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Manotazos de ahogado


Como un presagio casual de la catástrofe sanitaria que se avecinaba, más de medio centenar de organizaciones vinculadas a actividades científicas y de la sociedad civil reclamaron el año pasado que la salud ocupara un lugar protagónico en la campaña electoral que desembocó en un cambio de gobierno a nivel nacional. La demanda tuvo lugar en el marco de una aguda crisis económica que, como de costumbre en la Argentina, relegaba a un segundo plano otros temas de interés.

Impulsaron aquella iniciativa entidades como la Asociación Argentina de Oncología, la Asociación Argentina de Salud Mental, la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil, la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología, la Red por los derechos de las personas con discapacidad, la Fundación Cardiológica Argentina y Proyecto Suma. Los responsables de tales asociaciones hacían hincapié en que hay decisiones pendientes -en el campo sanitario- sobre las cuales es clave una definición.

Una de las voces más resonantes provino de la Asociación Civil Surcos, que desarrolla su actividad en el interior del país. Su fundadora pidió concretamente que “la salud esté en la agenda pública; que sea un tema del que se discuta”. Por supuesto, la campaña presidencial 2019 transcurrió sin mayores novedades al respecto.

Aquel nutrido grupo de instituciones representativas de diferentes áreas sanitarias no hizo un planteo general, sino que se tomó el trabajo de consensuar un petitorio de diez puntos, esperando un pronunciamiento de los candidatos que nunca llegó.

La iniciativa comprendía varios aspectos: la salud sexual y reproductiva, incluida la interrupción legal del embarazo; la ley de salud mental (cuya reglamentación puso a enero de este año como plazo para la desmanicomialización); las enfermedades crónicas no transmisibles; el acceso a los medicamentos; la prevención y la cobertura de salud para personas con discapacidad. Además, habida cuenta la pérdida de categoría del Ministerio de Salud Pública durante el último tramo del gobierno de Cambiemos, las entidades solicitaban una respuesta sobre la jerarquía institución del área.

Por razones de la política que jamás entenderemos, el tema tuvo una repercusión cercana a cero durante la campaña, por lo que se llegó al balotaje de noviembre sin un abordaje serio de los numerosos y graves problemas sanitarios que sufre la Argentina hace décadas.

Quiso el destino que al mes apareciera un virus y se desatara una pandemia que, con brotes y rebrotes, hoy asola al mundo entero. De pronto, la salud pública comenzó a estar en boca de todos y a los apurones se toman medidas de emergencia para tratar de atenuar el impacto de una plaga que, en nuestro país, dejó de estar en ciernes y se encamina a su pico más alto.

Las organizaciones que el año pasado pidieron a los distintos candidatos/as que se ocuparan de la salud no tenían idea del flagelo que se avecinaba. Sin embargo, si la salud ocupara el lugar protagónico permanente que debería ocupar en la agenda pública, que era lo que reclamaban, tal vez hoy no estarían haciendo falta tantos manotazos de ahogado.



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