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No olvidemos el contexto

Una opinión de Daniela Carrizo



Lo que pasa en Formosa va más allá de lo que hace un bando y lo que quiere el otro. La discusión está tan desvirtuada que parece ser un todos contra todos y, mientras tanto, la pandemia nos llega de frente y el virus está cada vez más propagado.

Que el tránsito debe ser libre. Que mejor es el ingreso administrado. Que el aislamiento preventivo y obligatorio se dé en las casas. Que sea en los centros de alojamiento. Que el tiempo es demasiado, que ya parece una cuareterna. Que queremos trabajar. Que si el virus no circula, nos encierran por las dudas. ¿No circula? Que no se puede confiar en la responsabilidad social. Que para qué se quejan si hacen fiestas clandestinas. Que estamos hartos. Que no pasa nada, ¿qué virus? Estos son algunos de los discursos que vimos cruzarse en un estado sanitario controlado.

Pero 2021 se volvió más complejo y hay más cuestiones en juego. Por un lado, se dan irregularidades y fallas en las medidas sanitarias: pacientes sanos que se mezclan con asintomáticos, esperas eternas con hisopados negativos, hacinamientos, falta de información, brutalidad en los modos. Descuidos. Desesperación de las personas aisladas, desesperación de las familias. Amenazas, protestas. Hay muchas personas afectadas, incluso el personal de salud que nunca descansa. Pero las respuestas son las mismas: el silencio, la violencia policial o la desviación de la situación concreta.

En el medio, los intereses políticos (de todos los bandos) orquestados por un aparato comunicacional -en muchos de los casos poco pensado-y potenciados por un periodismo centralista al que todavía le cuesta tener un foco federal al hablar de las provincias.

En este limbo y por efecto, rebrota un hartazgo generalizado de un sector de la sociedad que encontró la oportunidad de manifestarse pero que –todavía- no encuentra una estrategia o una homogeneidad en las consignas, al punto que éstas se confunden y en ciertos casos reproducen las mismas violencias que se denuncian.

Y de nuevo, pensemos en el contexto. Es cierto que las medidas del Consejo Integral de la Emergencia Covid 19 –creado en el contexto de un Ministerio de Desarrollo Humano acéfalo- para enfrentar un virus que azota a todo el mundo sólo fue posible, en principio, por la ascendencia política del Gobierno, estructurada en 25 años de gestión ininterrumpidos. Y que esa base compuesta por el 70% del electorado, le permitió a Insfrán continuar con las medidas de política sanitaria cada vez más cuestionadas. Que no hubiese sido posible en otra provincia y que si bien en los primeros meses tuvo buenos resultados, nada indica que sea sostenible, al menos en su totalidad, en el tiempo. ¿Acaso encontraron los límites de su propio modelo?

En todo este escenario de fuego cruzado, un protagonismo casi espectacular lo tienen las conferencias de prensa que se realizaron durante casi todo 2020 y hasta ahora se realizan diariamente. Allí, la ausencia de autocrítica es una característica casi permanente. En un contexto de incertidumbre para la sociedad, donde se sabe que no hay certezas ni garantías de nada, el Gobierno eligió no seguir la fórmula de ensayo y error. Más bien se enfocó en nunca retroceder, después de ninguna decisión, y siguió, siguió, siguió.

Siguiendo las marcas del discurso del Ministro González en las distintas conferencias del Consejo, la culpabilidad en toda esta historia -que es la nuestra, aunque parezca una película- fue variando: de las personas repatriadas, que para que se van si quieren volver, a los varados. La juventud organizada en redes sociales y luego, los periodistas, esos que señalaron cuando alguien no cumplía la cuarentena o se juntaba en fiestas clandestinas. La oposición oportunista, el twitter, los medios hegemónicos. Las personas infectadas y también los contactos estrechos, que ante la duda -por más de que sean Covid negativo- pueden pasar más de dos semanas en un centro. Pero nunca la culpa la tiene la Policía, que persigue, detiene, violenta, vigila.

De pronto hasta hay una división entre las y los periodistas -o entre un periodista y sus colegas- y es fogoneada por quien dice ser solo un vocero pero que, en lugar de responder el eje de las preguntas, se prende al juego. En este nuevo contexto -advertirán- la mesa se ha vuelto feminista. Claro, es ironía. Sin humor no se viviría. Pero, por favor, no olvidemos el contexto: 1082 contagios. 563 casos activos. 8 personas murieron. ¿A dónde vamos? ¿Qué estamos haciendo?.

Por Daniela Carrizo



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