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Reflejos contradictorios



Sabor a muy poco -prácticamente a nada- dejaron ayer al mediodía las explicaciones del Consejo de Atención Integral de la Emergencia COVID-19 “Dr. Enrique Servián” sobre dos acontecimientos que conmocionaron a la opinión pública formoseña en las últimas horas: la dolorosa “muerte súbita” de una mujer en una escuela céntrica devenida en centro de alojamiento y tratamiento de personas contagiadas, y la clausura de un laboratorio privado de análisis clínicos -supuestamente, por no informar a adecuadamente a las autoridades los resultados de los test rápidos de coronavirus-.

Ambos casos, luego de una jornada en la que se hizo hincapié en la situación de “tensa demanda” que vive el sistema sanitario provincial, abrió nuevos interrogantes en torno a la gestión de la pandemia en Formosa.

En el centro de la polémica quedaron esta vez los reflejos del Estado, vigilantes y prestos a clausurar un laboratorio sin darle oportunidad previa a hacer un descargo, por un lado; aletargados y cero perentorios, por otro.

Mucha gente se preguntaba ayer qué procedimiento era más urgente: cerrar las puertas de un laboratorio por cuestiones formales en el manejo de la comunicación de resultados de testeos de coronavirus o asistir con la debida diligencia a una mujer que, paradójicamente, murió en un “centro de atención sanitaria” sin recibir más que una toma de temperatura, y cuyo cuerpo terminó siendo retirado de la habitación (en la que había otras cuatro personas) casi dos horas después de que se comunicara el deceso.

Según explicó la Mesa del COVID, los laboratorios locales pueden realizar testeos de coronavirus pero sólo a demanda de clínicas y sanatorios, no de particulares, como sí viene ocurriendo fuera de nuestros límites geográficos.

El sistema de salud formoseño no escapa en este momento a la realidad nacional, que muestra un crítico agotamiento de los recursos materiales y humanos. De hecho, se abrió hace poco la posibilidad a clínicas y sanatorios de recibir y tratar a pacientes COVID positivos, para descomprimir los hospitales públicos. ¿Por qué entonces tantas trabas a los testeos privados? ¿Acaso el trabajo de los laboratorios privados no ayudaría a descomprimir el sistema de testeos provincial? ¿Por qué una persona no puede simplemente asistir a su bioquímico de confianza a realizarse el análisis si así lo desea? Más aún teniendo en cuenta que el sistema sanitario provincial es lento para informar los resultados y no cuenta, por la razón que fuere, con la cantidad de reactivos suficientes para satisfacer la demanda actual.

La contracara dolorosa del apuro oficial por clausurar un centro bioquímico de amplio reconocimiento en toda la provincia fue la lenta reacción estatal frente al cuadro, primero, y la muerte, después, de una paciente con coronavirus de alto riesgo, internada en un improvisado “centro de atención”, a una cuadra del Hospital Central.

Al margen de cualquier concepción ideológica, la crisis sanitaria demanda un Estado eficiente, concentrado plena y efectivamente en salvar vidas, y no uno dispendioso de energías en intervenciones que sólo contribuyen a aumentar el malhumor social.



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