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PULSAR LICH

Latidos de otra galaxia


Por Washington

Foto: David Lescano


En 1977, la NASA convocó a un selecto grupo de científicos y especialistas reconocidos presidido por el astrónomo Carl Sagan con una misión clara: diseñar el Voyager Golden Record. Se trata de un disco de cobre recubierto en oro que orbita el espacio desde su lanzamiento para dar a conocer a cualquier ser extraterrestre que dé alguna vez con él, sonidos e imágenes característicos de nuestro planeta y una selección ecléctica de la “mejor música” de las diferentes culturas que la humanidad haya creado hasta ese momento. Mozart, Bach, Beethoven, Stravinsky y Louis Armstrong, entre otros, se aventuran a ese periplo infinito y tardarán unos 40.000 años en llegar a la estrella más cercana a nuestro sistema solar y tal vez dar con algún exoplaneta donde puedan disfrutarlos.
Este enorme trabajo científico, pero con claros ribetes poéticos, cobró sustento y rigor unos 15 años después, cuando el astrónomo polaco Aleksander Wolszczan, anunció la existencia de numerosos planetas de masa terrestre orbitando el Pulsar Lich, una estrella de neutrones emisores periódicos de radiación.
El descubrimiento de miles de sistemas planetarios llegó después, con otros miles de planetas extrasolares que los orbitaban.
Desde un ínfimo rincón del universo sí, pero con una riqueza sonora exponencial, “Pulsar Lich”, banda de rock local formada por Gastón Benítez (voz, guitarra y programaciones), José Busso (bajo y programaciones), Federico “Tito” Delfino (batería) y Eugenio Martínez (guitarra, programaciones y coros), propone un verdadero viaje sensorial a través de la exploración de sonidos y texturas que recogen influencias del pop y el industrial.
En charla con Cronopio, sus integrantes trazan los orígenes de este proyecto musical, su universo creativo y el proceso de creación de su primer trabajo discográfico, “La segunda mitad de las cosas”, que marca el inicio de un sendero signado por el éxito:
“La banda nace en el 2015, después de un proyecto que habíamos compartido ya con José Busso y con Andrés Caamaño, que era el baterista. Ahí nace ‘Pulsar’, que era ‘Baron Biza’ antes. Y nos mudamos a Buenos Aires con la idea de comenzar de cero, empezar de vuelta. Cambiamos el estilo. Veníamos escuchando muchas cosas, porque con ‘Baron Biza’ hacíamos mucho rock progresivo; también veníamos escuchando mucho pop. Nos entró mucho el tema de que se empezó a reutilizar el sintetizador, como que habían vuelto los nuevos ochenta”, aseguran.
Nutriéndose de múltiples disciplinas artísticas y científicas, este grupo de músicos inquietos escudriña permanentemente y absorbe todo lo que esté a su alcance para enriquecer su propuesta: “Nos gustó siempre la ciencia ficción. Y entonces empezamos a volcar todo eso. Nos inspiramos mucho en películas por lo general: ‘Blade Runner’, ‘Alien’, ‘Star Wars’… mucha ciencia ficción a full siempre. Es como que a toda esa estética la convertimos en sonido. Y ahí empezamos a armar un caldo nuevo que se convirtió en ‘Pulsar’”.
En una charla amena y distendida, Gastón se aventuró a explicar el nombre de la banda y el aspecto que los atrajo desde lo estético para tomarlo como concepto general en su obra y vincularlo estrechamente con la música: “Los púlsares son una energía producida por unas estrellas que se generan en el espacio. No es puntualmente así, pero lo que nos sedujo a nosotros es que los púlsares son energía que se va propagando con un pulso fijo. Entonces es como un ‘metrónomo del espacio’, digamos. Después descubrimos que gracias a los púlsares, se crearon pequeñas estrellas. Y ahí nace el primer pulsar: una estrella llamada Pulsar Lich. Ideamos un ‘metrónomo espacial’, porque nos gustaba mucho toda la cuestión del espacio, qué pasa en el espacio… y los sonidos pueden llegar a remontarnos a algo espacial”, asegura.
Sin embargo, para llegar a editar su primer LP, “La segunda mitad de las cosas”, es extenso el camino que emprendieron y trazaron desde la autogestión y el trabajo arduo permanente: “Empezamos a armar la banda en Buenos Aires y nos volvimos a Formosa los tres para empezar a laburar. Pero en ese proceso, Andrés se va. Y nos quedamos con las canciones para grabarlas. Justo en ese momento, habíamos empezado a trabajar en ‘Pu Rec’ con Juanma Ramírez, que siempre nos escuchaba laburar los dos solos programando baterías virtuales. Y se copó y nos propuso grabar él las batas del disco. Nos sentamos a tocar los temas y ver cómo hacíamos con el sonido, la estética… Y lo grabamos en mayo de 2018. Igual, nosotros veníamos trabajando ya bastante”, aseguran. Gastón recuerda: “En un momento, José vivía en una casa cerca del Puente Blanco y nos íbamos a laburar ahí. Todo el día lo pasábamos ahí trabajando. Hacíamos miles de maquetas, dábamos vuelta todo… Y cuando Andrés se va, pudimos darles otra vuelta de rosca a las baterías, que era algo que queríamos hacer. Y con Juanma lo logramos. Lo pudimos materializar y humanizar, porque estaba todo muy electrónico, muy robótico”.
Reconocen también la gran influencia que Juanma Ramírez -músico y productor- significó como ojo externo para lo que eran sus canciones: “Fue una guía estética, leyendo él lo que nosotros tratábamos de hacer. Él se dio cuenta de cosas que nosotros quizás no advertíamos enroscados en las canciones. Vino y nos acomodó un poco el rompecabezas, digamos. Y nos ayudó mucho en el estudio, operando en el control, si bien nosotros con José nos arreglamos en el estudio, porque él tiene casi hecha la Ingeniería en Sonido y yo estudié Composición Musical con medios electroacústicos, que tiene toda una parte de grabación también, pero sobre todo de programación de sintetizadores, de generar sonidos desde cero. Entonces en el estudio de grabación estábamos como peces en el agua a nivel técnico. José es muy bueno microfoneando, por ejemplo; yo uso muchos programas virtuales para generar sonidos. Tenemos una buena caja de herramientas para laburar”, asegura Gastón.
