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"ENTRE CRONOPIOS" - SEGUNDA TEMPORADA

Sacar los yo afectados

Ciclo de Conversaciones en Vivo con Artistas Formoseños. Quinto Invitado: Tincho Iza – Actor – Director – Docente Teatral



Por Héctor Washington

En ocasión de recibir el Premio Nobel de Literatura 2005, Harold Pinter grabó su conferencia ante la imposibilidad de viajar a Estocolmo debido a su grave estado de salud. En aquel discurso, “Arte, verdad y política”, sostenía: “La verdad en el arte dramático es siempre esquiva. Uno nunca la encuentra del todo, pero su búsqueda llega a ser compulsiva. Claramente, es la búsqueda lo que motiva el empeño. Tu tarea es la búsqueda. De vez en cuando, te tropiezas con la verdad en la oscuridad, chocando con ella o capturando una imagen fugaz o una forma que parece tener relación con la verdad, muy frecuentemente sin que te hayas dado cuenta de ello. Pero la auténtica verdad es que en el arte dramático no hay tal cosa como una verdad única. Hay muchas. Y cada una de ellas se enfrenta a la otra, se alejan, se reflejan entre sí, se ignoran, se burlan la una de la otra, son ciegas a su mera existencia. A veces, sientes que tienes durante un instante la verdad en la mano para que, a continuación, se te escabulla entre los dedos y se pierda”.

Si de búsquedas inclaudicables se trata en el arte de la representación, Martín Iza es un claro exponente local, como actor, director y docente teatral. Nació en la ciudad de Formosa en 1989 e inició su formación actoral en el año 2009, en la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del Maestro de Actores Lito Cruz. Dentro del mismo estudio realizó diversos seminarios especiales de actuación con docentes como David Di Nápoli, Pepe Soriano, Luis Brandoni, Patricio Contreras y Leonardo Sbaraglia.

Entre los años 2010 y 2013, fue alumno de la docente e investigadora teatral Cora Roca en el curso “La Palabra en Acción” y formó parte del Taller de Entrenamiento Integral del Actor y Elenco, bajo la dirección del Maestro de Actores Agustín Alezzo.

En 2012 fue admitido, mediante examen de ingreso, en el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral en la Cátedra de Expresión y Expresión Corporal, a cargo de Verónica Oddó. Ese mismo año, asiste al Seminario de Pedagogía Teatral con el Maestro Raúl Serrano, en la Escuela de Teatro de Buenos Aires.

En 2013 comenzó su formación como Director y Docente Teatral y al año siguiente obtuvo una beca del Instituto Nacional del Teatro y la Embajada de Estados Unidos para el Curso Intensivo “De Stanislavski a Strasberg”, dictado por el Maestro Barry Primus del “Actor´s Studio” de Los Ángeles, realizado en el Estudio de Carlos Gandolfo en la Ciudad de Buenos Aires.

Trabajó como actor en teatros oficiales e independientes, interpretando piezas como “Made in Lanús” de Nelly Fernández Tiscornia, “Casa de Muñecas” de Ibsen, “Babilonia” de Discépolo, “¿A qué jugamos?” de Carlos Gorostiza y “Puesta en claro” de Griselda Gambaro, entre otras.

Así también ha llevado su experiencia al cine, destacándose en películas de producciones internacionales como “En el andén” (Francia) y “El Alma” (Chile), siendo premiado por su labor actoral en festivales de cine independiente realizados en Portugal y España. Ha realizado también participaciones televisivas en ciclos como “El hombre de tu vida” (TELEFÉ), bajo la dirección de Juan José Campanella, “Casi Ángeles” y “Hoy bailaré” (Canal Encuentro).

En 2012 debuta como director teatral con el montaje de la obra “El triciclo”, del escritor y cineasta español Fernando Arrabal, junto al grupo de teatro adolescente del Estudio de Teatro de Lito Cruz. Su trayectoria en la dirección se extiende a obras como: “Queridas mías” de Beatriz Mosquera, “El cuidador” de Harold Pinter y “Una libra de carne” de Agustín Cuzzani.

Desde el año 2016, se establece nuevamente en la ciudad de Formosa. A partir de ese momento, su actividad se reparte entre la enseñanza, la dirección y la producción teatral. Entre los espectáculos podemos destacar obras como “Un simio oscuro” de María Rosa Pfeiffer y “Venecia” de Jorge Accame, en La Mandinga Centro Cultural Independiente; además de “Capullito de Alhelí”, con el grupo “Los de al lado”.

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¡Qué trayectoria! Me quedé sin aire…

- “Qué bárbaro. Adónde nos llevó la curiosidad, Dios. Y no te das cuenta cuando pasa, a menos que te lo cuenten así. Es como que vivís tan urgente todo el tiempo, que es difícil detenerte. Y cuando hacés un compilado como el que hiciste ahora, y… se anduvo, se anduvo. ¡Hasta dónde nos llevó la pasión!”.

