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Bocina de seguridad



Un candidato a concejal por la oposición propone la creación de una Dirección de Seguridad Municipal y, en ese marco, además de propiciar la instalación de cámaras y la creación de “corredores seguros”, auspicia la instrumentación de un sistema de “alarma comunitaria”.

La iniciativa, sostiene, se funda en “la inseguridad que hay en la ciudad”, por lo que también se compromete a impulsar desde el Concejo Deliberante el mejoramiento del alumbrado público.

Antes que nada, vale reconocer que la expansión urbana no ha sido gratis en Formosa; la seguridad ya no es la de otrora, y esto se traduce en un aumento claro del delito en las últimas décadas.

Pero veamos qué son las alarmas comunitarias, que en el país ya se cuentan por miles, y cómo funcionan. Se trata -como se explica en varias páginas de Google- de una bocina que se coloca a mitad de cuadra (para cubrir esos 100 metros) o en una esquina (para cubrir un sector en cruz), casi siempre en un poste de alumbrado. Esa alarma se alimenta de electricidad y tiene batería de hasta seis horas por si se corta la luz. Se activa con un pulsador tipo llavero y cada vecino que adhiere al sistema puede solicitar tantos como conside­re necesario. Por lo general, un pulsador queda en la casa y otros los portan los miembros de la familia, o se dejan en los autos.

Como en las ciudades en que ya funciona, la cobertura se extiende a numerosos barrios, el proceso de organización demanda la asistencia de un área específica de la Policía, que suele ser la de Coordinación Comunitaria. Por lo general hay empresas que proveen e instalan esos equipos, aunque también están los vecinos/as que compran por internet el sistema y lo instalan personalmente para bajar los costos.

Siempre hay, o debería haber, un protocolo de actuación. Cualquier vecina o vecino conectado puede activar la alarma ante situaciones de inseguridad o sospechosas. Los demás deben llamar a la Policía y tratar de asistir a quien pidió ayuda.

Estamos así frente a una suerte de fortalecimiento de los lazos comunitarios, lo cual es más importante que el sistema en sí mismo. En buena parte de América latina, el nuevo enfoque de la seguridad ciudadana revaloriza el vínculo vecinal y la organización como la herramienta imprescindible para enfrentar el delito y, en especial, para vencer el miedo.

Al revés de lo que pasa en las metrópolis, la idea es contrarrestar la desconfianza, el encierro y el aislamiento, reacciones sociales que, aunque forman parte de un mecanismo de defensa, le facilitan mucho la tarea a la delincuencia.

Es un avance importante en materia de seguridad la alarma comunitaria, siempre y cuando se respete un proceso de reconocimiento y confianza entre los vecinos/as y la Policía, y entre los propios vecinos/as.

Igualmente es un tema que, llegado el momento, deberá recibir el tratamiento parlamentario pertinente, para que la propuesta no termine distorsionada. Es fundamental que el sistema esté bien administrado, que sea exclusivamente para alertas por inseguridad y que cada miembro del grupo sea conocido y claramente identificado. Al solo efecto de evitar males mayores.



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