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“ENTRE CRONOPIOS” - SEGUNDA TEMPORADA

La poesía como plegaria

Ciclo de Conversaciones en Vivo con Artistas Formoseños. Segunda Invitada: Vanessa Carolina Makuch, Poeta - Clown



Por Héctor Washington

Fotos I y II: George Hamilton Pérez

“Ahora soy un lago.

Una mujer se inclina sobre mí,

buscando en mi superficie

lo que realmente es.

(…)

Cada mañana su rostro reemplaza

la oscuridad.

En mí ella ahogó a una joven,

y en mí una anciana hoy

se eleva hacia ella día tras día,

como un pez terrible”.

La relación de Vanessa Makuch con el oficio de escribir parece estar reflejada en estos versos de Sylvia Plath, como en un espejo. Una suerte de revelación, el paso de un yo hacia un otro. Un descubrirse y también un debatirse desde el lenguaje. Pero Vanessa es poeta todo el tiempo, desde siempre, es un confesarse permanente.

Ella nació en la provincia del Chaco hace algunos años y en los ochenta se trasladó con su familia a Formosa. Profesora en Matemática y Cosmografía, egresada de la Universidad Nacional de Formosa, se desempeñó como docente en colegios secundarios a lo largo de 26 años, hasta 2016.

Desde 2005 incursiona como actriz en el teatro independiente, lo que la llevó -asegura- a conectarse con su arte, mostrar y editar la poesía que escribía desde hacía tiempo atrás. Desde 2017 explora exclusivamente el mundo del clown.

En materia literaria, formó parte de la Tercera Antología de Escritores Formoseños “La Vida Fértil”, compilada por Humberto Hauff, en el año 2013; de la Antología Federal de Poesía -Región Nordeste-, del Consejo Federal de Inversiones en el año 2015; y de las antologías “Ecos Literarios II”, de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Formosa, y “Cercanías” -Literatura formoseña para leer en las escuelas secundarias-, compilada por Sandro Centurión, ambas en el año 2020.

Editó hasta la fecha tres libros de poesía: “Tanto río de miedos” en 2007, “Para salvar las horas amarillas” en 2016 y “Despertaré jazmín” en 2020. Un compendio esencial de una mujer poeta que supo hacer de sus miedos el amarillo de las horas para despertar en la palabra.

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¿Cómo nace o se va construyendo la poesía en vos -que no la escritura de poesía-? O ambas…

- “Creo que a través de la lectura principalmente, desde chica, que leía poesía para niños, que leía cuentos. En mi casa había libros y creo que eso pudo haber ido conformando ese mundo. También con la música, creo… escuchar música, prestarles atención a las letras, no sé… con la vida en sí. Creo que se fue conformando la poesía para salir en escritura. Siempre escribía diarios, hasta ahora conservo la costumbre, no diariamente pero siempre estoy escribiendo como para objetivar y para ver algunas cosas. Pero no me animaba a dejar salir la poesía. Creo que a los 12 ó 13 años, alguna vez jugando -como soy hija de una escritora y poeta- escribí un par y Mamá hizo una alharaca conmigo. Me dio mucha vergüenza, la rompí y nunca más escribí. Hasta los 27, que otra vez fue Mamá la que me dio una ‘habilitación’, porque yo escribía cartas. Siempre bromeaba que mi estilo era el epistolar. Yo escribía cartas a alguien, a mí, etc”.

¿Hay algún registro de esas cartas o de esos primeros escritos tuyos?

