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Salario e inflación



Uno de los principales inconvenientes que atraviesan los sectores asalariados es la caída de la capacidad de compra de los haberes. Para lograr una recuperación del salario en términos reales, se requieren un plan económico y una política monetaria que ponga límites a la emisión de billetes nacionales y la depreciación del peso.

El Instituto para el Desarrollo Social Argentino consideró que el formato de aumentos del salario real, acuerdos y controles de precios y que las empresas basen su rentabilidad en el volumen tiene sus limitaciones, porque puede ser sostenido en el tiempo sólo si no existe déficit fiscal, para que la inflación sea baja, y así se pueda mantener competitivo el tipo de cambio real, para expandir las exportaciones y cumplir la premisa de que las empresas logren volumen para sostener el salario real en niveles altos. En otras palabras, se indicó que puede estar primero el mercado interno, pero que en un momento hay que pasar a exportar para seguir expandiendo los volúmenes y mantener el salario real.

Para el IDESA, el modelo macroeconómico que el Gobierno nacional actual quiere reeditar, el de 2004-2012, requiere de un punto de partida muy diferente al actual, debido a que en el 2004 había un superávit fiscal de 2%, mientras que hoy existe un déficit fiscal de 6% del Producto Bruto Interno. A su vez, se recordó que en el 2004, la inflación era del 4%, y que hoy es del 50% interanual, al mismo tiempo que se espera que el Índice de Precios al Consumidor anual de 2021 presente un porcentaje cercano al 48%.

En paralelo, hay encuestas que arrojan a la cabeza del ránking de preocupaciones de la ciudadanía a la inflación; y el Instituto aclaró que si bien bajar la inflación implica aumentar el salario real, desde el punto de vista de política económica no es lo mismo subir el salario real bajando la inflación que subiendo el salario nominal. En este sentido, se precisó que en el 2004, con una inflación del 4%, los aumentos de salario real se lograban con incrementos de salario nominal. Pero con una inflación del 50%, como la actual, un aumento de salario nominal por encima de la suba de precios sólo va a provocar un mayor incremento de los costos de los bienes y servicios.

Por lo expuesto, en este contexto de campaña electoral, que suele ser utilizado para anunciar medidas que implican “más dinero en el bolsillo” de varios sectores en términos nominales que luego generan mayor inflación, es necesario que el Gobierno nacional comprenda que más allá del contexto proselitista, es fundamental pensar un plan económico que logre una mejora real de los ingresos de la mayoría de los sectores en el mediano y largo plazo, de manera sostenida, en vez de apuntar a acciones de corto plazo y de gran daño para la capacidad de compra del total de la población.

En síntesis, se requiere que las autoridades nacionales y provinciales tomen conciencia del momento histórico que atraviesa el país y entiendan la importancia de poner límites a las expectativas inflacionarias y a la devaluación del peso con un programa económico creíble, que rebaje el gasto público innecesario, y una política monetaria que establezca una menor impresión de billetes. Son medidas que implican planificación y esfuerzo, pero no son imposibles y se vuelven cada vez más necesarias.



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