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PUEBLO NIVACLE

Los otros originarios


Por Washington


Nosotros sabemos que somos igual al tigre: a veces, cuando cazamos, fallamos el tiro y no conseguimos nada para llevar. Todo cazador sabe que encuentra lo que encuentra, y el tigre es igual a nosotros; por eso cuento cómo era el tigre. Es cierto que no era tan malo, pero cuando se ponía malo, era malísimo”. El relato lo refiere León Ramírez, de la comunidad Nivacle, contenido en un trabajo de investigación y recopilación de historias de los habitantes originarios de las localidades de El Potrillo, Guadalcázar, Río Muerto, La Madrid (provincia de Formosa), San José de Esteros y Fischat (Departamento Boquerón, Paraguay). Compilado por la lingüista Alejandra Vidal y con Eulogio Corvalán -referente de la Comunidad Algarrobal, al Oeste de la provincia, muy cerca de la frontera con Paraguay- en el rol de transcriptor y traductor, “Cuentan los Niva?le...” propone, a través de una edición bilingüe, contribuir al fortalecimiento de la lengua y la visibilización de los integrantes de la comunidad en la Argentina.

A cinco años de la edición de este trabajo, la visibilización es aún materia pendiente. Corvalán recuerda en diálogo con Cronopio el aporte que significó este abordaje lingüístico y literario que recopiló y dio a conocer numerosas historias que los habitantes Nivacle transmiten de generación en generación: “Es muy interesante; lo hicimos para civilizar a mi pueblo, ya que no estamos reconocidos a nivel provincial y tampoco está reconocida nuestra lengua Nivacle. Lo hago porque me gusta y ayudo a mi pueblo para que no abandonemos nuestra cultura y el idioma. Nosotros vivimos luchando para las comunidades; ahora voy a empezar a dar clases del idioma. A pesar de la falta de recursos, estamos siempre unidos a las comunidades para permitirles aprender la lengua”, asegura.

Los Nivacle son un pueblo de antepasados guerreros desplazados territorialmente hasta entrado el siglo XX. Cercados de uno y otro lado de la frontera, entre Argentina y Paraguay, durante el genocidio llevado a cabo entre los años 1883 y 1887, aún reclaman, en este siglo, la satisfacción de necesidades tan básicas como el acceso al agua potable, a la educación y a una identidad, no ancestral sino un Documento Nacional que les otorgue derechos.

“Sin apoyo del Gobierno, hasta ahora sigo enseñando el idioma, sin apoyo de nadie. Es por eso que estoy luchando por defender mi lengua; a pesar de no ser reconocidos, lo hago por el bien de las comunidades y las nuevas generaciones. En todas las comunidades no tenemos acceso a la educación, a la salud, al agua… No tenemos una escuela propia, pero tenemos muchos niños en cada comunidad. Por eso estamos preocupados porque ellos van a otras escuelas donde no se enseña nuestro idioma”, grafica Corvalán y agrega respecto de sus demandas más acuciantes: “Nuestra situación actual es difícil al no ser reconocidos por ninguno de los dos países, porque siempre nuestros abuelos y padres vivían en la costa del río Pilcomayo. Entonces, el Estado siempre niega al pueblo Nivacle y no quiere reconocerlo como pueblo. Y además están los DNI, que no nos dan”.

En la actualidad, los Nivacle son la comunidad originaria menos numerosa del territorio formoseño, respecto de los Wichí, los Pilagá y los Qom: “Nosotros siempre hemos sido un pueblo corrido por todos lados. Por eso, lo más importante es que siempre estamos muy unidos, estamos bien organizados. Además de eso, el año pasado estuvimos regresando a nuestro territorio la restitución de nuestra hermana que falleció en el año 1887 y fue llevada en el Museo de la Plata y fue encontrada en Resistencia, Chaco. Esto es un fundamental para nosotros”. Se trata del pedido de restitución, por parte de cinco comunidades Nivacle de Formosa al Consejo Directivo del Museo de La Plata, de los restos de una niña apropiados en Resistencia, Chaco, en 1887. En el marco de una reparación histórica hacia la comunidad, la restitución se concretó finalmente en 2019.

En cuanto a las variedades lingüísticas muy marcadas que se dan en determinados territorios y que señalan los propios hablantes entre las comunidades abajeñas y arribeñas, Corvalán asegura: “Los abajeños y arribeños siempre tuvimos las mismas costumbres; nada más que hablamos de distinta manera a la hora de nombrar una cosa; pero nos entendemos siempre cuando expresamos nuestro idioma. Nosotros como pueblo siempre nombramos el Sol como identificación del pueblo, como un don de los pueblos Nivacle, con su profundo sentido y su espíritu. Falta que el Estado y la provincia no se nieguen y nos reconozcan como pueblo, porque nosotros somos preexistentes al Estado argentino”, concluye.