- “Sí, creo que había hasta hace un tiempo en que hice volar todos los cuadernos, unos cuadernos viejos. Pero sí, alguna he dejado, algunas cartas he dejado. Siempre me gustó eso y no me animaba porque se me hacía que la poesía no era para mí. Aparte, iba a la escuela técnica, soy egresada del Colegio Industrial… Maestro Mayor de Obra… Entonces, era toda la cosa técnica, las matemáticas, la física, la química, lo que más me gustaba. Igual, disfrutaba mucho de lo poco que teníamos de Lengua y Literatura en el Industrial. Me gustaba mucho, pero mi relación con las letras y con la lectura era en casa, era una cosa personal. Y a los 27, recuerdo que escribí una carta escuchando unas canciones de Silvio Rodríguez. Creo que ‘Canto arena’. Y escribí algo como anhelando ese poder que tenía el autor para desnudar su alma con palabras. Y recuerdo que -no sé por qué causa- le mostré a Mamá la carta que escribí deseando y alabando esa capacidad de Silvio Rodríguez de dejar su alma expuesta. Y fue Mamá la que dijo: ‘Vane, vos tenés todo’. O sea: ‘Animate, da el salto, garabateá’, me dijo. Y fue como abrir una Caja de Pandora. Aparte, era una época muy especial de mi vida, compleja familiarmente. Así que cuando comencé a escribir poesía, escribía de modo compulsivo. Era tomar un cuaderno (eran los cuadernos de 100 hojas) y escribir una página, dar vuelta, otra, otra y otra… 6, 7, 8, 9 poemas que me salían al hilo. Y después parar y leerlos y sorprenderme por todo lo que había ahí. Ahora ya no escribo de ese modo, pero sí en un tiempo fue muchísimo sacar. Y sin juzgarme tampoco, porque pensé que nunca los mostraría. Entonces no me importaba lo que salía”.

¿Cómo escribís un poema? ¿Apelás al trabajo exhaustivo… sos más devota de las musas, de los hados? ¿Cómo creás un texto poético?

- “En realidad, no es que me propongo escribir poesía. Creo que el modo en el que me siento habitada por la poesía es como que está y va siendo. Y en algún momento, empieza a subir y como a ahogarme. Y toda la sensación de que tiene que salir. Y en un instante no premeditado -sí preparo algunas cosas, como un mate, un espacio, un momento como para decir: ‘Esto es un rato mío’-, la poesía sale si quiere. Digamos que no la fuerzo, no es que ‘trabajo sobre un poema’. Sí las ideas y las sensaciones. Como que siempre son sentires, sensaciones, aromas, imágenes… Y yo me doy cuenta un par de días antes que empiezo a estar como en contacto con un montón de cosas y en algún momento lo puedo plasmar. Siempre hay también algún motivo o algo de fondo. No sé si un motivo sino algo que genera esa necesidad casi de que la poesía salga, que puede ser el dolor, que puede ser la soledad, alguna situación que me resulte injusta, algo que de repente descubro y me impacta descubrirlo, alguna musa, ‘muso’ también… Y hay épocas también muy largas donde de repente yo bromeo: ‘Bueno, ahora estoy viviendo y estoy juntando vida para que en algún momento salga’”.

Hay un texto bellísimo que escribiste para “Neaconatus”: “El grito, el canto, la roca firme”, donde decís que “los primeros matemáticos tuvieron que haber sido verdaderos poetas para mirar y ver, y luego comunicar toda esa perfección que habita en la naturaleza”, echando por tierra esta falsa dicotomía matemáticas o letras. ¿Cómo sería tu caso?

- “En algún momento de mi vida, esa creencia falsa de la separación sin duda que estaba instalada. Me da la impresión de que por eso me costó tanto asumirme poeta, asumir el arte en general que me habitaba o que me habita, porque era como decir: ‘Pero si yo hago matemáticas, enseño matemáticas, amo las matemáticas’. Entonces es como que me parecía incoherente. Para mí fue un proceso largo, lento, de conocerme, de mirar, de buscar, de encontrar las cosas en común entre lo que parecía tan separado en mí, para poder integrar eso y llegar al día de hoy de decir: ‘Sí, me habitan ambas, es parte de la que soy y las separación es más bien una creencia o un prejuicio. Pero eso que leíste es algo que me pareció, porque cuando empecé a estudiar el Profesorado en Matemática, yo ya escribía, escribía y amaba la poesía. Entonces a mí me daba la impresión de que el poeta, los poetas que llegaban a mí, a mi vida, veían la perfección, veían la perfección del alma, de las cosas no explícitas, pero veían algo. Y entonces los primeros matemáticos también. Ese ver la relación que hay entre el lugar donde está ubicado el sol y la sombra que proyecta, ver cosas que no se captan a simple vista y, sin embargo, son perfectas, están ahí, habitan. Prenderme de eso fue una de las cosas que me ayudaron a integrar más rápidamente, aunque me llevó igual un montón de años”.

Te propongo un recorrido: Así es como inicia cada uno de tus libros…

En “Tanto río de miedos”, decís…

“Todo se encuentra tan

desparramado

me dejé pedacitos

de mí por las esquinas

fui viviendo la vida de los otros

por pura cobardía

de vivir la mía”.

