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Martes 04 de Agosto de 2020

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El árbol y el bosque


En los días previos al comienzo de la última campaña electoral, un conjunto de organizaciones no gubernamentales solicitó a los postulantes a Presidente de la Nación que sus discursos tuvieran contenido, y que se presentaran a los debates con propuestas concretas. Aunque sin presentaciones igualmente formales dirigidas a otros candidatos/as, es lo que la ciudadanía espera cada dos años en cada provincia, en cada municipio, siempre con la expectativa de que, por ambas vías, los futuros mandatarios/as y legisladores/as puedan dar respuesta a los problemas que preocupan a la sociedad.

Falta poco más de un año para las próximas elecciones de medio término en la Argentina; sin embargo, la política ya mueve sus piezas, en un escenario de crisis que obliga más que nunca a discursos con contenido y propuestas concretas para los problemas que se han visto agravados en el primer semestre del año y que colocan al país en una situación socioeconómica dramática.

Con tiempo suficiente, la parte más aletargada de la sociedad civil debe despertar y adherir a iniciativas que tengan como principio básico el esclarecimiento del electorado. Porque todos los votantes podrán elegir mejor el día de mañana si cuentan con declaraciones específicas sobre las cosas que proyectan los candidatos/as respecto de tantos temas que nos inquietan.

Después de tantos años de promesas incumplidas y deterioro económico y social, lo menos aconsejable es que vuelvan a aparecer aventureros/as de la política que sigan causando males. Los candidatos/as que hoy pelean con anticipación un lugar en las distintas gateras no tienen margen para la improvisación y menos para la negligencia.

Quienes aun así estén dispuestos/as a competir el año que viene no deberían sustraerse de la obligación moral de no mentirle a la gente. La expresión pública del candidato/a sobre una cuestión cualquiera debe operar como un compromiso político, para que la ciudadanía sepa qué exigirle después a quien se imponga en las elecciones.

Como nunca antes, la magnitud de la crisis y las distintas problemáticas abren un atrapante abanico de temas sobre los que cada dirigente debiera ir tomando posición seria y responsable; desde las cuestiones sanitarias que están en el tapete, hasta los asuntos económicos, laborales, institucionales y tantos otros. Se trata de poder ver con cierta claridad y coherencia no sólo el árbol sino también el bosque.

No menos interesante resulta la posibilidad de que en ese libre y respetuoso intercambio público de propuestas los distintos partidos y coaliciones pudieran ponerse de acuerdo en los trazos fundamentales de las políticas que el país y la provincia, demandan. Al fin y al cabo, la democracia es plural y deliberativa, lo que significa que a un problema se le pueden proponer distintas soluciones.

Argentina debiera aspirar a esta altura a una síntesis que potencie las decisiones que se toman en las distintas esferas de su administración. Hasta ahora ha sido sumamente pernicioso el vaivén que vive cuando se interpreta que un cambio de gobierno equivale a borrón y cuenta nueva.



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