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Una de cal, una de arena



Contra muchos pronósticos internos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) entiende ahora que la Argentina crecerá este año más que la media regional y mundial. En su último análisis, el organismo mejoró la perspectiva de crecimiento económico de nuestro país del 5,8 por ciento estimado en abril al 6,4, cuando las proyecciones a nivel mundial son de 6 por ciento.

La explicación, en voz de la economista jefa del FMI, Gita Gopinath, es la siguiente: “Argentina se ha beneficiado de un inesperado aumento en los precios de sus exportaciones, con un incremento de los precios de los alimentos a nivel internacional. Ese efecto positivo a través de los precios de las exportaciones está ayudando a la recuperación del país”.

Buena e inesperada noticia en el marco de la pandemia de COVID-19, que aún no está controlada a nivel global y que por lo tanto sigue planteando un horizonte de incertidumbre en cuanto a su impacto en la economía mundial.

El citado pronóstico, si bien insufla una dosis de optimismo que refuerza los avances en materia de inmunización contra el coronavirus, no debería llamar a engaños, dada la dispar recuperación que se observa entre los distintos sectores de la producción, de la logística y de la comercialización.

El crecimiento del empleo formal es el gran desafío para el crecimiento del consumo que se avizora como el impulsor de la expansión. Sin embargo, las proyecciones en ese sentido no son aún demasiado promisorias. No debemos olvidar que en 2020 se perdieron más de 200 mil trabajos registrados; decenas de ellos en Formosa.

Pese a la contundencia de esas cifras, el mercado laboral no reflejó en toda su magnitud la crisis de la economía nacional, que retrocedió 10 por ciento en relación con el nivel que tenía a fines de 2019. La prohibición de despidos en la primera etapa de la pandemia, la doble indemnización para las cesantías sin causa y el auxilio estatal a través de diferentes programas determinaron que el mercado laboral formal se redujera apenas poco más de un tercio en relación con la caída del Producto Interno Bruto (PIB).

La luz al final del túnel que estaría comenzando a ver la Argentina, según el FMI, no sería un tren de frente, sino la salida de la crisis (una de cal). Empero -una de arena-, no podrá hablarse con firmeza de recuperación económica en tanto y en cuanto no haya una utilización a pleno de la capacidad productiva, para lo cual se requiere de la fuerza laboral que hoy cumple actividades reducidas por la todavía delicada situación sanitaria.

Desde hace varios años ya, la incorporación de trabajadores se produce, en gran medida, a través de contratos eventuales o por vía de la tercerización de servicios y de bienes. Esto señala implícitamente que las rigideces de la legislación laboral impiden la creación de más empleo formal. Ergo, no sólo es necesario el trazado de un sendero económico basado en la producción, en la innovación y en el equilibrio en el gasto público; es imprescindible, al mismo tiempo, despejar ese sendero de los obstáculos que acentúan el trabajo “basura” profundizando la pobreza y la pérdida de calidad de vida de mucha gente.



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