Ya en “Para salvar las horas amarillas”, decís…

“Hay un lugar de cieno y de negrura

al que no volveré”.

Y en “Despertaré jazmín”:

“Hay una luna llena de esperanza

que se desborda roja azul alada”.

Hay una especie de progresión o incluso un mensaje que se vuelve más esperanzador cada vez. ¿Hasta dónde sos vos y hasta dónde opera tu yo lírico?

- “Es lo que fui viviendo. La poesía de ‘Tanto río de miedos’ es poesía escrita 10 años antes de la edición. Fue poesía escrita de 1997 al 2000, que yo sentía que la tenía que lanzar al mundo. De ficticio no había nada, porque estaba en el infierno más hondo y más terrible que te puedas imaginar. Y aparte, también a esa edad, en ese tiempo, me divorcio del padre de mis hijos; los chicos, pequeños… esa sensación de que fui viviendo la vida de los otros no fue invento, no fue que me puse a inventarla. Así lo vivencié, así sentí. Y ahora con esto que vos me mostrás, leyendo el primer poema de cada libro, es como que me sorprende porque me queda toda mi vida en una línea de tiempo. Y sí, el caminar de la vida misma fue lo que se ve ahí”.

Es un buen camino entonces… ha sido un buen camino…

- “Parece que sí, me estás mostrando que sí. La verdad es que sí, creo que sí”.

Hay una recurrencia en tu obra a nivel formal, como producto artístico. Ninguno de tus libros tiene prólogo. Soy de pensar que el no prólogo también es un mensaje. ¿Fue ex profeso esta ausencia de presentación de tus textos?

- “Fue una decisión. No sé con cuánta conciencia en el primero, porque allí en la contratapa sí hay algo escrito por Orlando Van Bredam. En aquel momento, algo en mí necesitó el ‘visto bueno’ de alguien que para mí fuera significativo en cuanto a las letras. Porque cuando yo iba a editar mi primer libro, obvio que me parecía que la opinión de mi mamá era subjetiva. Entonces, como sabía que Orlando era una persona que iba a ser honesta (aparte, era amigo de mi madre), si era algo para seguir mostrando en las reuniones familiares y nada más, me lo iba a decir. Y entonces necesité ese aval, pero no lo quería de prólogo. No quería nada de prólogo, eso sí sabía. Y ya para el segundo libro, pensé que iba a ser prologado. Les pedí a un par de mujeres amigas -no de las letras, pero sí mujeres bellas y con vida ‘caminada’, vivida- si querían hacer algo como un pequeño prólogo. Entonces unas amigas, María del Carmen Tessio e Ida Pilone, escribieron algo. Pero después me di cuenta, a la hora de la confección y de la definición, que no tenía que tener prólogo, que iba solo. Y con ‘Despertaré jazmín’ ni me lo cuestioné. Lo mismo que la ausencia de títulos, también es deliberada. Quizás al principio, cuando recién empecé a escribir poesía, me daba la impresión de que no quería invertir energía en pensar cómo titular algo. Ya para el segundo libro, que pasaron bastantes años, era una decisión. Como decir: ‘Llamalo como quieras, nombralo como quieras’. Es como que lo dejo al lector: ‘Nombralo por el numerito, nombralo por el primer verso, por el último…’. Es una decisión, es algo deliberado, es como que me da la impresión de que al titularlo -a mí; no estoy hablando de otra poesía, en mis poesías- me pone como una camisita, como que me ataja. ‘No, no quiero atajes’. Que salga”.

En “Para salvar las horas amarillas” decís…

“Me quemarás por bruja

me decapitarás por insolente

me matarás mil veces por ser hembra

me quemarás por libre

me decapitarás por ir de frente

me matarás por puta e indecente (…)

Tú no puedes tenerme”.

¿De qué manera te atravesó el feminismo? ¿Te atravesó el feminismo?

