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Futuro sustentable


Poco antes de llegar a ser el segundo país con mayor cantidad de contagios y muertes por coronavirus, Brasil ya había sido noticia a nivel mundial por los catastróficos incendios en la Amazonia. Aquel desastre llegó a disparar una compleja situación internacional que hizo tambalear, incluso, las relaciones comerciales entre el Mercosur y la Unión Europea, aparte de producir un vergonzoso escándalo con Francia por una insinuación del inefable Jair Bolsonaro que ofendió a Emmanuel Macrón.

En ese contexto, mientras el Presidente brasileño se enfrentaba a líderes de países desarrollados por los gravísimos incendios forestales y miles de ciudadanos/as marchaban en el mundo para alertar por el descuido que sufre el “pulmón del planeta”, el humo de aquel fuego, debido a los vientos, llegaba a la Argentina y se extendía por varias provincias del norte, entre ellas Formosa.

Tan cercana y triste experiencia debería servirnos de ejemplo para prevenir coyunturas equivalentes en el territorio nacional, habida cuenta que los incendios en varias provincias se repiten año tras años y que los más grandes son generados por intereses económicos y no de manera accidental, como los que suelen ocurrir por descuidos de pescadores o personas que hacen camping.

Volvamos entonces el caso brasileño. Al asumir Bolsonaro -quien ayer casualmente dio positivo DE COVID-19-, cambiaron las políticas medioambientales en el vecino país. Hasta entonces, y durante casi una década, se combatió la deforestación y se trabajó -“con resultados altamente positivos”, según los especialistas- en la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero, en el marco de un fuerte compromiso con el calentamiento global. Sirva como dato complementario que Brasil es el sexto país más contaminante del planeta, por lo cual se le reclama un empeño mucho más importante en el control de dicha emisión.

El polémico Presidente del país más grande de Sudamérica no sólo reniega irresponsablemente de la cuarentena sino que, además, se atreve a contradecir al mundo científico. Cuando desde distintos institutos se divulgó un gran crecimiento de las áreas deforestadas e incendiadas entre 2018 y 2019, Bolsonaro respondió con dos argumentos que generaron y generan desconfianza a nivel local e internacional: desprestigió a los investigadores que producen información crítica y aseguró que no disponía de medios para controlar los incendios, aun cuando, en algunos casos, los llegó a justificar.

La Argentina, aunque con grandes deudas ambientales, no está hoy en ese rumbo. Y no debería estarlo jamás, ya que la política de Estado a seguir es el Protocolo de París, que no busca frenar el crecimiento económico de ningún país, sino asegurarle a la humanidad un futuro con base en modelos económicos que demuestren ser sustentables.

A la larga o a la corta, no habrá comercio con países que destruyan o contaminen el medioambiente. Un mensaje por demás claro que deberían tener en cuenta no sólo las autoridades nacionales, sino también los/as funcionarios/as que toman decisiones a nivel de provincias y municipios.



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