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Desafío titánico



La confirmación de que en Formosa algunas escuelas -aquellas que siguen funcionando como centros de alojamiento preventivo o de asistencia sanitaria de personas con COVID-19 asintomáticas- iniciarán el ciclo lectivo 2021 dictando solamente clases virtuales abre interrogantes en la comunidad educativa.

A pesar de que efectivamente la modalidad virtual “vino para quedarse”, como dijo ayer la directora de un importante colegio local, hay elementos que ponen en duda la eficacia de la educación a distancia en nuestro país.

Distintas encuestas realizadas a lo largo del año pasado, cuando las clases virtuales eran lo único disponible, develaron que la mayoría de los docentes sentía que trabajaba más horas que antes del confinamiento social. Asimismo, sacaron a relucir problemas de interés en los estudiantes y dificultades de acceso a la tecnología.

La pandemia obligó a implementar abruptamente la educación medida por la tecnología en toda la Argentina. La irrupción del coronavirus empujó a estudiantes y docentes a las clases virtuales, y Formosa no fue la excepción.

Se supo desde el comienzo que no sería lo mismo, aunque con el transcurrir de los meses fueron apareciendo mayores dificultades de funcionamiento de las previstas.

La dificultad para captar la atención de los estudiantes y la falta de tiempos de los educadores/as, sumado a los obstáculos para el acceso a Internet y para el uso de herramientas tecnologías, tendieron dudas sobre los verdaderos beneficios de las clases virtuales.

Varias provincias realizaron el año pasado sondeos para conocer la percepción docente sobre las experiencias educativas en contexto de aislamiento social, y los resultados fueron elocuentes: en todos los casos, menos de la mitad de los docentes tenía computadora de uso exclusivo.

Sobre la disponibilidad de Internet, el panorama fue dispar: hubo provincias donde hasta un 60 por ciento de los encuestados afirmó tener buena conexión a WiFi, mientras que en otras ese porcentaje -clave para una correcta educación a distancia- no llegó ni al 50. Desde ya que, por descarte, se detectaron amplios sectores con mala o nula conexión.

Nada hace pensar que el panorama haya cambiado sustancialmente durante las vacaciones, si bien es cierto que los distintos gobiernos, apurados por la emergencia sanitaria, vienen trabajando arduamente en mejorar la educación virtual en sus respectivos territorios.

Las tres variables apuntadas al principio (desinterés de los estudiantes, falta de tiempo de los docentes para cumplir con las exigencias del hogar y del trabajo y dificultades de acceso a la tecnología) no desaparecerán de la noche a la mañana. Aparte, es muy probable que siga habiendo docentes con problemas en el manejo de alguna herramienta, para desarrollar todos los temas de la planificación o para modificar estrategias pedagógicas en el nuevo contexto.

El desafío educativo 2021 será titánico. Todos los actores del sistema deberán encararlo con una conciencia que permita ir superando obstáculos progresivamente, hasta que la nueva normalidad on-line deje de ofrecer tantos flancos débiles.



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