En este escenario de olvido, los Nivacle resisten al paso del tiempo al ser desplazados por cada página que la historia se niega a darles. “El tigre tenía fuerza y nosotros somos iguales a él. A nuestros amigos nunca les faltaba comida, porque cuando el tigre llevaba comida a su casa, su esposa la repartía entre sus vecinos, porque el tigre no quería comer solito. Nosotros somos iguales, tenemos la costumbre de compartir: cuando cazamos algo no podemos comer solitos”, grafica León Ramírez en su relato abajeño, poniendo en evidencia la tenacidad de un pueblo aguerrido, con la fuerza del tigre, pero también el don de la conmiseración con el otro.


DESDE EL COMPROMISO Y LA EMPATÍA


Bianca Orqueda es ante todo una artista comprometida con su identidad y sus raíces. Perte­neciente a la comunidad Nivacle Uj´e Lhavos, de Filadelfia (Boquerón), Chaco Paraguayo, toda incursión suya en la música fue siempre en consonancia con el compromiso que la une íntimamente a la defensa de los niños de su comunidad. A sus 21 años, acaba de lanzar su primer sencillo titulado "Ta lhõv'e" (¿Dónde estás?), íntegramente en su lengua materna, porque -asegura- su meta es dar a conocer y llevar la cultura de su pueblo donde sea que vaya. En diálogo con Cronopio, confiesa: “Hoy estoy muy orgullosa de ser quien soy, de mi comunidad. Soy muy feliz porque mi mamá me inculcó conocer el mundo de la música. No es fácil llevar el nombre de la comunidad y sé que tengo una gran responsabilidad”


Recientemente diste a conocer “Ta lhõv’e” (“¿Dónde estás?”), una canción íntegramente en tu lengua materna. ¿Qué repercusión tuvo en el entorno y particularmente en tu comunidad?
- “Mi gente casi no sabía cómo reaccionar, porque es la primera vez que sucede eso. Más aun una mujer que se dedique a cantar el idioma y represente la cultura… Nunca habían escuchado de alguien indígena que sea Nivacle y que sea representante de la comunidad como cantante. Es algo nuevo para ellos. Pero reaccionaron de una buena manera. Mi gente es súper buena con eso. Están muy contentos con lo que está pasando también, de hacer conocer el idioma, porque en la parte Oriental de Paraguay no conocen el idioma, la cultura. Entonces esto es bueno para nosotros, además porque hay una comunidad aquí que necesita ayuda, en cuanto a proyectos, talleres para jóvenes y abuelitos. Eso es lo que me impulsó a seguir con la música y llamar un poco la atención de todos. Porque aquí estoy tratando -desde hace años- de hacer un proyecto, trabajando para abrir una casita o refugio artístico para niños, donde ellos tengan toda la atención del mundo, donde los podamos ayudar con sus problemáticas e instruirlos y aconsejarlos; y en la parte artística, en lo musical, quiero facilitarles un poco más el camino”.

Hace un momento mencionabas las necesidades que tienen los habitantes de la comunidad… ¿Cuáles son las más urgentes allí?
- “Aquí en el Chaco Paraguayo, hace un calor tremendo y la falta de agua es un gran problema. La gente no vive bien aquí. Son casitas pequeñas que no tienen ni aire acondicionado ni ventilador, hay algunas a las que les falta electricidad. Es una situación muy triste realmente lo que está pasando. Hay algunos que tienen y ayudan: tienen hielo para compartir con el vecino… Hay ayuda mutua aquí en la comunidad. Entonces eso hace que la gente no sufra tanto”.

