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El peligroso juego de los anticuarentena: La única verdad es la realidad

Por Mario Brígnole


Tras una ejemplar experiencia colectiva, cumpliendo una cuarentena de varios meses, con el apoyo de una sociedad que entendió el planteo del Gobierno sobre que el aislamiento era la única medida sanitaria posible frente a la contagiosidad del virus, el relajamiento de la misma trajo las consecuencias que estamos viendo día a día.

Es cierto que la sociedad sufre tan largo confinamiento y que la economía golpea duramente, pero lo decisivo en esta situación ha sido la peligrosa prédica de los llamados “anticuarentena”, que han estimulado y manipulado a parte de la sociedad porteña en especial, que reúne a sectores de una oposición que se juega su propia interna partidaria (recordemos los cuestionamientos públicos a Rodríguez Larreta, al que han llamado colaboracionista del Gobierno), pero especialmente a un grupo de periodistas y medios que han declarado la guerra a este Gobierno.

La peligrosa maniobra de estos sectores ha llevado a muchos habitantes del AMBA a cegarse ante la realidad y salir sin precauciones a la calle y a contagiarse.

Esta semana pasamos los 5.000 y orillamos los 6.000 contagiados diarios, y casi 5.000 son de ese territorio.

Casi 90 muertos se contabilizan en esa jurisdicción por esos días. Y no hay que ser adivino para estimar que estos números crecerán día a día y que en breve arriesgamos al colapso del sistema sanitario en esa jurisdicción.

Ninguna estrategia contra la pandemia puede sostenerse cuando los formadores de opinión sabotean las medidas sanitarias. Podemos comparar claramente el momento en que como sociedad acompañamos la estrategia de la cuarentena al momento en que sucumbimos al canto de sirena de los opositores.

¿Quién se hará cargo de los costos de esta maniobra política? Porque los muertos y contagiados serán de todas las ideologías y sectores sociales.

Ya lo aprendió Boris Jonshon en Inglaterra, Bolsonaro en Brasil y hasta Trump ha debido ponerse el barbijo que tanto detestaba.

¿Qué dirán estos divulgadores del odio, del anti todo, cuando los contagiados diarios del AMBA lleguen a 10.000 casos y 200 muertos diarios?

No hay salidas fáciles a esta crisis sanitaria; los países más ricos y más organizados están arrasados frente a sus efectos; aquellos que parecieron controlarlo al principio hoy vuelven a las cuarentenas rígidas frente a los rebrotes.

Claramente esta no es una carrera de velocidad, sino una maratón de largo aliento.

Pasarán meses para encontrar vacunas y distribuirlas en el mundo.

Parece evidente que deberemos acostumbrarnos a una estrategia de abrir y cerrar la circulación y la economía, para no colapsar el sistema de sanidad.

Entrar y salir de cuarentenas en forma escalonada; no para eliminar al virus, que está visto que no alcanza, sino para preservar la capacidad de los hospitales para atender los casos que necesiten soporte vital.

Para esta, que claramente es la única estrategia válida y posible, se necesita un disciplinamiento social, un compromiso colectivo muy fuerte. Ello no será posible si los medios y un sector ultra de la oposición siguen tirando nafta cerca del fuego.

¿No será momento ya de asumir que estamos todos (ricos y pobres, capitalinos y del interior, de izquierdas y derechas) subidos al mismo barco y que nadie podrá salvarse solo?

Es una oportunidad histórica, nacida de esta tragedia de la humanidad, de entendernos como parte de un colectivo mayor, y desterrar de una vez tanto odio estéril nacido de intereses sectoriales, de cerrar esta división artificial que sólo engorda a los vivos de siempre?.

Porque a no engañarse… de esta división social se aprovechan los verdaderos dueños de la economía de este país, que desde hace más de un siglo, cuando perdieron el poder político formal con Yrigoyen y Perón, han fogoneado, a caballo de sus medios de comunicación masiva, la división de la sociedad para mantener poder y acrecentar sus riquezas.

Porque es una verdad indiscutible que el país se ha empobrecido, pero las 1.000 familias de la vieja oligarquía pampeana son cada vez más ricas y han diversificado sus fuentes de poder y de injerencia sobre la vida colectiva.

Que tanto dolor y sufrimiento haga recapacitar al pueblo sobre la necesidad de unirse contra los que nos manipulan y enfrentan, mientras sus ganancias aumentan y las llevan al exterior usando la fuga de capitales.

Que de una vez y para siempre, entendamos que seguir divididos por minucias sólo nos hace más débiles como sociedad y, además, cada vez más pobres.



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