- “Sí, totalmente. La vida toda, todo. Esa poesía que acabás de decir fue escrita en el contexto del primer ‘Ni Una Menos’. Y fue toda la previa y toda esa fecha, todo ese tiempo y ese empezar lentamente a tomar conciencia de algunas de estas cuestiones sociales. Y personalmente ese último verso que dice ‘tú no puedes tenerme’ es porque me di cuenta que, según mi percepción, fue como ver este deseo de posesión siempre. Entonces, esa mujer que es golpeada o esta otra mujer que es violada o esta otra mujer que es asesinada, es porque hay un otro que desea poseer. Y en realidad, se trata de tomar conciencia de que nadie se puede poseer. Ni varón ni mujer. Nadie se puede poseer, porque somos un todo íntegro y no podemos pertenecerle a nadie más que a nosotros mismos. Muy conmovida por eso es que sale esta poesía, mirando y haciendo como un paneo de cómo siempre se fueron quemando mujeres por lo que sea, por todas esas cosas que enumerás ahí: por pensar distinto, por dejarse llevar por su intuición, por sus creencias, por sus ideologías… Y creo que ese fue el tiempo donde yo empiezo a mirar esta cuestión del feminismo. Todavía no me nombraba feminista. Recuerdo que Orlando me invitó a una de sus clases para leer textos de mi segundo libro. Y cuando él escuchó esta poesía, me dijo: ‘Ah, poesía feminista’. Esa y otro par que hay en ese libro: ‘Poesía feminista’. Y yo sólo sentía que era mi poesía: ‘Es Vanessa’, pensaba. Y en ese tiempo, 2015 y 2016, cuando empiezo a prestar atención, también hay una movida a nivel social en el país con toda esta cuestión que empieza a hacer que uno escuche más, vea, empiece a cuestionarse cosas. Y como Profesora de Matemática, necesito mi marco teórico, científico. Entonces me fui a buscar los libros adecuados y me sumergí más o menos por dos años en la lectura de unos libros de Rita Segato. Fueron los que más me brindaron herramientas, como ‘Las estructuras elementales de la violencia’ y ‘La guerra contra las mujeres’. Y un tiempo después, ‘Contrapedagogías de la crueldad’. Y otras autoras feministas como para ver y entender. Y me dejé cuestionar hondamente. Empecé a prestar atención en mi propia vida, cómo estaba instalado el sistema patriarcal en mi mente, en mi modo relacional. Incluso el machismo. Yo sentía que vivía no machistamente. Sin embargo, acá en la cabeza había cosas de las que sí me daba cuenta, porque tenía un hijo y una hija, y empecé a cuestionarme hasta el privilegio que le daba a uno y la línea que le bajaba con dureza a la otra. Y esos cuestionamientos me los hice yo. Y empecé ese trabajo de deconstrucción, que es como una palabra nueva pero es un laburo de observación y decir ‘cómo me manejo yo acá’, ‘cómo me vinculo’. Y fue en realidad poner sobre la mesa y en observación uno a uno todos mis vínculos y relaciones de amistad, mis relaciones familiares, mis relaciones con mis hijos… Y ahí, ir modificando en lo que con la toma de conciencia podía decir: ‘Esto no lo quiero’ o ‘Esto me habita pero no lo quiero’. A la par de empezar a ir a Encuentros Nacionales de Mujeres. En realidad, fue después de mi primer Encuentro Nacional de Mujeres que yo dije: ‘Sí, yo soy feminista’. Y aunque no milite el feminismo hoy comprometidamente, desde una colectiva feminista o desde una organización, yo sé que vengo militando el feminismo en mi vida, en mis vínculos y en los espacios donde voy. Así que sí: atravesada totalmente por el feminismo”.

Seguramente reconocés estos versos…

“Estoy tejiendo con mis dedos

todos los pájaros del mundo

que soltarán sus alas de

mis labios

en la plegaria intacta.

Desde un lugar de no sé dónde

estoy tejiendo

mil auroras blancas”.

¿Qué te dice hoy la poesía de tu madre? ¿Y hace unos diez años qué te decía?