Hablando de esta pasión… arrancamos así, bien power: ¿Qué es actuar según Tincho Iza?

- “Para mí, es la única forma de vida que encontré, el único medio sin el cual yo no entendería mi día a día… sin el oficio teatral. Ya sea actoral, de dirección, de docencia. Es algo que quizá no sé si lo entiendo del todo, pero creo que ahí radica la pasión hacia el teatro. Todavía no le encontrás la vuelta. Y creo que cuando le encontrás la vuelta, ya la vida se ha pasado. Pero básicamente es mi forma de entender y ver la vida”.

En una ocasión, uno de tus grandes maestros, Lito Cruz, aseguró que “la gente quiere actuar, cantar, bailar para sacarse esos ‘yo’ afectados que tiene en la vida”. ¿Cuáles serían los tuyos, si fuera tu caso?

-“Todos. Todos los yo afectados los tengo acá. Qué lindo el recuerdo de Lito también. Mi yo afectado varía mucho. Lo bueno es que los observo mucho también, los tengo muy presentes. Eso también es algo en lo que hago mucho hincapié en mis clases, esta cuestión de: ‘Bueno, tenés que ser buena persona’ y demás, casi como ocultando la otra parte. Y la otra parte también me interesa, me interesa verme desde eso que quizá socialmente no podés hacer y que el teatro te ayuda a canalizar. Pero los veo a todos y me gusta, me gusta reconocerme. Es esto que dice José Pablo Feinmann acerca de que ‘todos somos probabilidades’. Bueno, todas las probabilidades que tenemos me gusta ver, porque también permite conocerme a mí y conocer los límites y esas máscaras falsas que muchas veces llevamos desde lo social y uno por ahí no quiere explotar. Entonces, el teatro me ayudó en eso. Siguiendo con la pregunta anterior, creo que el teatro te ayuda mucho con esta cuestión de mirar los yo afectados que uno tiene, que encima en esta época en la que estamos viviendo, es como que las 24 horas tenés de todo, los cuatro climas, como la Argentina”.

Recién recordábamos a Lito Cruz, que es un poco tu faro, quien encendió la mecha… después te nutriste de otros grandes exponentes como Pepe Soriano, Luis Brandoni, Patricio Contreras, Leonardo Sbaraglia… ¿Qué trajiste en tu valija de todo aquello?

- “Casualmente, en la época de estudiante de teatro, había un profesor que era mano derecha de Lito Cruz, que se llama Augusto Britez y que nació acá en Laguna Blanca, formoseño él. Y desde muy chico estuvo allá. Él nos decía: ‘Bueno, de todos los profesores traten de tomar un poco y después hagan la síntesis suya, a ver por dónde va’. Y yo convivo todo el tiempo con mis maestros, ya sea con Lito, ya sea con Augusto Fernández, con Alezzo… Convivo porque yo hago mi profesión día a día, yo la construyo en cada clase. Es como volver otra vez. Lo lindo que tienen las profesiones como la mía, como el teatro o la danza, profesiones expresivas, es que no hay una fórmula, que todas las veces que comenzás, tenés que hacer el mismo caminito para llegar a ese punto. Y ese caminito todos los días te dice algo diferente. Y aparte también los años te van dando otro aplomo y vas entendiendo. Hoy quizás agradezco que todo este camino de la docencia, que es el lugar donde más me encuentro con estos maestros, me pone a prueba de lo que yo era. Entonces, ¿qué me traigo de ellos? Todo, todo. Hay veces que ves a un actor que está trabado y se te viene Alezzo diciendo: ‘Bueno, yo te marco que es por acá, no te digo cómo hacerlo, te marco solamente’. Creo que es una búsqueda interna del propio actor. Entonces van variando esas vocecitas, como le gustaba decir a Fernández, que cada tanto vienen y te dicen: ‘Mirá, es para acá, mirá para el otro lado’. Entonces de ellos me llevo la experiencia, lo aprendido y el haber vivido, que quizás muchas veces no me frené a pensar eso. Me pasó el año pasado cuando Agustín Alezzo murió por esta enfermedad que nos tiene a todos a maltraer. Y vos decís: ‘Mirá, estuve ahí’. Pero no caés hasta el momento en que te distanciás un poco de eso. Y sin embargo, estás todo el día conviviendo con lo que te dejaron”.

