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ESTA SUSANA ES LA SUSANITA DE MAFALDA: SÍMBOLO DE UNA COSMOVISIÓN PARA NADA INOCENTE


Muchos se han indignado con las reflexiones de Susana Giménez desde Punta del Este, donde se quejaba del dólar turista y negaba la existencia de la pobreza, sugiriendo a los pobres del norte que vayan al campo para que trabajen y pongan gallineros para comer.

Algunos le atribuyen desconocer la realidad, como Moria Casan, quien le endilgó de vivir en otro sistema solar.

Creo, humildemente, que pecamos de ingenuos con esta mirada. No hay inocencia, ni es una tonta. Nadie acumula una fortuna de casi 100 millones de dólares sólo por ser una rubia escultural. En sus dichos, hay algo más profundo que explica la tragedia nacional del último siglo.

Nuestra nación, dotada de recursos naturales extraordinarios, de una población con alta calificación laboral y muy educada; genera volúmenes de riqueza cuantiosos. Nuestro PBI es de más de 300 mil millones dólares año, y fue el doble hasta 2015. A dónde va a parar esa riqueza que generamos entre todos.

El meollo del problema es cómo se distribuye la renta nacional. Desde 1800 en adelante, en la etapa de formación del Estado nacional, una minoría (la oligarquía-las 1.000 familias como las llama Alain Rouquieu) se apropió por variados mecanismos de los bienes productivos.

Primero se quedaron con 50 millones de hectáreas de la Pampa Húmeda, tierra fiscal apropiada a precio vil, tras la conquista del desierto donde montaron estancias/latifundios que producían materia prima para el Imperio inglés, con el que se asociaron convirtiendo al país en colonia del Imperio.

En convivencia con capitales ingleses, fueron socios de las empresas de servicios y bancos (el puerto, los ferrocarriles, los prestadores de servicios de luz y gas, los frigoríficos) y manejaron el país a través del fraude patriótico por décadas.

Colonizaron la justicia, gobernaron, y siempre haciendo negocios que los enriquecían, en medio de una argentina donde el 90% de la población era pobre. No había escuelas públicas, ni hospitales aptos, ni servicios, caminos, ni viviendas, mucho menos trabajo digno para el pueblo marginado.

La pobreza no es un accidente, ni designio de dios.

En Argentina, la pobreza es fruto de un sistema injusto de distribución de la riqueza. Un capitalismo salvaje, sin control del Estado lo hizo posible.

Los ricos se hicieron ricos a costa de empobrecer al resto de la población. Y el Estado (manejado por ellos mismos) AYUDABA a esa injusticia.

Frente a la pobreza, hay 2 maneras extremas de posicionarse: *pensar la pobreza como fruto de la falta de apego al trabajo, de la desidia de la mayoría de nuestros compatriotas. * O verla como resultado del sistema económico en que vivimos.

La primera mirada, que obviamente es la de Susana, remite al personaje de Mafalda de Quino; donde Susanita, la pequeña burguesa, creía que los pobres habían elegido serlo; que había que mantenerlos lejos de la gente como uno (una clase media prejuiciosa y discriminadora), porque podía ser contagiosa.

Esta mirada está inserta en la psiquis del ciudadano medio. La pusieron allí décadas de trabajo de la clase dominante en los medios de difusión, en el sistema educativo, escondida en frases del “falso sentido común” como…son borrachos, tienen muchos hijos, no quieren trabajar, no buscan progresar.

Lograron legitimar su dominio, que las víctimas hoy perciben como natural. Los esclavos se resignan y defienden los intereses del amo que los explota.

Este adoctrinamiento social necesita la complicidad de la clase media, la gente bien, que construye su imaginario social sobre la meritocracia como camino del progreso.

La clase media que logra progresar, como Susana (aunque no a esos niveles de acumulación de capital) lava sus culpas por su pequeña bonanza, culpando al pobre de su fracaso en mejorar su estándar de vida. Yo me lo gané,….el que es pobre es porque no hizo el mismo esfuerzo.

Una minoría, la oligarquía, no más del 1% de la población, logra así la complicidad de la clase media, más del 50 y hasta el 70% del resto en buenos tiempos.

La falacia de esta mirada está dada por la realidad: nadie puede estar tan loco para elegir ser pobre.

La pobreza es consecuencia de la falta de oportunidades: más del 40 % de la actividad económica está en negro: las empresas sólo facturan el 60% de sus operaciones. Esa plata fruto de la evasión se pasa al dólar (por eso claman por el dólar libre y barato) y se fuga al exterior. Datos conservadores dicen que hay 330 mil millones de dólares de la evasión en el exterior (un PBI).

Esa actividad lleva a que el 40% de la población trabaje en negro, sin sueldos mínimos, sin estabilidad laboral, sin obra social ni jubilación cuando lleguen a la vejez.

Para progresar, todos necesitamos igualdad de oportunidades: acceso a la educación, salud, servicios, que no existen sin trabajo digno y registrado.

En nuestro norte, ciento de miles y tal vez millones vegetan sin esperanzas por enfermedades fruto de la falta de servicios básicos (chagas, desnutrición, tuberculosis), porque el país nos condenó al olvido por décadas, sin inversión en infraestructura básica.

Millones de jóvenes no tienen estudios secundarios, y no lograrán insertarse en el sistema productivo por falta de calificación.

Se saben marginados, se sienten fuera del sistema y terminan resignándose a esa situación. “Es la vida del pobre”.

No eligieron ser pobres…es el sistema que los margina, y los mantenemos con planes sociales que no remedian el fondo del problema, sino que son meros paliativos para que la sociedad marginada no explote como en Chile e incendie la convivencia.

Culpar a los pobres por su pobreza, sólo sirve a la clase dominante y a una clase media poco comprometida con la realidad, para lavar culpas (no soy yo, son ustedes los responsable de cómo están) y juntarle votos al liberalismo cada cierto ciclo de años.

Pero sobre todo, como hace el tero que grita lejos del nido para despistar, evita hablar sobre la causa estructural de la pobreza, y con eso mantiene el status quo.

No sea caso que un día se nos ocurra ir a la raíz del problema y cambiar el sistema económico.

Perón nos enseño dónde está la causa de la desigualdad….por eso, los voceros del sistema son profundamente antiperonistas…saben dónde está el horcón del medio. Ellos sí que tienen claro quiénes somos sus enemigos.



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