Meticulosos en su manera de abordar el trabajo, incluso a la hora de comunicar para dar a conocer su estética, continúan: “Mientras grabábamos el disco, armábamos fechas y tocábamos con otros bateristas. En ese momento, lo hacíamos con Damián Giménez, de ‘Luna Endiablada’, y con Edgar Valiente también, de ‘Chico Mendes’. Pero no eran bateristas fijos. Y nuestra idea era terminar el disco y mudarnos a Buenos Aires de nuevo, cosa que sucedió ahora, que ya estamos instalados desde el año pasado. Allá por agosto, ya habíamos tocado con un amigo venezolano, Eugenio Martínez, y fui a hablar con él porque necesitábamos otras voces, otra viola y unos sintetizadores. Y lo reclutamos. En el medio de eso, conocemos al baterista Tito Delfino, con quien pegamos muchísima onda al tocar. Así se armó la banda”.
Desde la autogestión, también todo se les hizo cuesta arriba, como siempre sucede; y encararon su norte en Buenos Aires, desde donde se proyectaron como grupo ya consolidado tocando en pequeños circuitos: “Tocamos en septiembre y octubre en Capital Federal, con una muy buena recepción. Pero nos pedían el disco y aún no lo teníamos publicado. Entonces nos propusimos terminar el disco antes de seguir tocando. La realidad también es que somos una banda independiente y todo requiere gastos: sonidista, fotógrafo para registrar algunas imágenes, iluminador… Entonces decidimos destinar el dinero recaudado a terminar el disco, que es todo un proceso: registro, el nombre de la banda, las canciones, intérprete y compositor, el disco como producto en sí…”, explican.
La estética firme y cuidada de “Pulsar Lich” también puede explicarse desde la simbiosis artística a nivel compositivo y experimental que se da entre José Busso y Gastón Benítez. Numerosos videos que orbitan en las redes sociales dan cuenta de esta relación intrínseca particular a nivel profesional, sobre todo desde la interpretación de los temas: “Nos conocemos desde el año 2002 más o menos, pero empezamos a laburar juntos en 2009”. En palabras del propio Busso, él es “como cocinar a fuego fuerte”; y Benítez, “a fuego tranqui”. Sostienen que si a José le surge una idea, Gastón la canaliza; y reflexiona: “Pero él trae una idea como más cruda y le gusta descansar en mi paciencia para vestirla de a poco. Él quiere como ir más rápido en ese sentido, su creatividad va más rápido. Entonces nos complementamos muchísimo porque él ya sabe que yo voy a otro ritmo y sabe esperarme en ese sentido. Y cuando yo le traigo ideas, sé que él les va a dar esa parte más caótica. La clave de nuestro trabajo es que aprendimos a conocer nuestros tiempos. José es como más práctico, sabe resolver más rápido, pero entiende también que a veces al arte hay que esperarlo a que madure mucho tiempo. A veces vos tenés una canción y a los dos años recién la estás tocando. Tenemos una dinámica de trabajo que con una mirada ya nos entendemos”.
Probablemente esta simbiosis radique en el horizonte que también comparten y el gusto por explorar la escena cultural desde todos sus puntos, casi como un escaneo minucioso del entorno artístico del que Gastón da cuenta: “En general venimos de tradiciones musicales parecidas. Lo que pasó fue que llegamos a un punto de escuchar casi lo mismo siempre. Y después empezamos a separarnos en ese aspecto, lo que le vino muy bien al grupo, porque él se fue hacia un costado mucho más pop, sintetizado, indie… se fue alejando de las guitarras eléctricas en cierta forma. Y yo me fui a explorar otros lados. Yo, más allá de la música académica por mis estudios, siempre escuché punk rock, cumbia… no le hago asco a nada mientras le saque algo a eso. No tengo ningún drama. Y en este momento es como que nos distanciamos en los gustos musicales, pero nos sirve mucho a la hora de componer, porque la paleta de colores se hace mucho más amplia. Siempre nos sentamos escuchar discos y vamos a ver bandas, nos gusten o no. Y apreciamos todo: el audio, cómo tocaron los músicos, la composición, las letras, el arte de tapa, la estética, la foto, cómo se visten, cómo enuncian… Y nos gusta conocer gente del arte en general: fotógrafos, poetas, gente ligada al cine…”.
En cuanto a los proyectos inmediatos de la banda, tienen lo suficientemente claros sus objetivos para los tiempos que vienen: “Ahora estamos encarando la actividad en Buenos Aires y queremos hacer un poco de curriculum, encarar una estrategia fuerte de gira, prensa, radio… para tratar de ingresar a circuitos festivaleros, que es lo que nos interesa. Y también todos los proyectos por parte del INAMU, Ibermúsicas, el Fondo Nacional de las Artes… Estamos metiéndonos en todos estos proyectos. También en Santa Fe, Paraná, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes y en Paraguay, donde tocamos mucho y re gustó; tenemos algo latente. Falta concretar fechas”.
A 43 años del lanzamiento del Voyager Golden Record, quizá tengamos datos certeros acerca de su órbita y posición exacta. Lo cierto es que ninguno de nosotros podrá dar cuenta de que un ser extraplanetario disfrutó alguna vez de “La consagración de la primavera”, de Stravinsky.
En una misma línea de travesía poética espacial, “Pulsar Lich” echa mano a una experimentación sonora exquisita que viaja por el espacio sideral, como una botella que orbita en medio del océano cósmico infinito, plagado de agujeros negros que se tragan todo en derredor, menos el arte.