Y qué bueno esto de ir transmitiendo como docente; así como tomaste de ellos, también tenés la oportunidad de transmitirlo, de formar a nuevos actores…

- “Está bueno, está bueno. Hay como un mote cuando te dicen ‘Profe’, ‘Docente’… Yo me siento medio extranjero en el mote de profesor, porque no lo soy; pero sí me considero un entrenador de actores. Porque el ‘profesor’ te pone en un pedestal quizá que tiende a ser como muy sacro, del cual no me quiero abusar tampoco de que sea así. A mí me interesa mucho esta transmisión de humano a humano, de persona a persona. Y sobre todo me interesa en una primera instancia la persona. Y después, bueno... en definitiva se irá formando lo que es la actoralidad de cada uno, que en definitiva tienen relación, porque están totalmente conectados. En ese ida y vuelta, yo me nutro más. Y hay muchas veces que me ha pasado, inclusive últimamente, que hemos dado una gira con -en joda decimos- nuestro ‘grupo de cumbia’, con Natalia, Mariana y Ramiro, por el interior, en donde te nutrís de otras realidades que quizás vienen a bajarte un poco de donde estás también, porque te llaman para una entrevista, te empiezan a convocar por otros lados y por ahí la cabeza se te dispara un poquitito en el sentido de creértela. Entonces está bueno que la profesión también te sirva para bajar y decir: ‘Bueno, mirá, vos estuviste también ahí. Así que no te hagás tanto el gil’. Y entender las otras verdades, que no tienen nada que ver con las mías muchas veces”.

El teatro también propicia el trabajo con el otro, de estar en contacto permanente con el otro, la interacción con el otro ‘distinto de mí’, comparándolo con la escritura o la pintura, por ejemplo, que en general son actividades más en soledad…

- Sí, en una entrevista Augusto Fernández decía: ‘Yo no me puedo imaginar mi vida que no sea en grupos’. Es como una profesión tan promiscua donde estás todo el tiempo con montones de personas y hay veces en que también necesitás estar solo. Más allá de que ahora estamos viviendo una situación en cuanto a la soledad que también está buena. Pero en ese ida y vuelta con las personas, vas conociendo otras verdades que te permiten reflexionar que no tenés el poder absoluto o el saber absoluto. Y sobre todo en el teatro, donde las variantes están en los personajes… Un Hamlet no tiene nada que ver conmigo a simple vista. Pero si empezamos a indagar, seguramente que sí. Todos tenemos algo de Hamlet o algo de Romeo, de Julieta… Somos muy shakesperianos nosotros. Lástima que Shakespeare nació tan lejos, porque tiene el gen argentino tan metido, que tranquilamente podría ser un argento más él. Y en ese sentido está bueno, porque el teatro es una disciplina del conocimiento y nunca terminás de conocer, porque hay veces que viene un alumno no con la búsqueda de ser actor o actriz, viene porque el psicólogo le dijo: ‘Bueno, andate a teatro, a ver qué te pasa con eso’… Hay otros que vienen a matar ese pudor al hablar también. Entonces conocer las diferentes motivaciones también está bueno y observar también qué tenés vos de esa problemática. Todos la hemos pasado, no es que yo nací recitando el ‘ser o no ser’. Yo creo que me tropecé con el teatro o no lo sabía, porque hubo señales así, hasta una decisión de mi tía, que me dijo: ‘Bueno, andate a lo de Lito Cruz’. Y ahí creo que recién encaucé todo. A mí me encanta ese ida y vuelta con el alumno, con la persona, ver cuáles son las motivaciones, porque hay muchas veces que esas motivaciones internas que tiene cada personaje tienen mucho que ver, hablan de la persona y que quizás el público no sabe, y dice: ‘Mirá vos cómo lloró, qué bueno’. Y el chabón se fue atrás y se lloró la vida porque se le vino un recuerdo de algo. Y eso está bueno, como el seguir aprendiendo”.

La actuación te ha dado numerosos reconocimientos, incluso internacionales, en Portugal y España, aquí particularmente como actor protagónico en drama. ¿Es tu ambiente natural lo dramático? Hay quienes dicen que lo cómico suele ser más arduo. ¿Es así?