¿Cuándo supiste o te diste cuenta de que el arte en vos podía ser una herramienta desde donde aportar a tu comunidad?
- “Justamente, cuando estuve en Argentina. Cuando estuve estudiando música en Córdoba e iba a quedarme unos años ahí. Entonces, tenía compañeros que cantaban su propio idioma y contaban historias de cómo sufrieron también y algunos están ayudando a sus comunidades. Y a través de la música se pueden hacer muchísimas cosas. Entonces ahí se prendió el foco y dije: ‘Ah, no. Yo tengo que volver y terminar lo que empecé’. Y volví. Argentina es un país súper libre, un país hermoso. A mí me encantó Córdoba. Hay buenas personas, aprendí a superarme y a amarme más en todos los sentidos, a ser libre: a vestirme como yo quiera o cortarme el cabello como quiera. Aprendí muchísimas cosas allí en Argentina. Y volví a Paraguay en abril y comencé con eventos donde presenté mis canciones en el idioma. Fue algo súper rápido. Tenía canciones en castellano que ahora las estoy traduciendo en mi idioma. Y mi primera canción ‘Ta lhõv’e’ fue un boom, fue algo que yo no pensé que iba a pasar tanto así, que a la gente le iba a gustar e iba a estar apoyando. Fue algo muy grande y me sorprende también eso”.

¿Cómo fue este tiempo de estudios en la provincia de Córdoba?
- “Yo me fui a principios del año pasado. Y en unas semanas aprendí a usar el bus, porque es diferente, con tarjeta. Aquí es todo con monedas. Entonces era todo muy nuevo para mí. Pero me adapté muy rápido. Si pudiera, volvería ahí y me quedaría a vivir en Argentina. También tengo fa­miliares ahí, en Justiniano Posse tengo a mi tía. Yo estuve viviendo en La Calera. Fueron momentos muy lindos, de artistas que conocía que aquí en Paraguay nunca vienen. Hay un gran apoyo al arte en Argentina. Eso es lo que me gusta de ese país. Entonces desde aquí estoy luchando para que puedan ayudarme a seguir con mi música aquí en Paraguay”.

¿Cuáles son tus mayores anhelos o planes de la mano de la música?
- “Yo siempre estuve más pendiente de mi proyecto que de mi música, la verdad. Más pendiente de los niños, de pensar más en el futuro de las criaturas, de los jóvenes de aquí, de mi comunidad, de hacer algo para ellos. Porque yo era también criatura, era una niña que necesitaba también tener sus clases de guitarra gratis, clases de canto gratis, tener una oportunidad, ¿verdad? Pero nunca hubo ayuda aquí en la comunidad. No me acuerdo que alguien haya venido y enseñado algo. Y yo quiero que ellos tengan la oportunidad, lo que nosotros nunca tuvimos. Para que puedan crecer y piensen en el más allá. Porque siempre en la vida va a haber momentos muy difíciles. No va a ser fácil, pero creo que va a ser posible ayudándoles, aconsejándoles, dándoles los valores necesarios como para que cuando sean grandes, ellos mismos se puedan defender. Porque a veces nos tratan como ignorantes, como que no sabemos leer por no entender el español. Eso es lo que más me llevó a seguir luchando y no quedarme. No quiero ser conformista, de tener un trabajo de todos los días y volver a casa y volver al trabajo. Y así sucesivamente. Yo no puedo hacer eso. Yo no siento que ese sea mi propósito. Y me dije: ‘Bueno, si nadie me ayuda desde la parte política, con mi música podré ahorrar y crear un corredor o una casita o un instituto musical para dar mis primeras clases de guitarra”.

¿Siempre estuviste vinculada a la actividad comunitaria?
- “Sí. Desde que yo tenía cuatro años, mi mamá empezó a trabajar con niños, pintando. Y hasta ahora hace trabajos voluntarios, tratando de enseñar arte y valores a los demás niños, así como nos crió a mí y a mis hermanos. Los aconseja, les cocina, les da amor… Entonces yo también comencé en ese camino, ayudando, jugando con ellos. Y así fui creciendo. Y vi a una señora que estaba tocando guitarra y dije que yo quería también tocar guitarra, porque lo sentía. Y esa señora nos ayudó a tener clases de guitarra, porque ella también quería cantar con los niños. Así fue que a los 11 años, ya aprendí a tocar el instrumento y comencé a acompañarla en escuelas y eventos más grandes para llevar buenos mensajes. Yo sufrí muchísimo también de chica, sentía que nadie me quería. Hoy estoy muy orgullosa de ser quien soy, de mi comunidad. Soy muy feliz porque mi mamá me inculcó conocer el mundo de la música. No es fácil llevar el nombre de la comunidad y sé que tengo una gran responsabilidad. Entonces yo dije: ‘Tengo que hacer algo por ellos’. Porque yo a veces miro a las criaturas y las veo sonreír, porque no saben lo que está pasando en el mundo. Ahora hace como 40° aquí y no tienen zapatillas, caminan bajo el sol y la tierra es muy caliente. Por eso quiero que el instituto se llame ‘Refugio y Arte’, donde los niños se puedan refugiar de todos los males”.



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