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Miércoles 03 de Marzo de 2021

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Un paso crucial



El año último, la irrupción del coronavirus trastocó todos los planes educativos. Ya en cuarentena, las reacciones fueron cambiando con los días. La alegría inicial de no asistir a clases dio paso a una situación de aislamiento, de pérdida de contacto y de la cotidianidad y de nuevas rutinas escolares y sociales virtuales.

La situación se volvió mucho más dura para las y los adolescentes que cursaban el último año del secundario, a quienes les resultó triste y doloroso terminar esa etapa sin clases presenciales y privados/as de los rituales y tradiciones del final de un ciclo que no volverá a repetirse en el resto de sus vidas.

Al principio, la mayoría de alumnos y alumnas tuvo la idea de que la suspensión de las clases era como unas minivacaciones y no vio muy bien la profundidad del tema. Pensaron que iba a durar un tiempito nada más, pero llegaron las clases virtuales y con ellas el distanciamiento, la pérdida de contacto real con sus pares.

Si bien los estudiantes siguieron viéndose con amigos/as y compañeros/as a través de las pantallas, la relación ya no fue la misma y muchos terminaron sintiéndose solos/as. Además, empezaron a aparecer conflictos dentro del hogar, con padres y madres que también atravesaron sus propios procesos de acomodación a la “nueva normalidad”.

Las emociones, entonces, fueron cambiando, y quienes al comienzo estuvieron felices por el cierre de las escuelas cayeron en la tristeza. Como han dicho reiteradamente chicos y chicas que el mes pasado no pudieron realizar su viaje de estudios ni la fiesta de recepción, es decepcionante no poder disfrutar de momentos que la vida te da una sola vez.

Los adultos deben estar atentos a este cambio de emociones, sin criticarlo ni minimizarlo, explicándoles en todo caso a los jóvenes que lo que sienten es funcional a la incertidumbre que se vive.

Un año sin clases presenciales ha representado, además, un problema para toda la comunidad educativa, nacional y provincial, ya que en la mayoría de los casos la enseñanza virtual no alcanzó a cubrir los baches que se presentaron con el cierre de los establecimientos escolares, sobre todo en el sector público de gestión estatal.

La cuarentena estricta primero y las medidas que vinieron más tarde resultaron un duro aprendizaje para valorar muchas cosas, como trabajar sin restricciones, poder visitar libremente a familiares, juntarse con amigos o salir a caminar. Pero también sirvieron para que la sociedad y las propias autoridades adviertan que las escuelas no pueden permanecer cerradas más tiempo.

Obviamente que el regreso de las clases presenciales no deberá darse así porque sí. La eventual decisión política que tome cada provincia deberá estar fundada en el análisis minucioso y responsable de la evolución del estatus sanitario en su territorio. Pero además deberá contemplarse la situación particular de cada establecimiento, muchos de los cuales, hoy en Formosa, están funcionando como albergues de alojamiento preventivo o como centros de atención de casos leves de COVID-19.

El paso que ya se avizora es crucial. Habrá que darlo con sumo cuidado.



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