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Desgraciado fenómeno


Como dijo la licenciada Carolina Nogueira a este diario, el suicidio es una de las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes, aparte del impacto que el mismo desgraciado fenómeno tiene en la tercera edad.

Los casos registrados en Formosa en los últimos años se inscriben, por lo pronto, en el marco de un doloroso aumento de las estadísticas en las franjas etarias más bajas. Y obligan, más allá de la conmoción y la congoja, a generar una instancia de profunda reflexión.

Suele pensarse que el suicidio es un acto solitario y personal: la más trágica e intransferiblemente personal de todas las acciones que puede llegar a consumar un ser humano. Sin embargo, las causas que llevan a una persona al suicidio están casi siempre asociadas a motivaciones o experiencias de carácter plural o colectivo. Concretamente, tienen que ver, en muchísimos casos, con las situaciones críticas extremas que un individuo se ve en situación de afrontar a causa de su pertenencia a una determinada realidad social o al grupo familiar que lo rodea.

Este no es un drama exclusivo de nuestra provincia o de la Argentina. Hay muchos otros países que asisten a un aumento preocupante de la misma tendencia. Sólo en Estados Unidos, la tasa de suicidio adolescente se cuadruplicó en las últimas décadas. Los especialistas aseguran, además, que no es una tendencia que distinga clases sociales, aunque advierten que puede afectar más a los jóvenes de un nivel socio-económico medio o medio-alto, donde las exigencias y las expectativas de realización personal son más marcadas.

No puede mirarse con indiferencia el crecimiento de este flagelo. Tanto el Estado como las instituciones vinculadas a los jóvenes -las escuelas, los clubes, los grupos parroquiales, etc.- deben comprometerse en un estudio profundo sobre las causas y las formas de prevención del suicidio juvenil.

Lamentablemente, no es mucho lo que se ha hecho hasta ahora en este sentido. Existen muy pocos servicios de asistencia a personas con tendencias depresivas y no se presta demasiada atención, en muchas instituciones donde los jóvenes desarrollan sus actividades centrales, a la consolidación de gabinetes psicológicos para detectar casos problemáticos.

Urge sacar a relucir ese tema en momentos particularmente difíciles para los argentinos de todas las edades y en especial para los jóvenes, que ven cómo la incertidumbre amenaza cada día más sus proyectos de vida. Se estima que el 90 por ciento de los suicidios se origina en problemas anímicos o mentales de depresión, o en los abusos relacionados con el consumo de drogas. Sin embargo, en un alto número de casos la razón por la cual una persona se quita la vida no obedece a una causa neta o fácilmente identificable sino a una suma de perturbaciones o desarreglos, cuyo grado de influencia en la trágica determinación final no es fácil determinar o cuantificar.

Por eso resulta imperioso alentar la formación de recursos humanos especializados, y la puesta en marcha de planes de asistencia y atención social, destinados a prevenir y evitar este doloroso mal que también se propaga por el mundo.



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