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Las emociones reprimidas

Una columna de Bernardo Stamateas



A veces sentimos algo, pero no nos damos cuenta de cuál es la emoción que estamos experimentando. En psicología, se dice que uno no identifica lo que siente. Por eso, es importante desarrollar el hábito de detenernos y preguntarnos: “¿Qué emoción estoy sintiendo ahora?”.

Hay personas que sienten una emoción, la reconocen, pero la esconden ¿Por qué? En general, por culpa. Todos, aun cuando no seamos conscientes, tuvimos emociones prohibidas en nuestra familia de origen. Por ejemplo, algunos comentan: “En casa, nadie se enojaba”. La ira, en este caso, era la emoción prohibida. O: “En casa, nadie demostraba afecto”. Aquí se reprimían las emociones lindas.

En una oportunidad, una joven me escribió y me contó: “Bernardo, a mí me maltrató mi pareja toda mi vida. Me separé y me fui a vivir a otro lugar. Hice amistad con una pareja que se llevaba muy bien. ¡Yo pensé que era mentira! Se tomaban de la mano, se respetaban. Yo creía, al principio, que estaban actuando porque no me criaron en el amor.

Entonces, muchas personas se guardan sus emociones, las esconden, porque sentirlas les produce culpa y vergüenza. Inconscientemente se dicen: “No puedo enojarme… o no puedo demostrar alegría… o no puedo ser tierno”. La culpa se encuentra en la base de esta manera de reaccionar tan común.

¿Qué es la culpa? Otra emoción que nos habla y nos dice: “No me lo merezco”. Mucha gente, sin darse cuenta, siente que no merece ser feliz y disfrutar de todo lo bueno de la vida. Pero lo cierto es que no venimos a este mundo a sufrir. Todos merecemos ser felices. Pero necesitamos darnos permiso para la felicidad y prohibirnos el autocastigo, el autorreproche, el automaltrato.

Ahora, ¿de dónde proviene la culpa? Del exterior. Algunos padres les repiten a sus hijos: “Por tu culpa, no pude estudiar… por tu culpa, no me pude realizar… por tu culpa, no pude viajar”. Se trata de gente condenadora que tiene la habilidad, con las palabras, de “psicopatear” a los demás, de agredirlos y hacerlos sentir una piltrafa, ¡incluso a sus propios hijos! Eso va afianzando la culpa en el interior de quien lo escucha constantemente.

Como adultos que somos, es importante que no nos hagamos cargo de las decisiones de los demás. Si mamá o papá, o cualquier otra persona, decidió no ser feliz y no hacer lo que deseaba hacer, fue su elección. “Yo no pude estudiar porque vos naciste”… no, esa persona no estudió porque no quiso, porque no se animó. Siempre hay una manera de lograr lo que queremos, aunque el camino esté lleno de obstáculos.

¿Sabías que en las épocas de crisis es cuando más nos hablan nuestras emociones? ¿Las estás escuchando? Son solo voces que aparecen en nuestra vida para traernos un mensaje. En medio de tanta incertidumbre y de tanto miedo, siempre la primera voz que se hace escuchar es el miedo. No hace falta reprimirlo, escuchemos lo que viene a decirnos: que existe un peligro afuera y es necesario cuidarse. Hagamos las paces con nuestro mundo emocional.

Instagram @berstamateas

facebook.com/bernardostamateas



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