- “Creo que siempre va cambiando, porque voy cambiando yo, porque voy mirando la vida de manera diferente. Siempre admiré mucho la poesía de Mamá. Crecí con ella. Mamá escribía un poema y los primeros oyentes éramos nosotros. Y no me daba cuenta hace años atrás -cuando convivía con ella y cuando estaba viva ella todavía y cercana- de todo lo que expresaba o se expresaba de su alma en su poesía. Mamá sentía todo también y la conmovía; sobre todo, las injusticias y el dolor. Y ahora me pasó que después de 3 años de que mi mamá falleció, resuena diferente leer su poesía. La admiración sigue, obviamente, porque parece que ha sido mágica para decir. Me costó también a mí correrme del lugar de compararme con ella, porque yo sé que mi poesía es muy diferente a la de ella. Sin embargo, era tan inmensa su imagen para mí, tan inmensa, que yo no podía mirarme a su sombra como poeta también. Pero tuve que crecer yo y pararme desde un lugar de mujer para poder darme cuenta que yo podía hacer mi camino también con la poesía y que no me condicionaba tener una madre tan inmensa poeta. Igual, con Mamá bromeábamos, porque Mamá era escritora. Vos a Mamá le dabas un tema y ella te hacía un ensayo o te hacía una poesía, no sé… Vos le decías: ‘Mamá, haceme una poesía del termo y el mate, al equipo de mate’, y Mamá te la sacaba. Entonces, yo siempre bromeaba con ella porque a mí me daba la impresión de que yo tenía una manera de mirar la vida como más poética. Yo en los últimos años de vida de ella -y antes de que se enferme, cuando estaba bien y teníamos una relación más de pares, de adultas-, le decía: ‘Ay, Mamá. Pero vos sos escritora y poeta soy yo’, porque yo, al compartir, como que siempre le ponía más vuelo a las cosas, como ‘le podés encontrar algo lindo’”.

Cuando editaste “Tanto río de miedos”, allá por 2007, Orlando Van Bredam reseñaba en su contratapa: “Bienvenida a nuestro acervo poético formoseño esta voz nueva que planta banderas con su bello poemario para redimirnos del permanente acoso de la vulgaridad y el desprecio”. ¿Qué misión tiene dar al mundo un libro de poemas? Si es que la tiene.

- “Es algo que me lo pregunté mucho y me lo he seguido preguntando hasta hace unos años. Creo que me lo cuestioné más con el primero. Cuando iba a editar el primer libro, fue sentir la necesidad de editar. Podía reconocer los motivos personales. Para mí, cada libro tiene como el fin de suelte de algo, de un tiempo de la vida. Por eso ‘Tanto río de miedos’ es poesía de 10 años atrás de la edición. O 7 años atrás. Pero yo necesitaba ponerle el ‘moñito’ y soltarlo. Y eso, al hacerlo público y lanzarlo, deja de ser mío en exclusiva. Yo escribí, pero pasa a ser de quien lo lea, de quien se sienta movilizado con eso. Eso lo tenía claro, eso era para mí el significado que tenía decir: ‘Necesito entregar esto. Así se va’. Pero me cuestioné mucho: ‘¿Y a quién le importa? ¿Para qué largar un libro de poesía?’. Y ahí, lo que me ayudó a entender -por eso vuelvo a editar el segundo y el tercero- fue preguntarme qué hizo la poesía de los otros en mi vida. Y yo me di cuenta que hay épocas largas de mi vida, en la adolescencia, cuando estaba embarazada de mis hijos, cuando tenía problemas con el padre de mis hijos y era un infierno mi vida, cuando las cosas iban siendo, yo me he sostenido con poesía de otros. O sea, yo me sostuve con la poesía de Almafuerte, yo me sostuve con la poesía de la Storni. Yo me sostuve. Me las aprendía de memoria y las rezaba. Hasta hace poco. Yo siempre tengo algún poema de otro que en algún momento me sirve. Entonces fue como decir: ‘Yo no tengo idea de qué cosa estuvo pasando o no pasando la Storni o qué cosa estuvo pasando Almafuerte cuando escribió los sonetos medicinales. Pero ese soneto me ayudó a mí y esa poesía me ayudó y me acompañó’. Entonces me dije que si otros fueron tan generosos para largar su poesía al mundo, para que yo pueda tomarme de ella y atravesar un tiempo de mi vida, yo les debía al mundo y a ellos decir: ‘Acá está. ¿Te sirve? ¿Dice algo de vos? ¿Se conecta con algo tuyo? ¿Te acompaña a llorar? ¿Te acompaña a tener coraje? ¿Te acompaña a putear? ¿Te acompaña? Tomala’. Entonces dije: ‘Sí, está. La lanzo’. Y cada uno de los libros, con más certeza. Ya para el segundo fue decir: ‘Me puse de pie. Esta es una mujer que se puso de pie’. Y todas las mujeres atravesamos por las épocas donde parece que estamos en el subsuelo del mundo y después nos vamos levantando de a poquito. Y estas fueron mis vivencias. A lo mejor, a otros o a otras les acompañe. Y el último libro está relacionado con el tiempo de mi vida con el duelo de mi madre impactando. Entonces ahí está, ofrecida. A lo mejor alguien pueda encontrar algo que esté necesitando, que esté buscando, y que lo quiera decir y no sabe cómo. Y hay un poeta que le prestó el sentir para que lo diga, para que lo llore, para que lo exprese”.