"LA SEGUNDA MITAD DE LAS COSAS"


Un verdadero viaje interestelar parece proponer el primer disco de “Pulsar Lich”, desde el 14 de febrero pasado en todas las plataformas digitales. “En mayo de 2018 empezamos a grabarlo y fue un proceso que duró hasta marzo de 2019. Se llama así porque cuando nos quedamos sin batero, nos propusimos terminar el disco en Buenos Aires, grabarlo e instalarnos ahí. Y ahí entra el concepto de ‘la segunda mitad’. Lo tomamos como ese proceso sin batero como la segunda mitad del proceso de grabación, donde encontramos todas las ideas mucho más fluidas”.
El trabajo consta de nueve temas, divididos en dos partes, según explican: “La canción llamada ‘La segunda mitad de las cosas’ es la número cinco, la mitad digamos. En la primera mitad, los primeros temas son como más caóticos; tratamos de hacer eso: caos y entendimiento del caos, más que paz. Entonces las primeras canciones son como más para arriba, más poperas, más hits con carga de guitarras, más distorsión; y la segunda mitad del disco tiene canciones más tranquilas, con letras mucho más reflexivas desde el punto de vista introspectivo. Ese fue el concepto. Dividirlo en dos mitades y subrayando que la segunda mitad de las cosas tiene un sentido sólo si existe una primera parte, como más caótica, que ayuda a reflexionar”.
Por medio del fotógrafo David Lescano, su manager, contactaron a “Mediablend”, empresa de diseño, para trabajar el arte de tapa: “Nos gustaba la estética de los viejos sintetizadores, perillas, botones… Y queríamos trabajar el concepto: la segunda mitad de las cosas presentada como si fuera un tablero de un sintetizador. Y así llegamos a este diseño de un potenciómetro de un sinte con varias perillas divididas en dos mitades que a su vez parecieran ser una especie de nave alejándose y una lucecita como luna que a su vez es una especie de transistor que forma parte de ese equipamiento. La parte interior también está muy buena, que se podrá ver cuando salga el disco en formato físico”.
Con letras que exploran un amplio espectro lírico ensamblado desde la sonoridad con la estética buscada, maximizan el uso de sintetizadores en una ambientación en esencia rockera pero que puede virar hacia un sonido más pop por momentos. La impronta orwelliana del “doublethink”, también presente, nos retrotrae a una distopía incisiva de las redes sociales en nuestro tiempo.
“La segunda mitad de las cosas” -aseguran- significó toda una renovación en la banda, como algo que puede ser positivo o no, pero que es necesario para aclarar ciertas ideas: “La segunda mitad de la grabación del disco fue como un quiebre necesario que nos ayudó a terminar de cerrar una estética. La música que hacemos nosotros no es algo que hoy en día esté de moda. Pero es música que atrapa fuerte a quien lo atrapa. Son los menos, pero los atrapa fuerte”.
El orden y el caos danzando en el espacio desde el sonoro infinito son el leitmotiv de este trabajo. En momentos en que el universo nos interpela y pone en jaque nuestra enorme fragilidad como especie, sólo legamos al mundo la trascendencia del arte que brota de nuestras almas inquietas, en búsqueda incesante de esa segunda mitad que nos pueda otorgar entendimiento y sosiego donde reposar, en medio de tanta turbulencia.



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