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“COSMUSIC”

Numerofonía en cadáver exquisito


Por Washington

Las experiencias de los surrealistas en el campo del arte son innegables y han aportado al mundo, desde principios del siglo pasado, no sólo una nueva manera de interpretarlo sino también de producirlo. La creación colectiva se abría paso así con la pretensión de sondear el inconsciente humano ante la imprevisibilidad del producto final resultante de la intervención espontánea y arbitraria de varios artistas. Lo llamaban “cadáver exquisito”, en alusión a una de esas producciones: “Le cadavre exquis boirá le vin nouveau” (“El cadáver exquisito beberá el vino nuevo”) funcionaría como una declaración de principios y como piedra fundacional del manifiesto. “Lo emocionante para nosotros en ese tipo de producciones era la certeza de que, para bien o para mal, representaban algo que no era posible por el trabajo de una sola mente”, reconocería André Breton, principal gestor del movimiento.

En esta misma línea de trabajo colectivo, el músico formoseño Cristian Oviedo echó mano a una pieza que nace de una serie de experimentaciones, para presentar “Atzinha”, un concepto trabajado desde la interpretación junto a la artista Mirna Paulo, representante de la comunidad Wichí en Formosa y maestra MEMA.

Se trata de un arreglo musical en clave electroacústica de una melodía gestada en los talleres de formación de jóvenes en Numerofonía dictados en la localidad de El Potrillo hace unos años por Jorge Aschero, investigador y doctor en Musicología. Con la intervención lírica de Mary Panal, maestra MEMA de la comunidad, la pieza tomó otro matiz al retratar en esencia a la mujer Wichí en su condición hacedora y obradora del destino de su pueblo.

El trabajo armónico por parte de Cristian Oviedo y la labor interpretativa de Mirna Paulo decantaron en este producto final, acompañado de un collage digital por parte de la artista visual Agustina Laró a modo de portada del single.

En diálogo con Cronopio, Cristian pondera la evolución de esta pieza sonora ante la intervención de cada artista, en cada estadio, hasta llegar a “Atzinha”, una experiencia por demás transformadora e introspectiva, no sólo desde la producción sino también desde la escucha atenta. Disponible en YouTube desde este viernes y en las demás plataformas desde mañana lunes, lo recaudado de las reproducciones digitales -asegura-, “va a ir para el grupo de jóvenes músicos Wichí, para que puedan continuar su actividad y proveerse de lo que necesiten en ese sentido”.

Aventurado a sondear y explorar los más vastos géneros y estilos musicales, Cristian Oviedo da vida así a “Cosmusic”, un concepto amplio que busca “englobar toda la música que me identifica y me emociona de alguna manera, trabajando desde la composición e interpretación de mis obras, así como las veces de productor musical, arreglador, grabación y mezcla, y otras desde la composición audiovisual”. En este sentido, movido por una inquietud casi intuitiva, su aspiración permanente de lograr una estética novedosa desde lo sonoro y también desde lo visual, lo lleva a congregar a otros artistas de diferentes vertientes dispuestos a la experimentación permanente. “Cosmusic” -grafica- “entiende a la música como una vibración universal que no comprende de géneros ni etiquetas sino de emociones y paisajes mentales”. “Atzinha” logra este cometido desde la conjugación ecléctica de diferentes intervenciones sumadas al proyecto, donde cada pieza, cada forma geométrica, cada color asignado a un sonido ancestral devela la condición humana que nos desgaja de la intrepidez vertiginosa de estar vivos pendiendo del arte de forma permanente.

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Te venimos siguiendo en redes con tu tratamiento con artistas como Luca Prodan y Shaman Herrera… ¿Cómo surge la idea de trabajar con Mirna Paulo en esta versión de “Atzinha”?

- “La idea de hacer arreglos en la música originaria viene desde hace varios años, cuando pensaba sobre qué tema iba a ir en mi tesis en la Facultad en Rosario. Sabía que quería estudiar sobre la música de pueblos originarios de Formosa; en ese momento, todavía no sabía que iba a terminar haciendo música Wichí.

Al volver a Formosa, tuve la gran fortuna de conocer a Mirna Paulo, quien me muestra la canción a capela, y quedé realmente impresionado por la voz de ella y por la composición. No sé por qué razón me sonaba a música japonesa, pero en realidad era música que nació en el corazón del monte. Luego me pasó un papel lleno de cuadraditos (yo no entendía nada) y me dijo que era Numerofonía, que ellos anotan así sus canciones.

En aquel momento, allá por el 2017, había hecho un primer arreglo en guitarra para acompañar la canción, que no tenía armonía, era sólo una melodía. Después de eso, tuve un parate con la música por un tiempo. En 2018 fui papá, con toda la responsabilidad que eso conlleva. Pero siempre resonaba en mi cabeza esa canción y siempre tuve el deseo de volver a trabajar en un arreglo con elementos eléctricos, sintes, etc.

En diciembre del año pasado, nos volvimos a encontrar con Mirna. Y en esa oportunidad, me mostró una introducción que ella había agregado a la canción que estaba buenísima. Así que desde ese momento nos pusimos a trabajar, grabamos la voz y la guitarra primero y después fui agregando los arreglos”.

Hay un largo proceso que resulta en este producto final, casi como un cadáver exquisito… desde los talleres de creación de Aschero, pasando por la composición, la lírica y finalmente la interpretación. ¿De dónde nace este concepto de unir las diferentes piezas de este rompecabezas musical?