Qué bella esta imagen que dabas recién acerca de rezar poesías: “Tomaba determinadas poesías y las rezaba”. Qué bella imagen esto de la poesía como una suerte de plegaria…

- “Es que sí. Para mí, sí. Hace poco compartí una en el muro de una red social, una de Martín Descalzo, que está en los últimos versos en el segundo libro. Esa poesía se transformó por dos o tres años en un rezo mío. Y los sonetos medicinales, por ejemplo, también. Y hay una de Juana de Ibarbourou, esa de que lleva rosas en las manos… Ah, esa poesía en una época fue también como una gran expresión. Aparte, evidentemente tengo como esa repetición y de TOCs… me las leo mil veces. Y las digo y las digo… y las hago mías. O sea, me apropio de la poesía de otros, digamos”.

Hay una suerte de ebullición artística, particularmente literaria, acrecentada un poco por la virtualidad a tiempo completo por la pandemia. “Clandestinas” es un espacio que canalizó un poco toda esa ebullición creativa en las mujeres exclusivamente. Vos sos una mujer que ya tiene un bagaje cultural importante, experiencia en la escritura, tres libros editados… ¿Cómo te reciben estos nuevos espacios que se van abriendo? Yo observo por ahí en las redes que sos como una especie de Alma Mater de las chicas más jóvenes…

- “En realidad, fue muy loco, porque una amiga que no tiene que ver con las letras fue la que le pasó mi número a alguna de las chicas y se pusieron en contacto. Yo primero no entendía bien qué era. Y cuando empecé a tomar conciencia de lo que era en realidad, me encantó. Por esta cosa de ‘Clandestinas’, de las mujeres que están en las letras y esto de caminar juntas… Aparte, para mí es tan importante esto de ir con otras, de ir haciendo camino con otras. Entonces, a mí me dio mucha alegría saber que son otros tiempos, porque a mí me tocó el camino sola. Esa es la verdad. Sola es sola. O sea, edité sola porque quería editar y saqué crédito en el banco para editar y sola busqué quién me pueda dar una mano, qué profesor mirara los bocetos para orientarme. Humberto Hauff, por ejemplo, fue alguien que ha hecho algunas correcciones en los dos últimos libros. O sea, las revisiones. Pero lo hice sola, no estaba con otras mujeres compañeras, ni siquiera tenía amigos poetas, como ahora. Recién en los últimos años, empiezo a darme cuenta de que estoy relacionada con ellos. Para mí, cuando aparecieron las ‘Clandestinas’ y cuando me fui dando cuenta, me pareció que era algo muy bello de este tiempo. La cuestión comunitaria es lo que nos salva, el ir caminando con otras… Realmente, esto que vos decís como Alma Mater, no sé… pero yo las amo a las chicas y aún no me conocí a todas, conocí algunas. Y las estoy conociendo de a una y a algunas, primero por celular. Y no sé… es una cosa muy bella. Recibo mucho cariño de ellas y estoy aprendiendo qué hacer con el cariño de ellas, porque antes salía corriendo y ahora me quedo quieta. Realmente es muy lindo”.

Qué bueno eso de los vínculos y los proyectos colectivos, ¿no?

- “Sí, es una jugada diferente, es una jugada que yo no vivencié. En mi generación, en la poesía y escritura… yo no la vivencié. No sé otros, en otros lugares quizá. Y esto que se esté dando así… de acompañarse, el hacerse el aguante, es muy bello. Sale una en una entrevista y la están escuchando y están compartiendo información… Y hay algún concurso o evento y ahí están compartiendo. Hay una generosidad en ese caminar compartido que agradezco que sea”.

Los que la practican suelen decir que la actuación opera no sólo creativamente desde el arte sino también desde lo terapéutico. ¿Qué riqueza te deja la actuación a nivel personal que no te dan tal vez las otras artes?