- “Sí. Lo cómico y lo infantil. Son las dos peores cosas que te pueden llegar a pasar como actor. Pero no porque sean géneros feos sino porque son difíciles. El drama lo que tiene es que vos te podés tomar muchos momentos, la pausa es como que te salva. Y la comedia es casi musical, tenés una partitura que respetar hasta el remate. Entonces, si vos arrancás queriendo ser gracioso, la terminás cagando porque no hacés reír a nadie. Yo doy el caso de ‘Esperando la carroza’, que no tiene la intención de hacer reír. Es un devenir de las situaciones lo que te hace reír. Porque si vos escuchás el monólogo que hace China Zorrilla cuando viene comiendo el helado y dice: ‘¿Qué somos? ¿Negros para no tener…?’ o ‘¿judíos para no tener ni siquiera creencia religiosa?’, vos te reís de eso. Pero si te quedás un ratito, vos decís: ‘A la miércoles, es complicado’. El humor tiene esa cuestión que se maneja con sutileza. A nosotros, cuando empezamos a hacer improvisaciones en teatro, nos dicen: ‘No trates de hacerte el gracioso, porque no se va a reír nadie. Dejá que siga, dejá; vos hacé el laburo que hacés pero no hagas esto de querer ser más gracioso que el chiste’, porque no tiene sentido. Y el drama es como que lo tenemos todos muy a flor de piel, porque somos dramáticos naturalmente nosotros. Todo nos afecta, todo nos hace llorar, por todo puteamos… Entonces es como que lo tenemos un poquito más a mano, la máscara del drama, del enojo y el llanto. Y la risa está un poquito más allá. Pero esto tiene que ver con que hay un regodeo en el ser humano en esta cuestión del estar mal. Viste que cuando estás bien, decís: ‘Che, pará, está demasiado bien esto, ya es raro’. Entonces buscás sentirte mal para corroborar ese estado. Esa máscara de comedia te queda un poquito más lejana. A mí, por lo menos, me encanta el drama porque me permite desconocerme a mí. Porque, por ejemplo, yo nunca maté. Ahora vengo, hace unas horitas, de terminar de filmar la miniserie ‘No abras este mensaje’ y de estar hablándole a la nada. Y que de repente sea un bicho eso, un monstruo, me siento más cómodo ahí, porque tenés otros tiempos. Y me gusta indagar a ver qué me pasa en esas cosas que Martín no es habitualmente. Me permito conocerme desde otro lado y desconocerme también. Es lo que tiene la ficción. Por eso el teatro es un terreno difícil y a muchos les cuesta, porque es el lugar donde se violan todas las normas. Vos no vas a concebir una obra de teatro donde no haya conflicto, porque no tiene sentido. A mí no me ha pasado de querer matar a alguien, pero sin embargo vos en la ficción podés articular eso. Más allá de que tengas ganas de matar a alguien, sabés cómo es, pero no tenés como el hecho en sí. Esto es lo que te permite el teatro”.

La dirección, imagino, es algo más complejo en el sentido de que se trata de sacar del otro lo mejor que tiene, ya no de uno mismo, como las otras artes, que tienen mucho de autorreferencial…

- “La dirección lo que tiene es que vos ahí tenés que saber cómo hablan todos los personajes y cómo habla la estética y cómo habla la luz y cómo habla el sonido. Es como que tenés el gran cuadro y vos sos el que va ecualizando esos sonidos. Yo particularmente hace mucho tiempo que me vengo dedicando de lleno a la dirección y me gusta esto porque también es un entrenamiento, a ver cómo yo veo ese crisol de personalidades arriba del escenario, cómo los hago hablar. Entonces hoy, con la primera pregunta que vos me dijiste acerca de qué es el teatro, bueno: es el no dormir, es el estar tomando un mate y decir: ‘A ver cómo va a hablar éste, por qué tiene que hablar…’. Tenés que conocer las motivaciones de por qué hacen lo que hacen también, porque no es solamente decirle al actor: ‘Che, mirá, parate ahí y decilo de esta manera’, porque si no, para eso, el actor me dice: ‘Bueno, dejate de joder, subí y actuá vos’. Ahí radica lo rico de la dirección, que también es compartir las visiones. Yo por ahí puedo tener una visión de cómo es el personaje y quizás el actor tiene otra dramaturgia en su cabeza que termina completando y hasta muchas veces mejorando la mía. A mí me gusta por eso laburar con actores, entrenar actores, porque lo que aflora de ese laburo me enriquece a mí también, porque hay cosas que no las veo. Y tampoco tengo la soberbia de querer saber todo, me gusta no saber y que cada uno sepa qué es lo que va a dar, así yo también veo cómo ejecuto después”.

Por otro lado también está tu actividad docente, con seminarios, asistencias, talleres. Hace poco recorrieron incluso Las Lomitas, Pirané y Laguna Blanca con una capacitación para maestros e intérpretes en artes escénicas. ¿Cómo fue esa movida?

