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Cómo pasar del “mejor equipo de los últimos 50 años” al “yo no fui”


La vorágine que implica la realidad Argentina nos hace dejar de lado aquellas cuestiones que determinan el presente de la crisis de nuestra sociedad.

Apenas está seca la tinta de impresión de los diarios que consignaban aquella frase de Macri acerca de las cualidades de su gabinete de ministros: “El mejor equipo de los últimos 50 años”, cuando asistimos atónitos a la explicación del expresidente ante sus seguidores, donde decía que él le había advertido a su equipo económico que seguir tomando deuda era insostenible y que si los prestamistas nos soltaban la mano, nos íbamos a… Sí… esa palabra vinculada con la materia fecal; de tener la fórmula mágica para lograr la pobreza cero, del “no vamos a hacer ajustes, etc, etc” a este desastre del cual parece la culpa era de otros… nunca de los gestores de este modelo económico.

¿Cómo permitimos que estos personajes gobiernen nuestro país?

¿Cómo dejamos en sus manos nuestro destino, nuestra calidad de vida, el presente y el futuro de nuestros hijos?

No sólo es Macri el responsable de esta debacle, la tercera experiencia neoliberal en la Argentina desde el siglo XX tras la dictadura militar y Martínez de Hoz y la experiencia con Cavallo con Menem y De la Rúa.

Ellos son lo que siempre fueron, el problema es nuestra falta de conciencia histórica como pueblo.

Ellos llegaron con el voto de los argentinos, pues hagámonos cargo también de lo que votamos.

Cada día que pasa, salen a la luz -como era inevitable que sucediera- el saqueo de los CEOs, la estafa de González Fraga con la empresa Vicentin, prestándole más dinero, pese a estar en cesación de pagos... Sabemos todos que este personaje fue parte del elenco estable de la barbarie de este modelo, ya en gobiernos anteriores. ¿Cómo dejamos el Banco Nación a su cargo?

El mentado lawfare se hace patente, por la documentación secuestrada al espía D’Alessio, que alimentaba las denuncias de Carrió, Oliveto, Suvic y Bullrich, que los medios reproducían a diario, mientras topadoras excavaban media Patagonia para encontrar el tesoro escondido de CFK, cual el pirata Barba Negra, mientras TN mandaba cámaras y periodistas militantes a intentar sublevar a una clase media crédula e inocente.

Pese a lo absurdo, millones de señoras de clase media aún esperan que al fin aparezca enterrado el tesoro escondido.

La persistencia del “relato PRO” se mantendrá por décadas, aun sin pruebas, alimentando el antiperonismo que tanto sirve a la oligarquía, que se agazapa pero espera volver algún día.

Pero si hay pruebas concretas de que Vanderbroele cobró 1.500.000, que al valor actual será más de 4 millones, para montar una posada/hotel en Mendoza, a cambio de mandar en cana al exvicepresidente de CFK y arrimarlo a tribunales a Gildo Insfrán, por 40 monedas hubiera denunciado a su propia madre.

El relato necesitaba presos a estos personajes, para justificar ante la gilada que todos eran chorros, mientras “el mejor equipo” saqueaba el país.

La Argentina se pondrá de pie, saldremos de esta crisis con dolor, como salimos de otras; porque hay equipos de gestión capacitados. Pero la tragedia es la enorme cantidad de argentinos que siguen creyéndose el relato PRO, para los cuales la evidencia, las pruebas, no alcanzan nunca.

El relato ya se incorporó al inconsciente. El proceso de legitimación de la superioridad moral de la oligarquía ya está afirmado.

Mientras tanto, los saqueadores ahora se lavan las manos, Macri culpa a sus ministros, los ministros se hacen los distraídos. Nadie fue. Sólo ocurrió.

El atorrante que se olvido 10.000 dólares de coima en su oficina habla de operación política.

Lo triste es que varios se lo creen.

Nos espera una larga odisea para recuperar nuestro país. Para ponerlo de pie, con industrias trabajando, con obreros que vuelven a hacer del trabajo su lugar en el mundo; con obras de infraestructura para que no se mueran chicos por falta de agua potable; con servicios básicos que cobren tarifas que sí podamos pagar.

Pero la lucha más dura será educarnos cívicamente como ciudadanos; porque si no, corremos el riesgo de repetir el pasado y volver a entregarle el país a este elenco estable de delincuentes que encima pretenden dar clases de moral.

Para que nunca más los medios hegemónicos y la oligarquía manipulen al pueblo y nos roben el presente y el futuro.

Porque el pueblo puede equivocarse; pero tres veces en menos de 40 años parece un poco demasiado, aun para una país tan rico como la Argentina.



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