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COMUNICACIÓN RESPONSABLE


Hay situaciones y circunstancias donde alguien cruza nuestro límite individual o frontera personal, hecho que nos enoja y da bronca y genera una violencia interior desagradable.

Calma el ego reaccionar o contraatacar, pero nos roba la paz del espíritu; consume nuestra valiosa energía productiva destinada para fines provechosos; además nos quita empoderamiento: ‘capacidad de elegir libres” cómo responder a lo que la vida u otros traen.

  • El lenguaje no es inocente, tiene la capacidad de dar y quitar poderes generativos: genera realidades y es transformacional.

  • El lenguaje nos permite describir lo que ya existe; pero fundamentalmente, nos permite crear una realidad que todavía no existe. Ej: “Hoy comienzo gimnasia”.

  • Cada palabra que decimos tiene un peso, una fuerza, una magia que abre o cierra posibilidades. Ej: “Lo voy a lograr”.“Es imposible”.

  • Somos de acuerdo a cómo hablamos, “todo lo dicho siempre es dicho por alguien”. De esta forma, no solo es importante lo que decimos; también es fundamental la forma en que son dichas las cosas.

  • Aprender a utilizar un lenguaje empoderado y responsable es vital en la buena comunicación.

Nos formamos relatos que nos posicionan como víctimas y no como responsables de la situación.

Tenemos el poder de transformar y recrear la realidad a través de la capacidad generativa del lenguaje, cuando cambiamos agregando o dejando de lado ciertas frases o palabras, de esta manera es que nos hacemos responsables de nosotros y de nuestro mundo.

“La Comunicación Responsable” es un proceso de cuatro pasos básicos; y cuatro preguntas para hacerte cuando identificas que estás a la defensiva.

Veamos un ejercicio práctico: Trae a la memoria y evoca algún conflicto reciente que te molestó, alteró; y contesta estas cuatro preguntas.

  • PASO 1. Distingue entre hecho e interpretación.

Pregúntate ¿Qué ocurrió concretamente? ¿Qué viste y escuchaste? ¿Por qué estás molesto?

Sé objetivo. Define qué pasó realmente. Menciona del suceso, los hechos y no tus interpretaciones.

Trata de discernir nuevamente entre tu interpretación y la observación objetiva de los acontecimientos.

Las observaciones son poderosas, porque nos permite reconocer qué leemos de los hechos desde nuestra interpretación porque en base a ella accionamos. ¡A recalcular!

  • PASO 2. Define tus sentimientos.

Pregúntate ¿Qué estás sintiendo? Piensa en los sentimientos que surgieron como resultado de la situación.

Cuando describas tus sentimientos utiliza un lenguaje que hable desde vos, reflejando solamente aquellos sentimientos y emociones de lo que eres responsable y evita palabras que te conviertan en víctima. Hazte cargo de lo que sientes.

Ej: Me siento enojado, confundido, furioso, celoso, solo, etc.

Evita usar palabras que impliquen que otra persona “te haga sentir” de cierta manera.

Ej: “Me hiciste enojar”. “Por tu culpa estoy así”.

Eres el dueño de tus propias emociones; tus emociones, te corresponden; no le des a los demás poder sobre tus emociones. Recuerda que tu poder está solamente en ti. Hazte cargo.

  • PASO 3. Establece claramente tus necesidades

Pregúntate: ¿Qué necesito en esta situación? Identifica tu necesidad en el hecho lo más concreto posible.

Si todas tus necesidades estuvieran satisfechas, no estarías experimentando con esa reacción visceral.

Investiga tus necesidades y deseos hasta que encuentres algunos específicos, para luego realizar tus pedidos responsablemente.

Ej: “Necesito sentirme acompañado”. ¿Por qué me siento solo y necesito sentirme menos solo? ¡Investiga!

No puedes pedir a alguien que llene tu soledad, porque es algo que debes dártelo a ti, ¡asúmete! pero sí puedes pedir que te acompañe a alguna reunión o a un evento. Revisa el sentido que estás teniendo sobre ti y la vida.

  • PASO 4. Pide, no exijas.

Pregúntate: ¿Estoy dispuesto a satisfacerme en el sentimiento de soledad? Si/ no/ ¿Cómo? No pongas ni delegues esa tarea en los demás.

Cuando te clarificas y te ordenas es posible hacer un pedido concreto, pero frecuentemente en lugar de pedir, se suele exigir.

Sé específico. Ej: En vez de pedir “Necesito estar más acompañado”, puedes preguntar “¿Puedes estar conmigo el miércoles mientras voy al médico?”, “¿Puedes pasar las mañanas de los sábados conmigo para planificar las vacaciones juntos?”.

“Dime cómo hablas y te diré quién eres”.



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