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Mientras vuelan cohetes y misiles entre Israel y los territorios palestinos, el planeta Tierra es orbitado por productos de la ciencia y la tecnología que, por suerte, tienen fines alejados de la violencia.

Como para no caer en la desesperanza absoluta en el actual contexto de complicaciones sanitarias y económicas, falta de vacunas y un nuevo capítulo del desgarrador enfrentamiento entre pueblos vecinos que no encuentran la paz, es bueno recordar que el año pasado, en plena pandemia, la Argentina dio un paso importante en materia ambiental.

Satisfacción y orgullo despertó el lanzamiento del satélite argentino de observación con microondas Saocom 1B, lanzado desde la base de Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos.

Aquel acontecimiento, que tal vez para algunos pasó desapercibido por la influencia negativa del COVID-19 en el ánimo de la gente, fue, de alguna manera, un mensaje a las autoridades políticas en general respecto de la necesidad de apoyar las iniciativas de directa ligazón con la ciencia y la tecnología, tantas veces relegadas en Argentina.

Numerosos ingenieros y profesionales de otras ramas formados y desarrollados en el país trabajaron en esta auspiciosa misión. Entre ellos, los de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y del Invap, cuyos centros de operaciones tienen base en Córdoba y en Bariloche.

El producto resultó el esperado y hoy vuela siguiendo sus objetivos técnicos. El Saocom 1B no sólo está capacitado para medir la humedad del suelo sino que además cuenta con aplicaciones de emergencia en caso de detección de hidrocarburos en el mar y para el seguimiento de la cobertura de agua durante las inundaciones.

Un satélite argentino a la altura de los tiempos, que actúa como una enriquecedora fuente de datos desde el espacio para advertir acerca de los desastres ambientales que erosionan cada vez más el planeta. Catástrofes que con frecuencia indeseada se producen por falta de previsión técnica o impericia humana, o por la indiferencia de muchos gobiernos a escala global.

Respecto de estos últimos debe hacerse una aclaración: los satélites (hay muchos otros generando información vital) emiten abundantes señales de lo que está pasando en el mundo, pero si los gobernantes no atienden y entienden esos mensajes y asumen las responsabilidades que les competen, el esfuerzo de la ciencia será inútil.

El Saocom 1B, como se destacó oportunamente, no es un satélite más. Permite conocer muchos más detalles de nuestro suelo de los que sabíamos hasta ahora y, por ende, prever lo que las y los funcionarios deben hacer para optimizar las políticas públicas.

No es necesario ir a otras latitudes para saber de qué se trata: distintas regiones del país sufren cada tanto el castigo de inundaciones, sequías o incendios devastadores por la parsimonia en materia de medidas de prevención.

La Argentina puede hacer mucho más de lo que ha hecho hasta ahora en este campo. Para ello es necesario que el Estado apoye e invierta en actividades relacionadas con la ciencia y la tecnología, que son el soporte para el desarrollo económico de un país.



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