- “La verdad es que fue una experiencia bastante compleja de llevar a cabo, porque nos hemos topado con todo. Lo que te estés imaginando ahora, sí. Dale sí a todo, porque todo eso que te estás imaginando nos puede haber pasado. Pero a su vez también fue proporcional a la experiencia de poder abrir nuestras profesiones, nuestros conocimientos y experiencias en lugares a los que quizás muchas veces no llegan. Viste que todos tenemos la cultura centralista en todos los ámbitos. Y esa apertura nos permitió a nosotros conocer otras verdades, otras realidades, y conectar nuevamente con lo que pasa en otro lado con el arte, con el oficio, con la profesión del arte. Y en ese ida y vuelta que nosotros siempre habíamos planteado al final de cada capacitación pasa algo que no suele darse, que cuando sucede vos decís: ‘A la miércoles, mirá hasta dónde uno llega’. Porque uno cuando está de este lado impartiendo órdenes, entre comillas, o dando una clase, no sabe hasta qué punto llega a esa persona. Casi siempre uno va pensando y está dudando: ‘¿Estoy llegando o no?’. Pero cuando los escuchás, hasta uno se sorprende. Y tener la posibilidad de llevar el arte a lugares donde no es que no se lleva, se olvida directamente. Nosotros tenemos una cultura tan amplia, tenemos un territorio tan extenso, que es casi inadmisible no contar con estos ciclos, no solamente nosotros sino también de otros capacitadores, de que se recorra más, porque hay unos artistas del carajo en toda la provincia. Entonces yo creo que particularmente fuimos los que más aprendimos, más que los alumnos propiamente dichos en esas localidades. Porque viste que siempre está esta cuestión de algo que nosotros le criticamos a Buenos Aires, que muchas veces ves una ficción y decís: ‘Otra vez lo mismo, otra vez Gonzalo Heredia… otra vez este pibe’. Bueno, pasa lo mismo acá. Hay gente que tiene mucho para contar y que ha labrado en el sentido literal la profesión y que la viene peleando desde hace mucho. Porque es difícil, el arte es difícil acá, en el interior, en todos lados. Pero en el interior, donde la mirada no está puesta, ahí sí es sangre, sudor y lágrimas. Igual, el arte en sí es así. Por ahí nosotros tenemos otros recursos y si hubiéramos estado en Buenos Aires, vos decías: ‘Bueno, dirigís el Barcelona’; difícil es dirigir acá… Flandria, no sé. Ahí es difícil, pero se hace. Entonces en ese hacer está la riqueza cultural”.

En lo audiovisual estás con proyectos, a pesar de los contratiempos propios de la situación que vivimos. “No abras este mensaje” es una serie local de terror que se está gestando. Contanos de qué se trata...

- “‘No abras este mensaje’ está producido por la gente de Iru TV; es una serie de terror. Esto obviamente me lo van a estar corrigiendo porque tiene un género más particular que el terror. Pero, bueno, generacionalmente no manejo ese género y para evitar una mala pronunciación en inglés, no lo pienso decir. Básicamente son todos los mitos y leyendas que aparecen a través del Internet, como Momo, la Ballena Azul, que son los más conocidos. A mí me tocó The Rake, que yo particularmente no lo conocía, que es un bichito no tan amigable que anda por los campos. Y nos tocó filmar ahora en estos días. Hoy terminamos de filmar y es para mí una vuelta a la actuación, encontrarme con ese actor que había quedado dormido allá en el 2016, que lo había guardado más que dormido, para incursionar en otros lugares donde me interesaba también ir. Y está bueno el género, es difícil porque yo le decía hoy a Carlos Leyes, que es mi compañero de elenco, porque ayer me tocó una escena donde estoy cara a cara con el bicho, pero no había nada: ‘Ahora yo lo entiendo a Germán Kraus cuando hacía ‘Dibu’’. Esto de reaccionar al aire. Pero también es la convención que se hace en el lenguaje cinematográfico, que tiene otros ritmos que no son los de la teatralidad, por ejemplo. Y es un entrenamiento. La verdad es que me quedé con ganas de más. Vamos a ver hasta dónde lo planchamos a mi actor. Así que es una linda serie, con una producción a la que le han metido muchísimo. Lo destacable es que la mayoría de los chicos que están en el equipo son todos estudiantes de la ENERC, lo que es valorable en el sentido de que al tener recursos, quizás si vos vas a hacer una producción de esta envergadura, llamarías a personas de Buenos Aires, que traigan todos los equipos y hagas y te asegures que el producto va a salir así… un relojito. Y sin embargo, convocar a estos pibes, que son hipertalentosos todos en sus áreas, también vos decís: ‘No, no hay nada por lo cual llamar a Buenos Aires y que traigan sus equipos’. Acá hay un talento de puta madre. La verdad es que son pibes que están a la orden, te hacen sentir bien, te acompañan. Y hay un laburo de producción que va a hacer que la gente tenga un producto de calidad enorme. Pero tiene esta cuestión del arte de que tenés que patear el tiro libre e ir a cabecear también, que es como una constante en nuestra profesión. Así que también sigan los a los chicos, porque son nuevas generaciones que hacen que el arte y la cultura tengan un aire nuevo, se renueven, que eso es lo que yo vengo viendo desde que me tocó volver a Formosa, ese cambio generacional de quienes tomaron la posta de las diferentes disciplinas. Esta cuestión generacional generalmente yo la veo con mis alumnos adolescentes. Hay ciertas cosas que ya no van, que nosotros somos como esa franja o esa generación rupturista que tenemos mucho de nuestros viejos en la cabeza, muchas estructuras en la cabeza, pero que vamos para el lado de ellos. En cambio, ellos ya vienen con una cuestión de: ‘Veo, creo en lo que veo y voy hacia ese lado’. Y ya no hay tantas idolatrías y todas esas cosas que nosotros tenemos todavía”.

