido desde sus orígenes por una amalgama de experiencia y juventud, este diario considera imprescindible instalar el debate sobre la imparable transformación demográfica en el planeta, como forma de abrir las mentes a nuevas y valiosas oportunidades en infinidad de terrenos, en lugar de abonar supuestos anacrónicos que solo asocian la longevidad a problemas del sistema previsional o de salud, entre otros.

Bajo el título “La revolución de la longevidad y las oportunidades estratégicas para las empresas”, un seminario internacional concluyó que “el potencial del intercambio generacional demanda incorporar nuevos modelos de gestión y articulación de la longevidad para beneficio de las propias empresas y del ecosistema que nuclea a actores del sector privado, al Gobierno y a la sociedad civil”.

Viene a colación el libro La revolución de las canas, de los españoles Iñaki Ortega Cachón y Antonio Huertas Mejías, quienes, desde una mirada económica, desarrollan lo que han llamado “los dividendos de la longevidad”. Según ellos, las empresas que prescindan de ese legado no serán ya reflejo de la sociedad y habrán perdido las ventajas de sumar más talento, más experiencia, más resiliencia.

Formosa es parte de ese cambio radical que hace que más adultos mayores en todo el mundo quieran seguir trabajando, creando, consumiendo, desarrollando habilidades.

No hay sociedad que pueda darse el lujo de prescindir de su población seniors. Al contrario, se conocen estadísticas de cuánto suma al PBI de un país emplear a adultos mayores activos. Un sector que expresa con fuerza creciente su necesidad de emprender, de promover su autonomía y participación, que plantea nuevas demandas en terrenos diversos como bienes y servicios, turismo, aprendizajes.

La “clase pasiva” lo es cada vez menos. Hoy ya se habla de la “sylver economy”, o economía plateada, un fenómeno de alto impacto y carga de transformaciones sociales positivas.



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