- “El nacimiento de este single es solamente la punta del iceberg. Sin el trabajo del maestro Aschero, junto a la fundación Niwok, el trabajo de los jóvenes del taller musical, la MEMA compositora de la letra de la canción y Mirna como intérprete, nada de esto podría haberse llevado a cabo. En los arreglos traté de describir las sensaciones que me provocaba desde una mirada entre la música clásica y la electrónica, pero sin beats que manejen el tempo, sino seguirla a ella en su vuelo, en sus pausas y en sus realentandos y accelerandos. Siempre me gustaron las canciones que me generen la sensación de espacialidad dentro del tempo. Por eso elegí a ‘Mañana en el Abasto’ y ‘Rojo’, de Shaman. Son temas que tienen aire. En el caso de ‘Atzinha’, la voz domina el tempo”.

Hay un gran trabajo en el arte visual además, en sintaxis con ese universo sonoro…

- “Desde que comenzamos a trabajar con la canción, siempre tuve la idea de fusionar el mundo sonoro con lo visual. A comienzos de año, estábamos por empezar a filmar un corto que iba a acompañar a la canción. Por la pandemia, tuvimos que suspender la filmación, pero de todas maneras la canción es una entidad en sí misma. Así que decidí hacer el lanzamiento pero acompañado de un collage digital que pueda acompañar el concepto de ‘Atzinha’. Para eso hablé con Laró, de RAUM Estudio, y conectó al toque con la canción. Yo le sugerí algunos modelos de collage que había visto y a partir de ahí comenzó a estudiar para poder hacer algo que respete la cosmovisión Wichí, pero desde una perspectiva moderna. El resultado fue genial, no sólo hizo la portada sino que desarrolló un concepto dentro de la canción cargado de poesía y conciencia. Espero pronto poder sacar el material físico, donde estarán incluidos los escritos de Laró y se muestre el proceso del collage”.

¿Cuál es el norte artístico de “Cosmusic”? ¿Para dónde se proyectan sus objetivos?

- “Por lo pronto, estamos co-produciendo con una amiga de Santa Fe un tema del grupo “Beach House”, que es una de mis bandas favoritas, y en paralelo también un tema mío como solista.Ojalá que también, en un futuro no muy lejano, podamos retomar la filmación del corto, que es algo que me quedó pendiente”.

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A mi amiga Mirna

Ella es una más entre las aves del monte,

su voz de seda acaricia el aire

y en un ascenso vertiginoso

parte hacia las estrellas

para encontrarse con la belleza de la inmensidad.

Desciende guiada por sus antepasados

flotando en el viento con un vuelo sereno.

Luego juega entre los remolinos

que se apoderan del tiempo.

Su vuelo tiene una causa,

su vuelo tiene raíz,

su vuelo me deja ver

el lado místico de la existencia.

Cristian Oviedo

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“Õhäpe atsinha”

Ta law'et täja,

õw'en õlhämet ta

häpe wichí.

Õchäjejlhi

m'ek ta matche,

häp õkeyis.

Õchumat ta.

Atsinhai.

õlhamil õwujpe,

õntäkw ta

atsinhai.

Häp atsinhai ta

law'et täja

ipäine lales

m'ek ta lachumet,

tiyäjo tañhi

itäfwnhatej

m'eñhei ta wichi

yen lhäka.

“Soy mujer”

De este lugar,

tengo mi idioma

que es Wichí.

Sujetando

con sinceridad

mis accionares.

Tarea nuestra es.

Nosotras, las mujeres,

somos muchas,

varias somos

las mujeres.

Las mujeres de

este lugar

muestran a sus hijxs,

sus quehaceres,

van al monte

para hacerles conocer

lo que la gente

consume.

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“LA MATEMÁTICA PUEDE SONAR”

“Es para mí un orgullo el haber realizado en Formosa (El Potrillo e Ingeniero Juárez) talleres formativos con la Numerofonía y que el sistema de escritura musical siga vivo en su gente. Felicito a Cristian Oviedo por la canción surgida del talento maravilloso de las personas que realizaron los talleres y espero que pronto podamos (junto a Mirta Karp) volver a seguir sembrando en esa hermosa tierra”. Sergio Aschero

Movido íntimamente por la necesidad de desentrañar la naturaleza ontológica del lenguaje musical, muy por fuera de sus pretensiones netamente academicistas, Sergio Aschero propone desde hace muchos años un camino hacia una lectura más simple pero no menos cabal de los sonidos que lo componen. Entregado a la tarea de deconstruir el sistema de notación musical tradicional, la matemática, la acústica, la óptica y aun la lingüística le brindan el marco propicio para la creación de un código específico alternativo al ideado por el monje benedictino italiano Guido D'Arezzo en la Edad Media.

La Numerofonía de Aschero nace en una de sus travesías por el Noroeste argentino, ante la imposibilidad de enmarcar la música de los chaguancos en la semiótica tradicional de naturaleza académica con la que él contaba. Esa imposibilidad, revelada como una verdad irrefutable, lo guía hasta el día de hoy en sus charlas y talleres alrededor de mundo -junto a la profesora Mirta Karp, su compañera de vida-, muchos de los cuales lo han traído a Formosa en varias oportunidades, a comunidades originarias Wichí en El Portillo o Qom en Ingeniero Juárez, donde impartió talleres de formadores musicales en numerofonía y construcción de instrumentos autóctonos, lo que decantó en la formación de un coro y la creación de un cancionero propio escrito en código numerofónico.

Aschero plantea como paradoja fundamental el hecho de que grandes músicos populares, altamente reconocidos alrededor del mundo, no lean música. Algo inconcebible en términos análogos en el terreno de la literatura o de la pintura, asegura. Leda Valladares, Rodolfo Mederos y Daniel Barenboim se encuentran entre los destacados artistas, de diversas vertientes, que han destacado la importancia de su trabajo a lo largo de los años.



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