En teatro además, “El fortín de los caranchos” está pidiendo pista de estreno, ¿no?

- “Casualmente hoy se cumplen dos años de la primera reunión de elenco, imaginate. Y todavía no la pudimos estrenar. Hay todo un trasfondo anecdótico de color que tiene ‘El fortín de los caranchos’: Cuando Carlos Leyes nos empezó a convocar a la obra, nos decía: ‘Es un Macbeth… Macbeth’. Hasta que una actriz le dijo: ‘Guarda, que estás haciendo un Macbeth’. Y nadie sabía por qué. Entonces le dice: ‘Porque viste que Macbeth tiene una maldición, que el que lo hace recae en él’. Nosotros nos cagamos de risa, dijimos: ‘Bueno… mitos del teatro’. Y así y todo, nos cayó una pandemia mundial. Así que ‘El fortín…’ en estos dos años nos permitió muchas cosas. A pesar de haber sido gestado en prepandemia y desarrollado en pandemia, nos trajo muchas alegrías y muchos conocimientos. A mí, personalmente como director. Y siempre me peleé con Shakespeare. Yo le tenía mucho miedo a Shakespeare, como actor y como director… me parecía como muy solemne, una institución. Pero después cuando lo vas conociendo, vas viendo ver qué es lo importante de Shakespeare. Y en ‘El fortín…’, como Shakespeare es muy argentino, adaptarlo a nuestra idiosincrasia fue fácil, porque más allá de la poesía, más allá de su manera de escribir, que corresponde a un lenguaje, a un tiempo, lo que no se transgrede de Shakespeare es la esencia. Y ‘El fortín’ tiene esa esencia de hablar al humano de la ambición, qué pasa cuando la ambición se te presenta. Que nos pasa a todos, viste que nosotros estamos ahora acá, estamos encima en un medio, y decimos: ‘¡No! ¡La corrupción! ¡Todos presos!’, pero no nos pasó. Yo creo que ni a vos ni a mí nos pasó que nos entreguen una valija llena de guita y digan: ‘Mirá, nadie se va a enterar; acá, muzarela. Te la llevás, Washington’. Y vos no vas a decirle: ‘¡No! ¡Jamás! ¡Nunca!’. No estuvimos ahí. Y Shakespeare habla de eso. Y esas son las motivaciones que a mí me interesa contar. Yo en teatro, cuando dirijo, trato de dirigir lo que en ese momento esa pulsión está hablando de mí o de algo que no conozco y que quizás quiero conocer. Y me interpela en ese sentido de esos temas que están tan a la orden del día y que los vemos en la política, nuestra sociedad, en nuestros vínculos. Eso es lo que me interesa, no el juzgar, el prejuzgar, porque no sabemos cómo vamos a reaccionar. Y volviendo a ‘El fortín…’, nosotros tenemos la posibilidad de filmarla en este momento, porque fue largo el proceso. La filmamos y a la semana nos cayó la Fase 1. Signados por la tragedia. Pero por lo menos la filmamos con un elenco enorme y tuve el placer de que todos hayan laburado. No quiero nombrar a todos porque alguno me va a faltar. Igual, así también destacar a la gente que estuvo detrás, porque también me gustaría que empecemos a revalorizar no solamente al actor que se expone, que está arriba del escenario, sino a todos los laburantes que están atrás con un proceso de meses de atosigarlos con mensajes, con juntarnos, con dibujos, planificación… un grupo enorme que llevó a cabo una gran obra. Y viste esta injusticia que tiene nuestra profesión de que estás dos años para una hora de función. Pero es el arte de lo efímero lo nuestro y creo que ahí radica el fuego sagrado. Así que estamos esperando ahora; seguramente en semanitas van a tener novedades y la van a poder ver. Es una obra de Carlos Leyes y Pablo Bontá, una linda adaptación que después nos encargamos de destrozar. Yo desde dirección y los actores también, que para eso están los textos justamente. Como dice un dramaturgo y profesor de teatro, Edgardo Dib, santafesino: ‘Los textos están para destrozarlos totalmente’. Así que hicimos gala de eso”.

Hablando justamente de ‘El fortín…’, que es una adaptación de Macbeth… Resemantizar, como es tu caso, a clásicos como Shakespeare, Ibsen, Pinter… o incluso Eurípides, yendo más lejos, es volver siempre a un tratamiento con la condición del ser humano, en sus claroscuros y sus miserias más latentes, sus debates… no pierden vigencia esas lecturas. ¿Es como la función del teatro también sondear al ser humano desde la otredad?