- “No sé cómo responder eso así. Pero sí te puedo decir que yo no lo separo. Para mí está todo. Así como pude ver integradas la matemática y la poesía en mí, no puedo separar la cosa teatral, porque yo en realidad empiezo a tomar conciencia del arte que me habitaba no con la poesía en sí, sino cuando empiezo a hacer teatro, a los 35 años. Tenía 35 años y empiezo a hacer talleres de teatro y me doy cuenta que el arte me habitaba. Y el arte es todo. Todo: era el cuerpo puesto para interpretar un personaje o era el decir o era la poesía. Yo sé que ha tenido que ver en que hiciera avances en cuestiones terapéuticas empezar a hacer teatro, porque tenía los lunes clases de teatro y los martes sesión con mi psicóloga. Entonces lo utilizaba. Pero para mí, ahora en los últimos años que no me dedico al teatro independiente sino que estoy con el mundo clown, no es que yo estoy haciendo terapia; pero de hecho que como es arte, es terapéutico porque me permite conexiones con partes de mí que a veces quedan como escondidas”.

¿Podemos decir entonces que, como mencionabas recién, esta suerte de desnudez en el cuerpo desde el teatro te permitió a vos también desnudarte desde la poesía?

- “Sí, claro. Es muy loco porque cuando yo empecé a hacer teatro -y de repente, empezás a jugar-, tenía 35 años. Y por más que tenía los hijos chicos, hay un mandato social de que si te pasaste determinada edad, no podés jugar. Entonces, uno se limita. Y entrás al teatro y empieza a haber juegos y el cuerpo y la conexión… Y cuando tenés que empezar a representar personajes, ¿desde dónde los vas a representar? Primero tenés que saber quién sos vos. Y ahí me empecé a dar cuenta la cantidad de personajes que yo tenía desarrollados: el personaje de la profesora, de la mamá, de la hija, de la vecina, de la amiga… Entonces fue como que me expuso el teatro a sincerarme y decir: ‘¿Dónde está Vanessa detrás de todos los personajes que Vanessa creó, que actuaba afuera? Ahí quedó reducido el espacio de la actuación y cada vez Vanessa fue siendo más Vanessa fuera y los personajes quedaron para el ámbito del teatro. Después, cuando conozco el mundo clown -‘clown’ es ‘payaso’, lo que pasa es que la palabra ‘payaso’ está infravalorada-, fue otra vez, otro mundo dentro de las artes escénicas que involucran el cuerpo, la voz, la expresión… Porque en el mundo clown no es armar un personaje, es ir a descubrir el payaso que te habita, que te habitó siempre, el que está conectado con cosas tuyas, que son tus modos de bromear, tus maneras de jugar, las cosas que te hacen reír, las características… Entonces fue como que se abrió todo el universo y en ese universo sigo explorando”.

¿Cuáles son tus proyectos? ¿Andás escribiendo, leyendo mucho? Y de paso, también le comentamos a la gente cómo hace para conseguir tus libros…

- “‘Tanto río de miedos’ ya está agotado y no hay revisión por ahora. Hay en algunas bibliotecas de colegio, como en el ‘Jauretche’, en la 56… Y los otros dos están aquí en Formosa en ‘El Globo Rojo’ y en el Kiosco Cultural de Padre Grotti 926, pegadito al nuevo Centro Cultural ‘El Fuelle’. Se pueden conseguir los dos últimos libros. Respecto de los nuevos proyectos, ando escribiendo. Ahora empecé a conectarme otra vez con la escritura de poesía. Y hay algo en lo que estoy trabajando muy lentamente, pero con decisión. Es algo que me di cuenta que es otra de mis pasiones, que me gusta tanto como jugar con la nariz o como subir a un escenario interpretando a algún otro y escribir poesía. Me gusta narrar. Siempre decía que cuando fuera grande, iba a ser cuentacuentos. Siempre lo decía. Y parece que llegó el tiempo y soy grande. Entonces, creo que tengo que empezar a animarme, me voy a animar a largarme con algo de narrativa oral. Y también, como me gusta mucho el canto y estoy estudiando y trabajando con el canto, creo que voy a contar y cantar. Esa es la idea. Hay un proyecto ahí que no va a ser para ya, porque está en etapa embrionaria. Pero sí, si Dios quiere, antes de que termine este 2021, habrá algo para ofrecer desde ahí”.



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