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Lenguaje hermético


Una vieja aspiración de la sociedad argentina y de los/as formoseños/as en particular es que los jueces simplifiquen el lenguaje de sus fallos. Sin embargo, aún cuando muchos representantes de la Justicia suelen reunirse para tratar este tema y exhortar a sus colegas a redactar fallos más sencillos y comprensibles para la ciudadanía en general, los escritos intrincados siguen imponiéndose.

La Mañana, al igual que muchos otros medios del país, viene reclamando hace años un lenguaje judicial accesible para la mayoría de los/as ciudadanos/as. Si bien cierto grado de conceptualización jurídica resulta entendible -pues, en última instancia, las ideas rectoras de lo justo y de lo injusto son abstracciones-, el esfuerzo por acercar esos conceptos a la gente, como decía la fallecida exintegrante de la Corte Suprema Carmen María Argibay, no deja de ser un acto de democratización judicial bien entendida.

La actividad judicial es tal vez uno de los ejemplos más extremos de la tendencia de todos los sectores a desarrollar su propia jerigonza. Cualquier lego que pretenda entender escritos o resoluciones judiciales tropezará con oraciones demasiado largas, de compleja sintaxis, y con redactores que parecen esforzarse por usar sinónimos de uso no corriente.

Los especialistas opinan que el lenguaje hermético es una barrera para el acceso al sistema judicial. Si en lugar de decir “ut supra” se escribiera “más arriba”; si se usase “hoja” en lugar de “foja”; si se apelara a una expresión técnicamente precisa como “pago del alquiler” en lugar de “satisfacción del canon locativo”, se evacuarían muchas dudas más fácilmente y sin perder precisión.

Aunque el problema -que no es sólo argentino ni se limita al campo judicial- no tenga la urgencia de otros que integran la agenda de la reforma de la Justicia que la sociedad reclama, debe celebrarse que dentro del propio Poder haya funcionarios bregando por simplificar el idioma que mayoritariamente aun se utiliza.

Es de destacar, en este sentido, la organización de jornadas de capacitación y la creación, por parte de algunos tribunales superiores del país, de comités de asesoramiento a jueces y a otros funcionarios para clarificar el lenguaje jurídico-administrativo y elaborar un manual de estilo para fallos y sentencias que simplifique la sintaxis y evite los arcaísmos y las citas en latín, entre otros recursos abusivos que dificultan la comprensión de esos textos.

Bienvenida sea la promoción de acciones tendientes a facilitar la comprensión por parte de los justiciables de las resoluciones y demás documentos generados en el desarrollo de la función judicial, especialmente cuando éstos estén dirigidos a quienes conforman los grupos más vulnerables.

Simplificar el lenguaje no acercará la Justicia a quienes más la necesitan, pues aparte de los conceptos abstractos hay muchas otras barreras. Sin embargo, la tarea de devolverle credibilidad a la administración judicial es un proceso gradual, y es aquí donde la idea de conseguir fallos más llanos cobra valor al enlazarse con el objetivo de mayor transparencia.



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