- “Sin dudas que sí. Creo que si hay una pulsión que me mueve, es esa, el observarnos. A mí como director me toca plantear algo que a mí me pasa desde el pensamiento, pero nunca vas a saber qué le pasa a toda esa cantidad de público que puede llegar a ver la obra y donde cada uno va a tener su juicio, con el que coincidiremos quizás o no. Pero la mirada constante hacia el otro es lo que creo que a todos los que hacemos teatro nos mueve. A mí particularmente me fascina y siento una real fascinación por esas personas que vos decís: ‘¿Por qué reacciona de esa manera?’; ‘¿Qué le pasa para que pueda llegar a hacer esto?’. En la vida lo hacemos nosotros, naturalmente tenemos el ejercicio de mirar, pero desde nuestra estructura, nuestras represiones sociales. Obviamente, hay algunas represiones que está bueno que las mantengamos, porque imaginate si te gusta alguien y pasa por la vereda, vos no te podés ir y chaparla ahí. Terminás en cana. O si querés matar a alguien, no podés ir a matar. Lo que me interesa en ese sentido es qué es lo que mueve y la represión también que hace que hagas que tenga otro proceso más. Entonces el mirarnos constantemente creo que sin dudas es la esencia del teatro, es eso. Volviendo también un poco a la pregunta que me hacías sobre qué es el teatro. Y… mirar al otro, aprender a mirar al otro y a mirarnos en el otro, el mirarnos en el otro. Una risa en el teatro no es porque el humor se ejecutó de buena manera, sino que bajó un mensaje y eso se transmitió de igual manera a toda esa gente que se rió; no es una risa porque sí, no es el humor porque sí. Es un mensaje que todos decodificamos de una misma manera. Y esa risa es la que a mí me interesa, porque decís: ‘A la mierda. El mensaje entonces fue captado’, porque hay un silencio donde nadie se mueve. Y vos decís: ‘Bueno, bien, le encontramos el norte’. Entonces ellos se vieron interpelados y por eso también esta búsqueda de una verdad en el actor, de que cuando habla, hable bien. Agustín Alezzo nos decía: ‘A mí no me interesa que ustedes sean talentosos, me interesa que hablen bien, que se les entienda’. Y eso a mí también me lleva por una búsqueda de que el público entienda un mensaje y que el actor entienda lo que está haciendo también, porque hay una responsabilidad artística. No es solamente subirse al escenario, pararse arriba de una mesa y gritar: ‘Ser o no ser, esa es la cuestión’, bajarme y que me aplaudan. No. Yo sé lo que es ser; ahora, yo no sé lo que es no ser. Ahí hay un ejercicio teatral, ahí hay una pregunta teatral y está bueno empezar a responder”.

No podemos obviar la situación actual de los trabajadores del espectáculo en Formosa. ¿Qué reflexión podés hacer al respecto, en base a este contexto tan difícil que se va agudizando más y más, lejos de mejorar?

- “Es una sensación de total abandono. Formamos parte de un grupo de NN terrible. Me parece que todo lo que pasó no es solamente en la situación actual. Empiezan a repercutir años y años de falta de políticas concretas culturales. Siempre cuando pasa algo -bueno, nunca nos pasó una pandemia-, son como pequeñas gajeas. Pasa algo, entonces… una medicina paliativa, pero te vas muriendo. O sea, lo único que hago es prolongarte la vida. Y esa situación de abandono total yo creo que también tiene que ver con mucha ignorancia por parte de quienes están al frente de las políticas culturales, un gran desconocimiento. Y lo peor de todo es que todo ese combo viene con muchos gramos de soberbia -kilos, te diría, de soberbia- de parte de ellos. Hablo de ellos para no caer en un lugar odioso que lamentablemente tenemos nosotros, como que vivimos en una constante grieta todo el santo tiempo. Nosotros estamos en el medio y cada vez más hundidos en esa grieta, porque no nos ve nadie. No hay políticas en serio, no se piensa la política cultural. Yo creo que estas autoridades que tenemos nosotros y que son las que imparten las órdenes creen que nosotros nos subimos al escenario y listo, no hacemos nada, somos entretenedores, como se animó a decir en algún momento algún ministro. Y sí entretenemos, pero el entretenimiento del público es nuestro trabajo. Nosotros trabajamos para ese momento, nosotros trabajamos mucho tiempo, muchas horas. En el caso mío, es mi profesión y la fuente de laburo total. Entonces es muy difícil y te da bronca, porque ves que no hay un interés, es evidente que no hay un interés. No les interesa, no entienden y tampoco se rodean de gente que entienda. Entonces el día que se dejen de gobernar arriba de una Hilux, quizá puedan tener un poquito más de sensibilidad. Y te hablo desde la bronca y la desazón del sector cultural y teatral en lo que respecta a mí, que dentro de todo tengo ciertos privilegios, porque tengo comida, tengo un techo… Y hay otras personas en esta situación: ¿Qué les vas a decir a esos feriantes que viven de las changas? Nadie los mira. Nadie. Nadie. A mí me parece que tendrían que bajar. Hay una linda frase que decía Carlín Calvo una vez que se fue al estudio de Lito: ‘Ustedes, cuando empiecen a ser conocidos, lo primero que van a hacer es polarizar la camioneta’, porque somos así. Estas personas creo que viven con un polarizado bastante grueso que no les permite bajar al llano. Pero no les permite por una cuestión de egocentrismo, de que no hay autocrítica, porque no los vas a ver nunca haciendo una autocrítica. Acá todo es color de rosa. Y los medios también fogonean en ese sentido, porque también el que está en el medio sirve como carne de cañón para que de aquel lado digan: ‘¡Están pasándola mal!’, y del otro lado respondan. Entonces se convierte en una cuestión de bandos, de los dos bandos, oposición y oficialismo, para ver quién la tiene más larga. Y en el medio, mientras ellos se pelean por esa cuestión, la gente se está cagando de hambre. Y se está cagando de hambre en serio”.

En el encuentro anterior estuvo el músico Roly Colman y él decía: “Esto no es de ahora, Formosa viene en pandemia desde hace muchos años en cuanto a políticas culturales”.

- “Es histórico. Lo bueno es que si hay algo rescatable en todo este tiempo, es que nos ha servido como para empezar a cambiar ese paradigma de que el arte es como nada, que somos los loquitos que nos paramos arriba de un escenario cada tanto. No. El arte es un trabajo y un trabajo muy en serio. Hay mucha gente que vive solamente del arte. Y te hablo desde actores, bailarines, hasta los pibes que hacen malabarismo ahí en un semáforo. Es dedicarle un tiempo y es morfar. A mí me pasa que la bronca va por el lado de que todos pasamos a ser parte de una gran encuesta de números y no se dan cuenta de que están tratando con personas. Somos personas, no números. Entonces, si vos vas a salir todos los mediodías con un papel donde vas a decir: ‘El 60% de las PyMEs cerraron…’. Sí, bueno, pero hay familias detrás. Enfocate en las familias, salí un poco, embarrate, empezá a tener un poco de sensibilidad. Y es cierto lo que decía Roly: nosotros venimos hace un montón de tiempo, un montón de tiempo en pandemia. Y casi siempre esos problemas los tuvimos que resolver nosotros. Porque cuando vas a buscar alguna solución, te dicen: ‘Y bueno, hagan ustedes y nosotros hacemos lo siguiente’. Entonces vos decís: ‘Y bueno, entonces dame vos el sueldo a mí y estoy en tu lugar’. Les mando un beso. Si están conectados, les mando un beso y a ver cuándo se ponen las pilas también estos muchachos, que con una credencial no hacemos nada”.

Imaginemos una especie de decálogo de Tincho Iza, una serie de didascalias a tu cargo para la vida del trabajador teatral. ¿Por dónde iría o qué puntos resaltaría, de acuerdo con tu experiencia?

- “Yo creo que una sola: curiosidad. Creo que eso fue y sigue siendo el motor por el cual se alimenta esta profesión, que tiene en cuenta todas estas cuestiones que siguen pasando o no, esto que hablábamos hace un ratito. Hay veces que vos decís: ‘¿Por qué carajos todavía sigo amando lo que sigo haciendo?’. Es imposible, es como te decía hoy. Yo no concibo mi vida o no entendería mi día a día sin ese teatro, y sin esa curiosidad que me despierta hacer una comedia como ‘Terapia abierta’, como el drama de ‘El fortín de los caranchos’, enfrentarme a un monstruo como en ‘No abras este mensaje’. O también reflexionando acerca de estas cuestiones que está bueno mirarlas porque hacen al desarrollo cultural de una sociedad. Es mentira esta cuestión de decir: ‘Yo me aíslo, porque mi vida es el arte’. La verdad es que no puedo y no quiero tampoco. Y todos esos yo afectados que decíamos al principio, en consonancia, hacen que resuene esa pasión, que siga esa pasión. Con Mariana Capra, gran actriz, y Rubén Parra, estamos preparando también una obra que tiene un embarazo de dos años de proceso, que se llama ´Terapia abierta’, que es una comedia un poquito dramática pero donde desde la comedia cuando te rías, vas a saber que te estás riendo de algo heavy como es el plantear una pareja abierta a alguien. Creo que es importante valorar el laburo en general y el laburo cultural. El arte es un trabajo como cualquier otro y que acompañemos a todos los artistas independientes ahora y después, que lo vamos a necesitar mucho. Así que, arriba los artistas independientes, que la vamos a seguir guerreando”.



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